Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Contra la corrupción. Opinión de Jesús Lizcano Álvarez


Partidos políticos y corrupción: la hora del cambio.
Hace ya tiempo que los partidos políticos han dejado de representar a los ciudadanos; su distanciamiento y falta de credibilidad social es algo tan preocupante como urgente de resolver, y la actual sensación general de corrupción política propicia la desconfianza y la indignación, ampliando el divorcio entre los partidos y la sociedad.

Muchos ciudadanos se sienten incluso secuestrados en el ejercicio de sus derechos por unas organizaciones que monopolizan el poder, controlando tanto el poder legislativo como todos y cada uno de los niveles de gobierno, así como la composición de las más altas instituciones del Estado.

Esta partitocracia limita sustantivamente el ejercicio real de la democracia, y los ciudadanos tienen poco margen en la práctica para decidir sobre la marcha de la sociedad. Se hace necesario, en definitiva, un mayor equilibrio de poder entre los partidos políticos y la sociedad.

Son numerosos los estudios e instituciones que vienen evidenciando esta negativa sensación sobre los partidos y la corrupción. Según el último Barómetro del CIS la corrupción es el segundo motivo de preocupación de los españoles, y los políticos y los partidos alcanzan asimismo una destacada cuarta posición en el ranking, y con una clara tendencia al alza.

Por otra parte, en el último Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional, España ha sido el segundo país del mundo que más ha empeorado en su valoración relativa a la corrupción.

También en la última Encuesta Social Europea, los ciudadanos españoles reprueban claramente tanto a los partidos como a los propios políticos, calificándoles a ambos con la valoración más baja —con diferencia— entre todas las instituciones: 1,9 sobre 10. Y en el último Barómetro Global de la Corrupción, publicado por Transparencia Internacional, los partidos políticos obtienen en nuestro país la peor puntuación de todas las instituciones evaluadas, con una calificación de 4,4 sobre 5 (siendo 5 el máximo de corrupción).

El mismo Consejo de Europa, a través del último informe del GRECO, ha sacado los colores a los partidos españoles en cuanto a su manifiestamente mejorable transparencia financiera. Además, nos hemos enterado ahora los ciudadanos, por el último informe del Tribunal de Cuentas, de que una buena parte de los partidos políticos españoles se encuentran desde hace años en situación de quiebra técnica, o lo que es lo mismo, tienen un patrimonio neto negativo, por haber ido gastando bastante más de lo que tenían.

Aunque no dudamos en principio de la honradez individual de la mayoría de los políticos y cargos públicos, es evidente que algo falla en el funcionamiento de los partidos y su relación con los ciudadanos. Y esta situación ha de cambiar.

Los partidos políticos no pueden ignorar esta clara situación de rechazo de la sociedad española, y los ciudadanos han de ser activos y contundentes exigiendo urgentemente a los partidos actuaciones claras e inequívocas por la transparencia y contra la corrupción.

Y para ello los ciudadanos no estamos solos, nos acompañan en este empeño muchos aliados: un buen número de jueces realmente beligerantes contra la corrupción, unas fuerzas de seguridad (UCO y UDEF) eficaces y con personal altamente cualificado, unos medios de comunicación cada vez más activos e incisivos contra los corruptos, y unas organizaciones civiles, universidades, etcétera, cada vez más proactivas en combatir la corrupción.

Quienes, por el contrario, se han quedado solos son los partidos políticos, y algo van a tener que hacer de forma urgente para salir de este importante atolladero social en el que se encuentran.

Dado que los partidos han sido incapaces de llegar a un pacto o compromiso colectivo contra la corrupción, es el momento de que los ciudadanos les exijamos a ellos este compromiso con la sociedad, y que controlemos si lo cumplen a través de nuestro voto en las elecciones, que es de las pocos instrumentos —por no decir el único— que tenemos para hacer algo que pueda influir sobre los partidos.

A la hora de decidir el voto en las próximas elecciones, los ciudadanos deberían exigir y valorar la actuación y el compromiso de cambio —si es que lo tienen— de unos y otros ante esta situación.

Vamos a indicar algunos criterios, emanados de los seminarios contra la corrupción organizados por Transparencia Internacional España, para que los ciudadanos que lo deseen puedan evaluar la situación y expectativas de cada partido político en este terreno de la transparencia y la corrupción, y disponer así de un posible elemento de juicio más a la hora de decidir a qué partido político van a votar, y en definitiva qué papeleta (aunque sea cerrada) van a introducir en las urnas electorales.

Los primeros criterios de transparencia que se indican deberían cumplirse por los partidos ya en el momento de concurrir a las elecciones. Los segundos criterios deberían incluirlos, al menos, como compromisos contra la corrupción en sus respectivos programas electorales.

1) Transparencia de los partidos

Los partidos políticos deberían publicar en sus respectivas páginas web la siguiente información: 1) Cuentas anuales del partido (dos últimos ejercicios). 2) Fechas en las que ha remitido sus cuentas al Tribunal de Cuentas. 3) Último informe de fiscalización de las cuentas del partido emitido por el Tribunal de Cuentas. 4) Presupuestos anuales (dos últimos ejercicios) con la correspondiente liquidación presupuestaria. 5) Datos básicos de las entidades vinculadas al partido (fundaciones, asociaciones, etcétera). 6) Desglose (orgánico y geográfico) de los gastos e ingresos, así como de los bienes patrimoniales. 7) Declaración de la inexistencia en las listas electorales de procesados o investigados por corrupción. 8) Límites legalmente establecidos para sus gastos electorales. 9) Descripción del procedimiento de control y/o auditoría interna del partido. 10) Currículum o datos biográficos (al menos cinco líneas) de cada uno de los candidatos incluidos en las listas electorales.

2) Compromisos a incluir en los programas electorales

Los partidos deberían recoger en sus programas electorales una buena parte de los siguientes compromisos: 1) Reforma de la legislación electoral para desbloquear las listas cerradas de los partidos. 2) Publicación de la liquidación de gastos e ingresos electorales, en los tres meses siguientes a las elecciones. 3) Retención de toda subvención pública a los partidos políticos que no hayan remitido sus cuentas al Tribunal de Cuentas. 4) Cumplir estrictamente las recomendaciones sobre transparencia financiera del Consejo de Europa (GRECO). 5) Tipificación jurídica del delito de financiación ilegal de los partidos. 6) Prohibición legal de las donaciones de empresas (u otras personas jurídicas) a los partidos. 7) Prohibición legal de la condonación de deudas a los partidos por las entidades financieras. 8) Debate parlamentario anual sobre aquellos partidos políticos que estén en situación de quiebra técnica. 9) Ley de protección al denunciante de corrupción, fraude, abuso o despilfarro. 10) Cambiar la legislación para limitar los privilegios jurídicos y judiciales de los aforados. 11) Limitación al máximo de la concesión de indultos, excluyendo en todo caso los delitos por corrupción. 12) Introducción en los distintos niveles educativos de materias y contenidos éticos, de valores y contra la corrupción.

En todo caso, y al margen de que los ciudadanos puedan evaluar a los partidos según los anteriores criterios, Transparencia Internacional España va a tratar de colaborar en este control social divulgando en estos próximos meses la opinión de los ciudadanos sobre estos criterios, e informando sobre el nivel de su cumplimiento por los partidos que concurran a las próximas elecciones.

Jesús Lizcano Álvarez
Presidente de Transparencia Internacional España y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
Publicado en: El País

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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