Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Nos lo quitarán si no volvemos a organizarnos. Entrevista con Samir Amin


“La competitividad es la farsa para legitimar la desigualdad”
Entrevista con Samir Amin, ensayista marxista; dirige el Foro del Tercer Mundo.

Tengo 84 años: viví la II Guerra Mundial. Nací en El Cairo: mi padre era médico, un liberal egipcio, y mi madre, médica y francesa jacobina. Mis valores son los humanos: libertad, igualdad y solidaridad y no son los capitalistas. Colaboro con la Universidad de la ONU (UNU) de Barcelona

 

¿Dicen que España se recupera?
Más o menos.
¡Tonterías! Los españoles se están empobreciendo.

También dicen que cada vez hay menos países pobres.
Propaganda del Banco Mundial, tan lejos de la realidad como los soviéticos de antaño.

¿No admite que el mundo mejora?

No puede, porque la esencia del capitalismo es concentrar en manos de una élite el control de la propiedad, la riqueza y el poder.

Hay propiedades y empresas pequeñas.
Tienen la escritura de propiedad, pero no el control real. Una empresa familiar agrícola, por ejemplo, depende del crédito bancario para producir y también del oligopolio de los grandes distribuidores, controlados por bancos, para poder vender su producción.

Sin crédito no hay capitalismo.
El Banco Mundial y las escuelas de negocios adoran un ideal de mercados con reglas justas en los que todos compiten lealmente para generar y distribuir riqueza. Es sólo un ideal.

En el capitalismo realmente existente, una élite compra a los legisladores y políticos e impone así sus reglas para hacerse todavía más ricos y poderosos.

Está la democracia para impedirlo.
Los estados modernos fueron creados por esas élites político-financieras para servirse de ellos y hoy saben cómo poner cada partido a su servicio.

Hoy la globalización limita su poder.
Pamplinas. La globalización siempre ha existido. Hoy capitales, bienes y servicios circulan libremente por el mundo, pero a las personas, como a los africanos en Ceuta, las tirotean cuando intentan trabajar en la UE. Y así siguen explotando sus excolonias.

Yo veo más bienestar que hace 30 años.
La propiedad privada formal se ha diseminado, pero el control real se ha concentrado. Hay fondos de pensiones, por ejemplo, aparentemente en manos de miles de pensionistas, pero en realidad esos capitales ingentes los controlan cuatro banqueros con sus políticos y camarillas. Y estafan a los pensionistas cuando pueden.

Y hemos logrado una sanidad y educación públicas, pensiones, subsidios…
Esa granjita familiar de la que hablábamos aún no está en quiebra precisamente gracias a los subsidios que los demás trabajadores pagan con sus impuestos, porque los bancos no les dejan ningún margen de beneficio.

Las pensiones evitan el estallido social.

Los subsidios y pensiones y todo el Estado de bienestar no es producto de la lógica del capitalismo, sino de la lógica de la resistencia al capitalismo de las clases trabajadoras organizadas. ¡Nadie les ha regalado nada!

¿Cómo cree que lo lograron?
Tras la II Guerra Mundial, las élites advirtieron que quienes en realidad habían derrotado al fascismo habían sido las clases obreras organizadas. Les entró pánico a que se hicieran comunistas y se apresuraron a concederles beneficios sociales y más sueldos.

Eran tiempos de socialdemocracias.

Laboristas británicos, socialdemócratas alemanes, franceses y escandinavos hacían política, ganaban poder y arrancaban concesiones a las élites. Pero hoy esos partidos son marketing de plástico incapaces de evitar los recortes de salarios y del Estado de bienestar. Ya no hay organización real de trabajadores. Están vencidos y convencidos.

Es que tenemos que ser competitivos.

La competitividad es la farsa para legitimar la desigualdad: se despide a la gente o se le rebaja el sueldo y luego se les dice que la causa es que no son competitivos. En cambio, cuando los grandes bancos se hunden, ¿son competitivos? Pero se ve lógico subvencionarlos, porque controlan los estados.

Pero los países emergentes progresan.
Sólo China: hay desigualdad, pero hasta los más pobres han mejorado allí. En los demás países sólo una minoría sale de la pobreza. Y el éxito chino es el de su revolución, no el de corregirla. Y si no, fíjese en India.

Brasil también ha mejorado.
Lula ha conseguido algunas mejoras, como otras democracias latinas, pero son progresos fácilmente reversibles por las élites.

Y Europa ya vuelve al crecimiento.
Tras la II Guerra Mundial creció mucho, pero sólo hasta 1975; después, Occidente sólo ha logrado tasas de crecimiento raquíticas entre crisis y crisis. Y, sin crecimiento, el capitalismo se colapsa y el malestar social lo desborda. Si la clase obrera se organiza, el malestar origina una revolución y, si no, el caos.

Pero, en conjunto, las sociedades europeas han progresado tras la guerra.

A costa de reenviar la desigualdad a la periferia, a sus excolonias. Cuando los obreros europeos se organizan y logran más salarios y beneficios sociales, el capitalismo se lleva sus fábricas a aprovechar los bajos salarios de sus colonias, hoy países “emergentes”.

Ahora los han reducido aquí y vuelven.
El capitalismo progresa generando desigualdad para explotarla, pero podemos organizarnos y reformarlo, desmontarlo y darle alternativas… ¡No es el fin de la historia!

¿Qué es entonces?

Un mero paréntesis durante el cual hemos perdido la capacidad de análisis. Pero creo que, al final, lo superaremos.

Nadie regala nada
En la Universidad de Nueva York, Leontief nos repetía con sorna: “No hay comidas gratis”. Los países que no producen, por muy socialistas que sean, se hunden. Amin lo repite desde el marxismo: si los empleados no se organizan, les arrebatan sueldos y pensiones.

Lleva 50 años de análisis crítico del capitalismo pidiendo organización y acción. Nadie da comida gratis: hay que conquistarla. Evoca cómo la calle cairota celebró la victoria de Stalingrado como el fin del fascismo y el colonialismo, porque la guerra la ganaban los de abajo.

Sobre esa victoria se erigió también el Estado de bienestar europeo, pero -advierte- nos lo quitarán si no volvemos a organizarnos.

Lluís Amiguet
Publicado en; La Vanguatia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. mirta Responder

    Interesante y concisa reseña del pensamiento exclavista, en distintas epocas y paises, del ser humano dormido en el afan transitorio del poder.

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