Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Comida con una segunda vida


Ciudad de contrastes por excelencia, en la fascinante Bombay –conocida en la India como Mumbai – conviven el lujo y la pobreza, entre sus habitantes se encuentran los más ricos del sur de Asia pero también aquellos que viven en suburbios llenos de hambre y miseria. Fruto de la desigualdad mientras que 1.6 millones de personas disfrutan de sus almuerzos cada día, otros 200 mil niños deambulan por sus calles sin alimento que llevarse a la boca.

Sin embargo, la ONG Happy Life Welfare Society ha decidido revertir esta situación a través de ‘Share My Dabba’, una innovadora iniciativa  que promueve el reparto de sobras de comida.

Todo comienza cuando un nutrido grupo de 5.000 dabbawalas (según su traducción ‘el que lleva la caja’) recogen la comida casera, recién preparada, de los hogares de las afueras de la ciudad para luego entregarla a los ejecutivos que trabajan en el centro. Una vez consumido el almuerzo, devuelven las cajas o dabbas a la residencia de su cliente.

Subidos en sus inseparables bicicletas los dabbawalas desempeñan su trabajo con tal  rapidez y precisión que el sistema cuenta con la certificación Sigma Seis de Forbes al tiempo que ha sido digno de estudio por la Universidad de Harvard.

Durante la jornada suministran alrededor de 200 mil almuerzos, lo que equivale a 120 toneladas de comida al día de las cuales 16 toneladas no se llegan a comer. Es aquí donde entra en juego el sistema ‘Share My Dabba’ que asume la responsabilidad de reutilizar la comida sobrante.

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El cliente que recibe el snack es colaborador activo al pegar en su portaviandas la etiqueta ‘Share’ (compartir) en caso de no haber ingerido la comida y considerando siempre el estado perfecto de la misma. Luego en el trayecto de devolución las dabbas que han sido marcadas con la pegatina se vacían antes gracias a los voluntarios implicados en la causa.  

El último paso – el más satisfactorio- es el encuentro con los niños que acuden con sus propios cacharros y utensilios para que los voluntarios les sirvan directamente la comida.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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