Sábado 01 de Octubre del 2016
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Soñar despierto


Cuántas veces habremos escuchado que soñar despierto es malo, una pérdida de tiempo y señal de indisciplina mental. En el peor de los casos el exceso de esta capacidad volitiva se asocia con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Sin embargo aun con parte de razón los expertos también destacan su vertiente positiva; la ensoñación es clave en la resolución de problemas, desarrollo de la creatividad e inspiración de grandes obras artísticas y científicas.

Durante de la década de 1950 el psicólogo Yale Jerome L. Singer fue el primero en categorizar el soñar despierto de acuerdo a tres estilos básicos: el constructivo como impulso del pensamiento creativo  lejos de cualquier conflicto psicológico, el disfórico en una combinación de fantasías angustiosas y revisión obsesiva de un trauma, y déficit atencional en referencia a los problemas de concentración.

Estos hallazgos publicados finalmente en 1975 en “The Inner World of Daydreaming” (El mundo interior de soñar despierto) sentaron las bases para la comprensión de la parte subconsciente creativa. Luego diversos especialistas han revisitado el estudio de Singer, entre los que se encuentran la escritora Rebecca McMillan y Scott Kaufman, psicólogo cognitivo de la Universidad de Nueva York; ambos autores del artículo “Ode to Positive Constructive Daydreaming” (Oda a lo positivo y constructivo de soñar despierto).

De algún modo la ensoñación constructiva enriquece la vida pues es además bastante recurrente, no en vano durante las horas que la gente está despierta la divagación mental  – una subcategoría de soñar despierto – ocupa alrededor del 30 por ciento del tiempo.

Sobre esta cuestión los neurocientíficos Marcus Raichle y Michael Greicius descubrieron en 2001 la “red neuronal por defecto”, un conjunto de regiones cerebrales que se activan cuando no realizamos tareas externas, en los instantes  de reposo, en vela y meditación. Lo más curioso es que dicha activación era mayor cuando la persona no se daba cuenta de estar soñando despierto, algo que se da por ejemplo en las actividades monótonas.

Tal vez como síntoma de un merecido descanso, el soñar despierto pone la pausa necesaria en nuestro cerebro frente a los objetivos de productividad desmedida. Útil herramienta que alivia el aburrimiento, ofrece oportunidades de incubar ideas, el ensayo y planificación constructiva  o mejorar nuestras habilidades sociales.

Después de todo estar en la luna – en referencia  a la común expresión – puede resultar un viaje provechoso. “Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar” decía la gran poetisa y novelista Rosalía De Castro.

 

Cristina Grao Escorihuela

Redacción

 

 

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