Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Los jóvenes tomarán las riendas


Ni pasotas ni generación perdida.
Los jóvenes son muchas veces calificados, injustamente, de pasotas. La crisis no arroja un futuro esperanzador. Pero los expertos constatan que hay muchos tipos de jóvenes y que si algo tienen en común es que su identidad social pasará de la acepción de ‘pasota’ a un perfil activista comprometido y un civismo que contagiará al resto de la sociedad en los próximos años.

Los retos de la juventud.
Los retos visibles son el paro, la socialización virtual y la evolución de las familias con un aumento de menores en precario
En frase célebre, el gran sociólogo francés Pierre Bourdieu afirmó en el año 1978 que “la jeuneusse n’est qu’un mot”, significando con ello “que no se puede subsumir bajo el mismo concepto (la juventud) universos sociales que no tienen prácticamente nada en común”. De ahí que muchos de los que hemos trabajado la sociología de la juventud hayamos preferido hablar de jóvenes y nos hayamos esforzado por establecer tipologías de jóvenes. Aunque hay que añadir inmediatamente que no existe una única tipología de jóvenes. Según qué aspectos introduzcamos en el estudio, obtendremos una u otra tipología, todas válidas aunque algunas serán más pertinentes y significativas que otras.

Por otra parte, es evidente que, digamos, la juventud catalana del 2014 presenta algunas singularidades que la diferencian de la de veinte años antes, o de la juventud andaluza, francesa o nórdica del actual año en curso. Es lo que hace ya casi un siglo defendía el sociólogo húngaro Karl Mannheim, al afirmar que “solamente las personas que han vivido experiencias similares pueden generar situaciones generacionales”. Esta idea, con la que comulgo desde siempre, sin embargo no me lleva a aceptar los estereotipos que han conducido a determinar la juventud de un momento y contexto concretos con un solo término, o una sola expresión que, supuestamente, vendría a calificarla.

Recuérdese cuando se hablaba de la generación X, de la generación Y, la generación @, últimamente de la generación perdida, por ejemplo en un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el 2012, refiriéndose a las juventudes griega y española.

Por cierto, la expresión de generación perdida ya la espetó, en los locos años veinte del siglo pasado, Gertrude Stein a Ernest Hemingway al decirle “you are all a lost generation” refiriéndose al propio Hemingway, a John Dos Passos, John Steinbeck, Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, etcétera, que habían desembarcado en París escapándose del clima de puritanismo que originó, por ejemplo, la ley seca en EE.UU. Traigo aquí este ejemplo pues es evidente que la generación perdida de la OIT y la de Gertrude Stein, además de referirse, a todas luces, a experiencias absolutamente diferentes, en realidad lo que refleja es la lectura que subrayan la OIT y Stein para calificar, sumariamente, una determinada juventud.

Así, durante muchos años, en el imaginario social de gran parte de la población española se ha utilizado el calificativo pasotas para determinar a la juventud española. Se decía o se pensaba que “sólo piensan en divertirse, son unos consentidos de unos padres que les han dejado hacer porque ellos, sus padres, cuando eran jóvenes, saliendo de la dictadura, aplicaron el prohibido prohibir del Mayo del 68 francés”.

Unos padres que de prepotentes (si es que lo fueron alguna vez) se verían, hoy, impotentes en la educación de sus hijos. Obviamente todo lo anterior es brocha gorda. Las cosas son más complejas, como la vida misma, lo que conlleva, a su vez, a la pluralidad de jóvenes.

Vengo diciendo estos últimos tiempos que los jóvenes de hoy, en España, se enfrentan a seis retos mayores. Tres son muy visibles y están en la mente de todos. Otros tres son menos visibles, se tiene menos conciencia de ellos e, incluso, alguna podría levantar reticencias.

