Viernes 30 de Septiembre del 2016
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“Ubuntu”: “yo solo puedo ser yo a través de ti y contigo”. Jorge Dobner


Todos eran uno, solo Nelson Mandela lo hizo posible. Casi cien jefes de estado, representantes de las religiones judía, hindú, musulmana y cristiana que dieron voz a una oración “interreligiosa”, blancos y negros unidos por un mismo credo: despedir en un merecido tributo al hombre que lideró el fin del apartheid.

Con el espíritu de Madiba más presente que nunca, ni el peor diluvio podía aguar el ambiente festivo de su funeral.

Parece que el cosmos se hubiera alienado en una singular armonía: 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. Precisamente Mandela es considerado uno de las mayores referentes en la defensa de la Declaración Universal de Derechos Humanos. No menos curioso que el Premio Nobel de la Paz que le otorgaron en 1993, cumplía en este último adiós el 20 aniversario de su entrega.

Tal y como expresó Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas “Fue más que un gran líder de su país. Fue una de las grandes enseñanzas de la Historia, alguien que predicó con su ejemplo”.

Sin embargo, llegar hasta tal punto de reconciliación nunca fue fácil. Mandela experimentó en sus propias carnes la dualidad del mundo, el bien y el mal, la injusticia y esperanza. Los 27 años que pasó en la cárcel sirvieron de encuentro consigo mismo, abandonar la lucha armada para luego erigirse de forma legítima como el primer presidente negro de Sudáfrica. Allí elevó su espíritu transmutando la ira y dolor en una fuerza más poderosa: el perdón como único camino a la democracia.

“Ubuntu”, aquella palabra de origen Zulú y Xhosa, sencilla a la par que compleja en la práctica “yo solo puedo ser yo a través de ti y contigo”.

Tal vez como guiño a su reconvertida tolerancia y generosidad con el enemigo, asistimos al hito de ver cómo estrechaban las manos el presidente de Estados Unidos, Barack Obama y su homólogo cubano, Raúl Castro; cosa que no ocurría en más de 50 años historia entre dirigentes de estos países.

También ver juntos y departir a los entonces rivales políticos George W. Bush y Bill Clinton o el presidente galo François Hollande y su predecesor Nicolas Sarkozy. Incluso la familia de Madiba tantas veces enfrentada encarnó el sentido de unión. Poco importaba el signo político, nacionalidad o posibles rencillas, aunque solo fuera espejismo de diplomacia es hoy testimonio del legado que Mandela nos deja.

Difícil tarea la de encontrar un líder como él, no obstante el Papa Francisco I promete hacer historia.

De un modo similar reúne un carisma, capacidad de convocatoria y conexión con el pueblo extraordinaria. El impacto de su figura sobrepasa cualquier esfera, nombrado personalidad del año por la revista Time y el más buscado en la red en este 2013.

Mientras continúan los fastos del funeral de Nelson Mandela en la ciudad de Pretoria, allá donde esté a buen seguro que nos regala su inmensa sonrisa. Porque de algún modo nadie muere mientras siga vivo en el recuerdo. Hasta siempre Madiba.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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