Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Esperanza de vida: en el 2050 será de 89 años, siete más que hoy


Un 50% de los niños nacidos en 2014 podrían cumplir 100 años.
«Un niño que nazca en España en 2014 tendrá muchas posibilidades, quizás un 50%, de llegar a cumplir los 106 años». El demógrafo estadounidense James Vaupel (Nueva York, 1945) está convencido de que los continuos avances de la medicina y la mejora en la calidad de vida permitirán que los seres humanos sigan ganando tiempo al tiempo: «Progresivamente seguirán siendo más longevos y llegarán a edades muy avanzadas con un buen estado de salud», asegura durante una entrevista con EL MUNDO en Madrid, donde participó en el ciclo de conferencias ¿Seremos inmortales?, organizado por la Fundación Banco Santander.

Sus optimistas y a veces controvertidas previsiones no están hechas a la ligera. Son el resultado de décadas de análisis de los datos demográficos de todo el mundo. Primero, desde EEUU, y posteriormente, desde Alemania, adonde se mudó en 1996 para fundar y dirigir el prestigioso Instituto de Investigación Demográfica Max Planck.

Vaupel sostiene, además, «que no hay pruebas de que haya un límite en la esperanza de vida del ser humano, es decir, de que una persona al nacer tenga un máximo de años por delante». Para explicar su teoría, ha acuñado el término plasticidad de la longevidad: «Durante mucho tiempo se creía que no se podía hacer nada contra la vejez. Si una persona no moría por una enfermedad o debido a un accidente, fallecería de muerte natural. Pero en los últimos 20 años hemos descubierto que esto no es verdad.

La esperanza de vida en los años 20 era de 65 años y ahora, en la mayor parte de los países desarrollados ha superado los 80. Sabemos que incluso gente de más de 90 puede tener un buen estado de salud».

La vejez, asegura, se retrasa: «Hoy en día, una persona de 78 años puede tener un estado de salud equivalente al que hace medio siglo tenía alguien de 68. Y dentro de 50 años, una persona de 80 tendrá una salud como la de alguien que tenga hoy 50 o 60».

De media, la esperanza de vida en los países desarrollados aumenta tres meses cada año, o lo que es lo mismo, dos años y medio cada década: «Hay fluctuaciones y todavía se tardará en lograr que la gente viva mucho más tiempo. Pero si seguimos haciendo estos progresos, la mayor parte de los niños que nazcan próximamente cumplirán los 100».

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 1992 y 2012 la esperanza de vida al nacimiento en España ha pasado de 73,9 a 79,3 años en los hombres; y de 81,2 a 85,1 años en las mujeres. Por tanto, la media es de 82,2, sólo unas décimas por debajo de Japón, líder mundial seguido por Francia.

Sin embargo, según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), la esperanza de vida al nacer en España se está estabilizando en torno a los 82 años tras un largo periodo de crecimiento sostenido. El economista Francisco José Goerlich, profesor de la Universidad de Valencia y autor de las tasas de mortalidad del IVIE, no cree que este estancamiento observado en los últimos 3-4 años altere la tendencia a largo plazo: «España es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, de forma que es natural que sea uno de los lugares donde comiencen a observarse síntomas de agotamiento. Mi opinión es que seguirá mostrando una tendencia positiva, aunque el ritmo de crecimiento no sea tan elevado como el de las últimas décadas».

Para James Vaupel, el caso de España es muy significativo: «Casi está igualada en esperanza de vida con Japón y Francia, pero hace 50 años era mucho más baja. Había demógrafos que pensaban que España superaría a Japón, pero ocurrieron dos cosas: las mujeres empezaron a fumar y en 2008 llegó la crisis económica. Y estos factores han tenido efectos negativos. Cuando la economía está expandiéndose, la gente es más próspera, tiende a sentirse más feliz y está más sana», señala Vaupel.

Fanny Kluge y Tobias Vogt, dos de sus colegas del Max Planck, utilizaron la reunificación de Alemania en 1990 como experimento demográfico. Su estudio cuantificó hasta qué punto un aumento del dinero destinado a las pensiones y a la Sanidad se traduce en un incremento de la esperanza de vida. En concreto, crecía tres horas por cada euro invertido en pensiones y Sanidad.

«Las pensiones suponen también una fuente de ingresos para la gente joven, pues los ancianos usan ese dinero para ayudar a sus parientes, sobre todo en países como España. Ya sea por amor o por egoísmo, esto hace que se ocupen más de sus mayores, y es un factor muy importante para la esperanza de vida. Los políticos deben tener esto en cuenta cuando se plantean reformar el sistema de pensiones», sugiere Vaupel.

Antonio Abellán, investigador del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (CSIC), cree que de momento no se puede atribuir a la crisis económica el estancamiento en el crecimiento de la esperanza de vida en España: «Se necesita una perspectiva histórica mayor. Estancamientos e incluso ligeros retrocesos de la esperanza de vida han tenido lugar en otros momentos, y la esperanza de vida ha continuado ampliándose. La tendencia es que siga aumentado aunque es posible que a un menor ritmo que el estimado previamente», apunta.

Según las proyecciones del INE, si se mantiene el ritmo actual, a mediados de siglo la esperanza de vida al nacer en nuestro país alcanzaría los 86,9 años en los varones y los 90,7 años en las mujeres (89 de media).

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en países desarrollados, seguida por el cáncer. Entre los jóvenes son los accidentes, de trabajo o laborales.

No hay duda de que el envejecimiento de la población causará cambios en la estructura social y en nuestra forma de vida. «Está claro que a medida que la gente viva más, van a tener que trabajar también durante más años. Pero no tienen por qué ser tantas horas al día. Se tratará de redistribuir el trabajo», propone Vaupel. El demógrafo no cree que «este cambio suponga necesariamente una reducción de los salarios, pues los impuestos serán más bajos al no tener que mantener a la gente que sigue trabajando».

Además, cree que será una buena oportunidad para que se generalice un reparto equitativo del trabajo entre mujeres y hombres: «Eso sí, habrá que trabajar hasta los 75 años». Vaupel pone como ejemplo a Dinamarca, donde hay una proposición legislativa para calcular la edad de jubilación restando 17 años a la esperanza de vida.

Aunque admite que «el envejecimiento demográfico es un reto para las finanzas públicas y la cohesión social», Antonio Abellán lamenta que este factor haya sido utilizado como «arma asustadiza para preparar a la población para políticas restrictivas y recortes de todo tipo. La realidad es que los principales riesgos para el mantenimiento del actual Estado del Bienestar no proceden del envejecimiento, sino de la falta de actividad económica, del desempleo, de la ausencia de crédito, del fraude fiscal o de la inadecuación del sistema impositivo, o de ausencia de políticas económicas», denuncia.

El investigador, que se muestra partidario de ampliar la vida laboral, considera que las medidas puramente demográficas, «como aumentar la natalidad o tener más inmigración, no son la solución para revertir la forma de pirámide envejecida».

Además de promover una «mayor productividad en el trabajo» y «sacar partido a la perspectiva longitudinal del curso de vida», propone que «se fomente una vida saludable». Invertir en salud y educación a lo largo de la vida, para vivir mejor.

Teresa Guerrero
Fuente: El Mundo

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