Martes 27 de Septiembre del 2016
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Muros a derribar. Jorge Dobner


Durante la Navidad las calles se engalanan de luz y color, como parte de un hechizo, el influjo de esta atmósfera enciende también los corazones de la gente con los mejores valores: amor, paz y buena voluntad. Es tiempo de reencuentro, demostrar más si cabe nuestro afecto a los seres queridos, celebrar su compañía.

Pero, aun quizá más  importante, es además tiempo de reflexión. Se acerca el fin de año y toca hacer balance de lo acontecido en este 2013. Examinar errores y aciertos, hay que soltar lo viejo para recibir lo nuevo. No es más que la esencia que el subconsciente proyecta en forma de ritual.

Actos simbólicos que nos ayudan reafirmar estos buenos deseos: limpiar el hogar, barrer con una escoba desde la puerta de la casa hacía la calle o quemar muñecos. Con la entrada del nuevo año queremos en definitiva, expulsar las malas vibraciones, las penas y negatividad para dar paso a la prosperidad y abundancia.

El presente 2013  llega a su ocaso y la actualidad nos deja la cara y cruz de una misma moneda.

De un lado efectivamente debemos soltar lastre. La corrupción ha infectado parte de Europa: en España una sucesión de casos ponen en entredicho a la clase política: Bárcenas, Gürtel, trama ERE, Palau y Nóos, entre los más funestos. En Italia el ex primer ministro Silvio Berlusconi fue expulsado de la Cámara Alta, condenado por fraude fiscal, soborno y prostitución de menores. Incluso Francia ha tocado techo con el arresto del ex ministro de Interior, Claude Gueant por malversación de fondos, cuya trama  parece desentrañar nuevos hilos.

Lo que se une a los duros ajustes, recortes de todo tipo y alto desempleo, con especial severidad en los países del sur de Europa. Una inestabilidad política y económica que se ha traducido en el descontento generalizado de los ciudadanos, llegado al extremo de la desesperación como en los desahucios.

Al otro lado del Atlántico el presidente de EE.UU, Barack Obama, fue reelegido en su segundo mandato con la presión del cierre parcial de la administración federal por falta de fondos, la amenaza de la suspensión de pagos y difícil concreción de la reforma sanitaria ‘Obamacare’. Su imagen se ha visto debilitada frente al escándalo de espionaje y escuchas ilegales, así como el conato de acción militar en Siria.

Lo cierto es que a nivel internacional ha sido un año convulso, en Corea del Norte el desafío de Kim Jong-un con una tercera prueba atómica, el conflicto sirio se encrudeció a través del ataque de gas sarín, mientras que Egipto se divide en partidarios y detractores del golpe militar que derrocó al entonces presidente Mohamed Morsi.

De igual modo las fuerzas de la naturaleza se han revelado en mayor virulencia, el tifón Yolanda golpeó Filipinas dejando miles de muertos y millones de desplazados.

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No obstante no todo son malas noticias, es más existen buenas razones para confiar en el futuro. El mundo vive un momento de transición y  este año por fin se han vislumbrado cambios positivos.

Así la eurozona parece haber salido de la recesión y se encamina poco a poco a la recuperación, gracias en buena parte a la exportación e inversión extranjera.

En este sentido América Latina es un espejo donde mirarse: Brasil, Chile o Uruguay  despegan como países vanguardistas siendo promotores de medidas en favor de la ciencia, progreso e I+D.

En el caso de Uruguay es también líder en materia social a través de sus políticas, la despenalización del aborto, legalización de la marihuana o el matrimonio homosexual. Por su parte este último supuesto ha sido aprobado además en Nueva Zelanda, Brasil y Francia, luego en la actualidad 18 países ya han legalizado la unión de gays y lesbianas.

De otro lado destaca el cambio de gobierno iraní, con la sustitución del radical Mahmud Ahmadineyad por el moderado Hasán Rohaní. Sin olvidar la firma de un principio de acuerdo nuclear que abre el camino de la conciliación.

Muros antaño infranqueables se han derribado. La elección del primer papa latinoamericano, Francisco I, no solo ha renovado la Iglesia Católica sino también sacude la conciencia colectiva. La necesidad de sustituir el poder por el servicio con la honestidad como bandera.

Incluso lo malo ha servido para despertar del letargo, el paso de la inocencia a la madurez. La sociedad ha crecido en valía y compromiso dando origen a formas alternativas: la economía compartida, el auge de las cooperativas o el crowdfunding son una muestra representativa.

Asimismo la justicia se ha mostrado como tal en ciertos casos, imputando y condenando a los que un día deshicieron.

En temporada de barbecho quitamos las malas hierbas, purificamos la tierra para que las semillas que allí broten lo hagan sanas y fuertes. Los frutos recibidos serán la mejor recompensa y la posibilidad de derribar los muros negativos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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