Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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No tengo religión; tengo ética. Entrevista a Thomas Pogge


“Sin clases medias no hay democracia”
Entrevista a Thomas Pogge, director del programa de Justicia Global de Yale.

Tengo 60 años, y como filósofo he demostrado que la bondad consiste más en no perjudicar a los demás que en beneficiarlos: son las ‘obligaciones negativas’. Parecen más fáciles, pero son más difíciles: la democracia nos hace responsables a todos. No tengo religión; tengo ética

Durante los últimos 25 años las clases medias, que somos el 30 por ciento de la humanidad, hemos perdido un 20 por ciento de nuestra renta.

Supongo que eso varía en cada país.
En EE.UU. y Europa ha sido así. Y mientras tanto el 5 por ciento más rico ha aumentado su fortuna. Y un uno por ciento de la población mundial la ha multiplicado por siete.

Usted es filósofo: ¿por qué el multimillonario es más avaricioso que el pobre?
No es que los ricos quieran fastidiar a los pobres. El rico se enriquece para no sentirse pobre cuando se compara con otros ricos. Y, como cada vez menos tienen más, se ven forzados a ser avariciosos. Porque, cuanto más pequeño es el club de los ricos, más dinero has de tener para formar parte de él.

¿El resto sabremos resistir con menos?
La clase media hoy perdemos renta, pero podemos vivir y ser felices incluso con menos, pero ese no es el verdadero problema.

Hombre, como problema no está mal.
El auténtico problema es que esa inmensa desigualdad creciente convierte a la democracia en inviable. La corrompe. Sin clase media no hay democracia.

¿Por qué?
Porque los políticos, legisladores, gobernantes o reguladores de clase media cada vez son más fáciles de comprar para esos pocos multimillonarios cada vez más ricos.

¿Las democracias se berlusconizan?
El proceso se llama captura regulatoria.

La élite extractiva de cada Estado vende las leyes y el gobierno a cambio de dinero para sus partidos y, de paso, para ellos mismos.

Eso es más viejo que la tos.
Pero lo nuevo es que, aunque consigas con honestidad una democracia justa en tu país, el auténtico juego del poder ya no depende de ningún Estado, sino de organizaciones transnacionales no democráticas con reglas opacas y controladas por lobbies.

Por ejemplo.
El precio del petróleo, la regulación de la banca de todo el planeta, las patentes de los fármacos, los aeropuertos y la aviación y, sobre todo, el comercio ya no se regulan por las leyes democráticas de ningún país.

¿Puede ser más preciso?
La Organización del Libre Comercio o las agencias de la ONU, como la de la Salud, o el FMI o el Banco Mundial cada vez deciden más con menos control democrático.

¿Por qué?
El fin de la guerra fría los ha convertido en amos de las reglas de la globalización. Las industrias clave, como la agroalimentaria, la farmacéutica, la del ocio o el software e internet, ya no las regulan gobiernos. Y son ellas las que posibilitan crecimiento.

Google sigue sin pagar impuestos aquí.
En cambio, todas esas industrias han logrado que España y todos los países respeten sus intereses. Por ejemplo, lograron que, si un país copiaba fármacos sin pagar licencia para venderlos baratos, fuera expulsado de la Organización Mundial del Comercio.

La innovación también debe pagarse.
Pero India, entre otros, tuvo que aceptarlo. Y por eso los indios ya pagan hasta 50 veces el precio de fabricar algunos medicamentos. Muchos no han podido y han muerto.

Pero si usted regala los medicamentos, nadie querrá fabricarlos y morirán igual.
En Yale hemos creado un mecanismo alternativo al puro mercado. Analizamos el impacto de cada nuevo fármaco en la salud de cada país y su rentabilidad económica e invitamos a cada gobierno a que compense en esa proporción a la farmacéutica por su investigación. La medicina se vende así al enfermo a precio de coste, pero todos ganan.

Es una buena idea.
La Unión Europea nos la subvenciona con dos millones de euros y hemos firmado un contrato con Johnson & Johnson para empezar a aplicar este nuevo sistema en India.

¡Adelante!
Nuestro otro proyecto intenta promover una arquitectura financiera mundial para prevenir la evasión fiscal.

Ese es más difícil todavía.

No lo hacemos sólo por los países ricos, sino sobre todo por los países pobres, porque cuanto mayor es la evasión fiscal, más difícil es para un país abandonar la pobreza.

¿Quién sabe cuánto se evade?
En EE.UU. se evade el 2 por ciento de las rentas; en la UE es un 8 por ciento el que no paga impuestos; en los países emergentes, más del 30 por ciento y en África, más del 40 por ciento. Y eso que hoy tenemos medios técnicos para evitar ese fraude fiscal.

¿Cómo?
Lo cierto es que los gobiernos están más dispuestos a colaborar para evitarlo que los bancos, que aún escapan al control estatal.

¿Qué propone para evitarlo?
Que cualquier cuenta abierta en un país se declare también en el de origen del dinero. Los bancos suizos dan pasos en ese sentido bajo la enorme presión de EE.UU.

Para acabar, deme una buena noticia.
El inmenso progreso de la sanidad en el planeta durante los últimos quince años: Bush -no todo lo hizo mal- lanzó una exitosa campaña contra el sida y Gates ha logrado otros resultados impresionantes.

Busca amigos pobres
Nadie se siente ni rico ni pobre, sino más rico o más pobre que otro. Así se explica la avaricia de la minoría que cada día es más inmensamente rica: nos exprimen para no sentirse tan pobres al lado de los billonarios de su país. Y estos, respecto a Slim, Gates o Buffett.

La lección es que para sentirnos ricos no necesitamos ganar billones; basta con buscarnos amigos más pobres.

Pogge no se conforma con describir el mundo; quiere mejorarlo con pragmatismo, como el de su sistema de compensación a la investigación farmacológica para evitar los medicamentos caros.

Y realismo: en la Academia Europea no le duelen prendas en reconocer eficiencia filantrópica a… ¡George W. Bush!

Lluís Amiguet
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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