Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Zygmunt Bauman, el genio contra la felicidad efímera


De haberlo imaginado no podría ser más oportuno, el  sociólogo y filósofo Zygmunt  Bauman (Poznań, Polonia 19 Noviembre 1925) publica en español su nuevo libro “¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?” justo cuando conocemos que el 1 % de la población acapara la mitad de la riqueza mundial y que por ejemplo en España, las 20 personas más ricas aglutinan una fortuna equivalente a la renta del 20 por ciento de las personas más pobres, según el informe de Intermón Oxfam.

A sus 88 años y con una lucidez envidiable Bauman no ha perdido un ápice de la pasión por el ser humano y su supervivencia en circunstancias no siempre fáciles.

Frente a la temible brecha económica se agradece voces críticas como la suya que denuncian una problemática casi perenne “desde hace 20 o 30 años la distancia entre los países desarrollados y la del resto del mundo está disminuyendo, y, por el contrario, en el interior de las sociedades ricas las desigualdades se están disparando.”

Pese a que abandonó la causa comunista como un ideal inconcluso sigue abrazando los principios de izquierda en apoyo al proletariado, contra el empobrecimiento de las clases medias  y el azote del capitalismo voraz que “se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro”.

Un sistema capitalista que, por otro lado, parece adaptarse a la “modernidad líquida”, metáfora que Bauman acuñó en referencia a una sociedad posmoderna y banal cuyos ideales consumistas  traspasan todas las esferas, aun cuando la seguridad que se obtiene es tan etérea como el humo que Bauman exhala de su pipa.

En esta senda “¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?” explora las veleidades de la felicidad en relación a la riqueza “Se dice que la gente que gana más parece más feliz.

Pero hoy sabemos que la felicidad no se mide tanto por la riqueza que uno acumula como por su distribución.

En una sociedad desigual hay más suicidios, más casos de depresión, más criminalidad, más miedo. O sea que la afirmación de que la riqueza de unos nos beneficia a todos es doblemente errónea. Por un lado, no es verdad porque para eso la gente tendría que invertir su riqueza, cosa que no ocurre siempre, y por otro, porque no revierte en más felicidad porque, como hemos dicho, la felicidad depende de la igualdad, de la equidad”.

Lo sabe bien quien tras la II G.M vio  resurgir de las cenizas a su Polonia natal  gracias a la solidaridad de las comunidades, el entendimiento de los vecinos y el trabajo conjunto; verdaderos cimientos de una sociedad sólida. Si bien Bauman considera el consumo algo necesario, lo que sí se revela peligroso es la visión integral que no difiere entre lo material y humano donde las relaciones se rigen por parecidos intereses de satisfacción inmediata.  

Al fin y al cabo quizá debemos tener más presente que la felicidad no se compra.

Critina Grao Escorihuela
Redacción

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1 comentario

  1. mirta Responder

    La felicidad no se compra, asi como la abundancia es un trabajo interior.

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