Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Personajes necesarios. Jorge Dobner


Rodarán cabezas. Porque el sistema no hace distinción, ni aun siendo las más relucientes o se sitúen en un destacado eslabón de la jerarquía. El cese en España de Pedro J. Ramírez como director del periódico ‘El Mundo’ es el último caso en demostrar cuán caro resulta apostar por la tan nombrada – pero no siempre ejercida – libertad de expresión. “Yo he sido entregado a las fauces del poder” ha manifestado en su carta de despedida con el omnipresente sistema político de fondo.

Pero no es ni será el único. Antes que él, también otros decidieron no alienarse, ir en búsqueda de la verdad y denunciar lo que esconde una realidad aparente por muy incómoda que ésta resulte.

Después de su encomiable lucha contra ETA, el genocidio, crímenes del franquismo, promover el arresto del dictador chileno Augusto Pinochet o destapar la trama corrupta Gürtel; el ex juez Baltasar Garzón fue condenado en España a 11 años de inhabilitación, y por ende al ostracismo. Quisieron derrocarle pero su prestigio internacional es un aval demasiado fiable.

Pese a la ofensiva, Garzón no ha cejado en su empeño de colaborar en favor de la justicia universal “el miedo te lleva a reflexionar y o bien te inhibe o afrontas tu responsabilidad. Cuando he sentido que me inhibía, he tomado la drástica salida de seguir adelante” asegura.

Por lo pronto, como respuesta a su valiente determinación, las Naciones Unidas refrendan la necesidad de investigar las graves violaciones de los derechos humanos cometidas durante el franquismo e instan a la derogación de la ley de amnistía 1977.

A día de hoy, por suerte en democracia, hemos ganado mucho pero no es menos cierto que el sistema tiende a los extremos, tan pronto lugar de refugio como condena. Se cumple así aquello de si no estás conmigo estás contra mí que bien expresa en símil poético el dramaturgo Antonio Gala “Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra”.

Que se lo digan a otro juez español Silva, número uno de su promoción y con el recorrido de una trayectoria excelsa. Su pecado, el caso ‘Blesa’, le ha costado de momento la suspensión.

A nivel internacional tampoco se libra de la quema el fundador de Wikileaks, Julian Assange. Con peores consecuencias sufrió la presión mediática, diplomática y legal debido a unas filtraciones que señalan directamente al Pentágono de los Estados Unidos. Ahora asilado en la embajada de Ecuador en Londres, pasó una odisea hasta conseguir refugio político.

Al igual que Edward Snowden, antiguo empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y ahora refugiado en Rusia. Sus filtraciones marcan un antes y después en el impulso de la ética en los programa de inteligencia, transparencia y lucha contra la corrupción.

Y eso es precisamente lo que debería prevalecer. En los tiempos que corren se agradecen personajes inconformistas que intentan cambiar las cosas, dinamitar el ‘status quo’ y abrir los ojos al mundo.

Las revelaciones de éstos han despertado a unos ciudadanos hasta entonces ignorantes en lo concerniente, que gracias a la nueva información suministrada pueden ser más conscientes y tomar decisiones acertadas.

En aras del progreso en la sociedad se remueven debates nunca antes cuestionados. Al fin y al cabo eso es lo que llamamos democracia.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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Verdades cambiadas

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