Jueves 29 de Septiembre del 2016
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El yoga puede cambiar el mundo


Por todos son conocidos los beneficios que reporta el yoga en cuerpo y alma, pero esta práctica ancestral es mucho más siendo también valiosa como una herramienta de transformación social. Así, a través de su inspiración, diversas comunidades – algunas en lugares remotos – han encontrado los valores necesarios  que motivan el cambio en positivo.

Cuando en el 2007 la ex asesora de Wall Street, Paige Elenson, estaba en un safari en Kenia vio practicar algunas acrobacias a los autóctonos. Ella, una entusiasta del yoga, se unió a ellos y comenzó a enseñarles algunos de los movimientos del yoga. Pero poco imaginar que en su regreso a Kenia dicha práctica se había popularizado por los barrios y asentamientos informales de su capital, Nairobi.

De esta forma un tanto casual nació ‘Africa Yoga Project’, una organización sin ánimo de lucro que imparte clases gratuitas de yoga y capacita a su vez a los jóvenes para que se conviertan en maestros de la disciplina.

“Ahora soy una madre responsable. Soy más educada y vivo en una buena casa con agua y tuberías” asegura Eliam Sandra Wanjiku, una de las integrantes de la organización cuya vida ha dado un giro de 180 grados “durante mi primera clase de yoga,  sentí como un gran peso había sido elevado de mi espalda y de repente me encontré  como una persona completamente nueva” relata Eliam.

Lo cierto es que la organización ejerce un gran impacto en toda Kenia. Por el momento ya ha logrado instruir a más de 200 jóvenes con cursos de formación gratuita, emplear a más de 72 profesores e impartir clase a más de 6.000 personas a la semana a través de las 350 clases que se extienden en los asentamientos informales. Además, tal y como explica Paige, gracias a la difusión del proyecto integran aquellos colectivos más desfavorecidos “se incluyen  escuelas con necesidades especiales, orfanatos, cárceles y pueblos rurales”.

De otro lado, con un fin igual de meritorio la organización ‘Yogabeats Conflict’ trabaja con víctimas de violencia doméstica, pandillas para que se alejen de la delincuencia así como en la resolución de conflictos entre israelíes y palestinos.

Su fundador, Sye David, ideó el proyecto a raíz de su experiencia personal durante la guerra de Yugoslavia y quedar atrapado en Belgrado “Me dije a mí mismo, si alguna vez salgo de aquí con vida voy a enseñar yoga para el resto de mi vida. Era una especie de pacto conmigo mismo. Pensando que era la única manera en que yo sobreviví a esa guerra”.

Una vez que pudo regresar a Reino Unido decidió enseñar yoga del modo en que había aprendido en Belgrado: combinando músicas de todo el mundo y una actitud libre.

Estas enseñanzas también las trasladó a Oriente Medio, en concreto en Cisjordania ha llevado a cabo diversos proyectos para romper las barreras entre israelíes y palestinos por medio de clases conjuntas.

Porque al fin y al cabo el yoga de acuerdo a su origen sánscrito significa unirse, no solo lo divino y terrenal, sino la unión del todo y todos.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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