Jueves 29 de Septiembre del 2016
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El aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado. Jorge Dobner


Llueve sobre mojado. El esperado Foro de Davos ‘cumbre de las cumbres’ llegó a su fin sin más ruido que el estrictamente formal. Pasó de puntillas, no dejó grandes titulares y las expectativas suscitadas fueron mayores que el valor de las palabras.

A pesar de todo, el encuentro de los altos dirigentes acrecentó el debate, dejando algunas notas positivas  y  exposición de tendencias. Como en una reválida se certificó que la zona euro sigue la buena senda pero todavía queda por recorrer.

El ejemplo fue Japón que después de una recesión de 15 años se ha recuperado con éxito a través de las “abenomics” –en alusión a su primer ministro Shinzo Abe – una serie de medidas económicas basadas en el estímulo fiscal y reformas estructurales que favorecen la competitividad y flexibilización monetaria masiva.

En esta línea, se destacó la necesidad de abandonar el planteamiento lineal “tomar, usar, disponer” por la apuesta de una “economía circular”, es decir reciclar al igual que el modelo cíclico natural. Sin esquivar por ello que la competitividad produce prosperidad, algo que parece liderarán aquellas empresas innovadoras con productos diseñados en la eficiencia del consumo y energías renovables.

De forma paralela a estos coloquios, fuera en la calle también se encendía otro tipo de debate. En este caso las protestas antiglobalización que reprochaban el elitismo de tan insigne reunión solo al alcance de unos pocos bolsillos (el 1%), cómplices del mercado.

“El aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo” debían pensar. Pues este proverbio chino es a su vez origen del llamado “efecto mariposa”, un concepto de la Teoría del Caos  formulada por el respetado profesor James Yorke. No es más que una metáfora poética pero encierra en cambio una gran verdad, tanto como las consecuencias que genera.

Dentro de un perfecto orden, el status quo, la más mínima variación por pequeña que sea puede alterar el sistema y que éste evolucione de una forma completamente diferente a la inicial. Este cambio actúa como un detonante al tiempo se expande como una epidemia dando lugar al caos.

Una vez que somos conscientes, ya lejos de la inanición, vemos el contagio de rebeliones populares. En Estambul los ciudadanos toman el centro de la ciudad para revelarse en contra de una nueva ley de asistencia médica que atenta el juramento hipocrático y el respeto de los derechos humanos. Mientras que en Brasil denuncian los sobrecostes con motivo del Mundial de Fútbol, en Madrid la marea blanca logra paralizar la privatización de hospitales o en Burgos el dispendio por las obras innecesarias de un bulevar, que finalmente han sido paralizadas. Pequeños cambios y grandes conquistas.

Porque el cambio comienza por nosotros mismos, no hay que subestimar nuestra fuerza interior. Hasta una mariposa volando puede originar un tsunami al otro lado del mundo.

Jorge Dobner 
Editor
En Positivo

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