Como retos visibles, y sobre los que habría un acuerdo unánime, señalo el gigantesco paro juvenil, del que destaco por su gravedad en torno a 800.000 adolescentes, hoy jóvenes, que dejaron la escuela antes de tiempo, en los años previos a la crisis del 2008; la socialización, en gran medida virtual, a través de las nuevas tecnologías y la evolución de los núcleos familiares con un aumento de menores en precario.

Como retos más ocultos, también importantes a mi juicio, señalo estos tres: la omnipresencia de los valores materiales en detrimento de los valores espirituales, la aceleración del tiempo cronológico que exige tomar decisiones con escasa reflexión, y las nuevas relaciones de género, con un revival del machismo en algunos adolescentes.

En la actualidad estamos trabajando en el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en una investigación sobre valores y jóvenes en la España de hoy, con trabajo de campo de noviembre del 2013. El estudio verá la luz los próximos meses. Siguiendo la afirmación de Bourdieu, con la que abro estas líneas, ofreceremos una tipología de la juventud española, en cinco grandes tipos, a tenor de sus sistemas de valores. Según nuestros datos, y tras nuestras primeras reuniones, ciframos en un 28% el porcentaje de jóvenes a los que cabría calificar de pasotas, en el sentido de despreocupados, que no quieren salir de su actual situación de jóvenes y sobredimensionan la fiesta. El 72% restante, la gran mayoría de la juventud española, responde a otros tipos y caracterizaciones que mostraremos en su momento.

Javier Elzo
Catedrático emérito de Sociología de la Universidad de Deusto

Activistas comprometidos
El compromiso público de los jóvenes se manifestará a través de nuevas formas de participación y protesta
Los dos últimos estudios presentados por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, promovido por la FAD, analizan cómo la crisis está afectando a nuestros jóvenes en muy diferentes ámbitos. Y cómo será su futuro, después de atravesarla.

Hay aspectos sin duda descorazonadores. Parece que la sombra de la crisis se extenderá en nuestro país por lo menos durante otros cinco años. Así lo atestiguan los pronósticos de los expertos consultados que confirman que el escenario económico, social y político de España estará todavía condicionado por la inestabilidad estructural actualmente en curso, por una marcada precariedad laboral y por una disminución de las rentas familiares que supondrán un riesgo de exclusión social para muchas familias.

De hecho, las familias seguirán representando los centros neurálgicos para hacer frente a la crisis, aunque sea con una capacidad de ahorro y un poder adquisitivo que, en términos generales, serán cada vez menores y las dificultades sociales que afectan a algunos hogares debilitados por la crisis se transformarán en riesgos de exclusión y pobreza concretos en cinco años.

Los datos nos pueden llevar a una visión pesimista de nuestro futuro, pero también hay datos que, en mi opinión, arrojan esperanza y suponen un avance. Fundamentalmente aquellas pistas que nos indican que los jóvenes están tomando las riendas de las nuevas formas de movilización y apostando por un compromiso colectivo.

De hecho, los expertos indican que su identidad social pasará de la acepción de pasota a un perfil activista comprometido con la realidad en la que viven y un más alto civismo que contagiará al resto de nuestra sociedad durante los próximos cinco años.

En contrapartida, parece que crecerá la desafección hacia los partidos y los sindicatos. El compromiso público de los jóvenes se manifestará a través de nuevas formas de participación y protesta para cuestiones sociales concretas que afectan al país, desembocando en opciones políticas novedosas, capaces de recoger sus votos, como está ocurriendo en Grecia e Italia.

Se apoyarán en un marco de movilización permanente, manteniendo la influencia moral y la ilusión de los que organizaron el 15-M. Los adolescentes del 2018 se sumarán a estas iniciativas y desempeñarán un rol como actores de cambio en el 2022.

Apoyarlos, construir entre todos el marco del futuro que queremos alcanzar es una responsabilidad que los adultos no podemos obviar. No cometamos ese error histórico y nos lamentemos después.

Ignacio Calderón
Director General de la Fundación de Ayuda contra la Drogadiccción (FAD)

Publicado en: La Vanguardia

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