Sábado 01 de Octubre del 2016
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Que la vida no pase como un suspiro


El tiempo pasa más rápido a medida que cumplimos años.
Parece que fue ayer cuando disfrutábamos del verano pero la cuenta atrás de la Navidad no cesa. Durante la niñez pensábamos que cada día era un mundo repleto de sorpresas y una vez que nos hacemos mayores el tiempo apremia.

Una cosa es cierta cuanto más viejos más rápido pasa la vida. En un artículo de la BBC Mundo Claudia Hammond, columnista y profesora en psicología, nos da las claves de este fenómeno.

“Si se les pide a una persona de 20 años de edad y a otra de 70 que adivinen cuándo ha pasado un minuto sin contar, la joven lo hará con más precisión, mientras que el tiempo parecerá haber pasado un poco más rápido para la más vieja” asegura Hammond.

De forma similar el biólogo estadounidense Robert B. Sothern ha verificado durante 45 años esta sensación. Un chequeo exhaustivo que incluye el registro cinco veces al día de su temperatura, presión arterial, frecuencia cardíaca y estimación del paso de un minuto.

Su objetivo es saber si el momento en el que se proporcionan los tratamientos médicos puede afectar su capacidad. Dicha suposición es cuestionada por muchos investigadores aunque sí ha demostrado que con el paso de los años su cálculo del tiempo se ha vuelto incierto y precipitado.

Pues el cerebro  a veces  nos engaña, demasiada información que es interpretada de un modo u otro según las circunstancias.  

Nuestro reloj biológico se rige por los ritmos cardíacos, regula el ciclo de sueño y vigilia pero nada tiene que ver con el sistema de horario que estandarizó el ingeniero canadiense Sandford Fleming.

Sin embargo los exámenes médicos revelan que al menos cuatro zonas diferentes del cerebro desempeñan un papel decisivo en nuestra particular percepción del tiempo. “Los niños con el síndrome de Tourette, por ejemplo, tienen que utilizar la corteza prefrontal (justo detrás de la frente) para tratar de controlar sus tics, son mejores estimando intervalos de poco más de un segundo que los demás niños” apunta Hammond.

De otro lado ciertos estudios señalan que la percepción del tiempo se asocia con el sistema de la dopamina en el cerebro, cosa que explica cómo los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) muestran un lento paso del tiempo cuando les dan tareas de estimación.

Dicho esto, si bien ir contrarreloj es una lucha infructuosa lo que podemos ralentizar son las sensaciones que nos deja o “tiempo psicológico”. Durante la niñez, adolescencia y primeros años de la juventud se acumulan la mayoría de experiencias nuevas por eso parece que el tiempo es más largo.

El truco está en acabar con la monotonía, hacer actividades distintas y conocer gente que nos aporte nuevos recuerdos. Sólo así pensaremos que la vida no pasa como un suspiro.

Cristina Grao Escorihuela
Redacción

Fuente: BBC Mundo 

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