Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Los jóvenes se convertirán en activistas comprometidos


Jóvenes, de pasotas a activistas sociales.
Años hablando de sociedad apática y de una juventud sin inquietudes, y llega la crisis y lo cambia todo. Poco tiene que ver la actitud de los ciudadanos, sobre todo de los jóvenes, de hace apenas seis años con la que tendrán dentro de cinco, porque lo vivido este lustro ha sido de tal intensidad que ha removido los pilares sociales.

El cambio se ha ido produciendo día a día y no parará. Así se asentarán los hogares multigeneracionales (“sándwich”, lo llaman los expertos) en los que los abuelos ayudan a sus hijos y a sus nietos, gracias a la pensión. Personas (muchas) con trabajos intermitentes, instaladas en la inseguridad. Mujeres que ven peligrar los avances conseguidos en materia de igualdad y que se encuentran abocadas de nuevo al papel de cuidadoras mientras intentan mantener un trabajo a media jornada. Y jóvenes debatiéndose entre vivir en una España que no les da la oportunidad de tener un trabajo de acorde a sus conocimientos o coger las maletas en busca de una vida mejor.

Los jóvenes jugarán un papel importante del cambio, cuya semilla ya sembraron en el 15-M (anticipo de lo que vendrá).

Su participación social estará caracterizada por una mayor implicación en lo colectivo y una renovación constante de temas y causas de movilización.

Es decir, dejarán de ser pasotas (en términos generales) para convertirse en activistas comprometidos con la realidad en la que viven. Ese activismo se contagiará al resto de la sociedad los próximos cinco años.

Así lo ven los once expertos que han elaborado el informe La sombra de la crisis. La sociedad española en el horizonte de 2018, que ayer hizo público el creado Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, organismo promovido por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que también aprecian cambios en los valores.

El transformación más radical en la economía de este país (paro, bajadas salariales, pérdida de derechos, desigualdad social…) conduce a una sociedad que valorará aún más la familia, sustento y apoyo irreemplazable, también la honradez y el respeto y que rechazará de manera clara corrupción y las mentiras.

Crecerá el valor de la cooperación como mecanismo de subsistencia y de resiliencia y como respuesta ciudadana a la debilidad de las instituciones frente a sus necesidad.

La sociedad dará la espalda a los partidos políticos tradicionales, lo que supondrá el declive del bipartidismo, sobre todo por la acción de los jóvenes que buscarán fórmulas alternativas, a través de movimientos, plataformas o candidaturas asamblearias. La movilización social tendrá un fuerte impacto en la sociedad civil.

En los próximos cinco años la agitación social provocada por los movimientos juveniles empujará a sindicatos y partidos políticos a atender las demandas de las nuevas generaciones, que lograrán un respaldo popular cada vez más amplio.

A pesar de ello, la respuesta de los representantes institucionales (sindicatos y partidos) a sus problemas seguirá siendo parcial e insatisfactoria. Pese a ello, los expertos no prevén rupturas y crisis de gravedad.

Los jóvenes otorgarán legitimidad plena al divorcio, a la maternidad en solitario y a la cohabitación.

Asumirán como hecho normalizado las nuevas formas familiares (monoparentales, homosexuales y su derecho a la adopción, parejas de hecho, etcétera) y evidenciarán una mayor tolerancia en temas de sexualidad.

Celeste López
Fuente: La Vanguardia

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1 comentario

  1. Bart Campos Responder

    Los jóvenes en realidad no están muy preocupados de rebelarse, el aumento del consumo de las drogas y el alcohol son un indicador muy claro que les importa mucho más disfrutar que dedicar tiempo y esfuerzo a cambiar el mundo.
    Las redes sociales y las TICs son engañosas en ello: como hacen muy fácil el emitir opiniones y compartirlas, producen la sensación que detrás de ellas hay un compromiso.
    La aparición del “opinador cómodo” es un hecho: el joven que emite permanentemente opiniones en las redes sociales, muchas de ellas, muy críticas, pero que lleva una vida cotidiana sin ningún compromiso correlativo.
    Los lugares de diversión de cualquier ciudad convocan durante varios días, sino todos, de la semana mucho más jóvenes que cualquier manifestación pública.
    Por último, hay innegablemente una heterogeneidad entre los que denominamos jóvenes, y ello nos permite distinguir la existencia entre ellos de grupos que marcan la diferencia, pero obviamente no son mayoría, y tienen a ser – como siempre en la historia – aquellos sujetos más educados, más inteligentes y con mayor disposición al esfuerzo.

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