Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Contra la violencia machista. Opinión de Anna Ferrer


Desafíos ante la indignación.
Se cumple un año de la terrible violación de Amanat, la joven que murió 13 días después a causa de las agresiones de un grupo de hombres en Nueva Delhi. Existe un antes y un después tras este terrible suceso.

Cada nuevo caso que se produce desde entonces, alimenta la indignación y las protestas en toda la India. Desde hace un año, los medios de comunicación dedican espacio a la violencia de género, se organizan mesas redondas, conferencias y debates.

La cuestión sobre la violencia machista ha llegado por fin a la calle. Se ha convertido en un asunto de interés nacional.

El lema Basta ya, que cientos de mujeres reivindicaban frente al Parlamento indio hace un año, ha servido para concienciar a la sociedad y para que el número de violaciones que se denuncian en Delhi haya aumentado un 125%.

Durante los últimos meses se ha generado en el país un movimiento reivindicativo por parte de las mujeres que ha venido sin duda alguna a reforzar de forma significativa la maltrecha democracia india, denostada por las desigualdades y la corrupción generalizada en la clase política.

El movimiento de mujeres sabe que no ha ganado todas las batallas, pero su incesante activismo y presencia ha conseguido que muchas mujeres acudan a los medios de comunicación para denunciar sus casos.

Ahora se sienten apoyadas por activistas, expertos en género y jurisprudencia. Un sueño que hace un tiempo parecía inalcanzable.

La sensación general es que se está produciendo un debate insólito que está trayendo consigo múltiples cambios. Pero resultan a todas luces insuficientes o son de lenta o escasa aplicación. Pero lamentablemente existe la otra cara de la moneda: en las familias se habla con más libertad de la violencia de género y sin embargo se recortan sus libertades por miedo al peligro; los gurús religiosos alegan que las actitudes occidentales son las responsables de estos episodios de violencia a causa del choque con la cultura tradicional; se ha incrementado el precio de la dote y sigue aumentando el número de abortos selectivos.

El código penal de 1860 sigue definiendo el acoso sexual sin penetración como un “ultraje a la modestia de la mujer”. Aunque parezca que se trata de una anécdota -en la que algunos tribunales se han apoyado para interpretar que la mujer agredida no es lo suficientemente púdica- es francamente importante que se vayan eliminando estas connotaciones machistas y retrógadas.

Se necesitan muchos cambios todavía. Grandes y más pequeños, y sobre todo, es vital que se haga hincapié en la importancia de la libertad y autonomía sin condiciones para las mujeres, no sólo en endurecer las penas para sus agresores.

La educación tal y como la entendía Tagore es fundamental para conseguir dichos cambios.

Anna Ferrer
Directora ejecutiva de la Fundación Vicente Ferrer
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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