Jueves 29 de Septiembre del 2016
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El cerebro del hombre y la mujer, distinto pero complementario


Numerosos estudios han profundizado acerca de las diferencias cerebrales entre el hombre y la mujer; destacando que ellos gozan de un hemisferio izquierdo más desarrollado  (cerebro racional) mientras que ellas hacen lo propio respecto al hemisferio derecho y área del lenguaje (cerebro  emocional).  También a veces la consabida cuestión de tamaños: el cerebro masculino pesa alrededor 1.25kg y el cerebro femenino pesa en promedio 100g menos, aunque no exento incluso de una mayor eficacia.

Ahora una nueva investigación liderada por Ragini Verma, profesora de radiología en la facultad de medicina de la Universidad de Pensilvania (EE UU), revela importantes datos sobre las conexiones cerebrales de ambos sexos:

“Muestran diferencias impactantes, aunque también complementarias, en la arquitectura del cerebro humano, que ayudan a elaborar una potencial base neuronal que explique por qué los hombres son brillantes en algunas tareas y las mujeres en otras”.

Dichas averiguaciones se llevaron a cabo mediante escáneres cerebrales a 949 personas en perfecto estado de salud (521 mujeres y 428 hombres) de entre ocho y veintidós años, que a su vez se dividían de acuerdo a las etapas de la vida (infancia, adolescencia y edad adulta).

El estudio que se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) pone de manifiesto que los patrones de conectividad cerebral de los hombres forman una red más hábil para las acciones coordinadas y percepciones. De otro lado las mujeres cuentan con unas conexiones altamente favorables en el análisis,  procesamiento de información e intuición.

Este contraste responde a una mayor proporción de fibras mielinizadas en los hemisferios cerebrales de los hombres, lo que optimiza la comunicación dentro de cada hemisferio. No obstante el cerebro de mujer cuenta con una mejor disposición para la comunicación entre hemisferios.

Curioso además que las diferencias se acentúan entre los catorce y diecisiete años y en adultos jóvenes; en cambio eran casi inexistentes en niños menores de trece años. En esta línea el equipo de investigación subraya “nuestros resultados apoyan la teoría de que el comportamiento tiene un sustrato neuronal y nuestro estudio podría mejorar su comprensión”.

Lo que es evidente que las diferencias nos unen, pues  necesitamos los unos de los otros.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

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