Martes 27 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2; 3; 4

Con Adolfo Suárez nos hicimos mayores y demócratas. Opinión de Arturo González


Adolfo Suárez, aquel sorprendente pionero de la libertad.
A los viejos de bastón y catarata es difícil que no nos invada la nostalgia ante la muerte de Adolfo Suárez, aquel tahúr del Mississippi con chaleco florido, según lo definió Alfonso Guerra. Eran tiempos en que los aspirantes a progres le reíamos las gracias al vicesecretario general del PSOE, que también lo acusó de que si el caballo de Pavía entrase en el Congreso, no estaba seguro de que Suárez no se montase en él, pero que luego tuvo que envainársela cuando el caballo de Pavía de Tejero irrumpió pistola en mano y Guerra se escondió en el suelo del escaño mientras Suárez permaneció erguido sin hacer caso de las órdenes ni de los tiros.

Yo, que prometí e incumplí que me marcharía de España si el Rey lo elegía de entre la terna que le habían propuesto para la Presidencia del Gobierno, he ido acrecentando mi respeto hacia él con el paso del tiempo, sobre todo una vez descabalgado de la política y visto con mi máxima objetividad posible.

Resulta convincente ahora recordar las dificultades y celadas con las que se encontró y lo democráticamente que las resolvió un personaje ligadísimo al franquismo y se decía que al ya influyente Opus Dei. Sí, fue un chaquetero, pero su nueva chaqueta era la más conveniente para el progreso de España. Lidió con los militares, que eran la fuerza más poderosa hasta que años después los socialistas de Felipe González los condujeron a situación de acatamiento del poder civil.

Legalizó el Partido Comunista, decisión que hizo temblar los cimientos de la naciente democracia. Aprobó el divorcio, aquel imposible que ahora nos parece tan normal.

Con Adolfo Suárez nos hicimos mayores y demócratas, por nuestros propios méritos y deseos, es cierto, pero sin ser coaccionados por su política. Intuimos que con él se había abierto la gatera de la libertad y que las posiciones más opuestas eran posibles.

España comenzó a salir del horror y a funcionar como tantos países del mundo que admirábamos. La tambaleante economía fue apuntalada con los Pactos de La Moncloa que logró. La cultura dejó de ser repudiada. Pactó lo posible (¿qué hubiera sido posible para los pequeños depredadores de nuestra historia?), nadó entre turbias aguas, respetó al pueblo. Solo la Religión católica continuó con sus privilegios, sus intromisiones y su preponderancia; en esto Suárez no consiguió, o seguramente no quiso, hacer de España un país libre de ataduras vaticanas.

El socialismo – entonces aún se le llamaba así – triunfó y la figura de Suárez fue desdibujándose hasta su caída, provocada por sus propios compañeros. Su despedida fue dignísima y emotiva, y a los aspirantes a viejos nos regocijó sanamente: era la hora del relevo y de los servicios prestados. Lentamente los socialistas se derrumbaron entre corrupciones y crímenes de Estado. Las cosas se endurecieron y otros le hicieron bueno: era la derecha pura y dura que se organizó hasta nuestros días, frente a la derecha suave y educada que él representó.

Pero es uno de los pocos dirigentes políticos que conservó el prestigio. Merecido. En parte gracias a él, estamos aquí en la lucha y aunque sea en una democracia que se ha abaratado.

Con Adolfo Suárez los españoles comenzamos a conocer la libertad, esa ansia tan vapuleada a lo largo de nuestra historia. Es justo reconocérselo por encima de sus defectos y sus aciertos. Los viejos desde la reblandecida nostalgia, nunca desde la melancolía, y los jóvenes y menos jóvenes desde nuevas exigencias; pero sin entronizarlo, no deberían abominar de él y tratar de comprender su tiempo y circunstancias. A ellos les corresponde ahora alcanzar lo que Suárez no consiguió.

Arturo González
Publicado en: Público

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>