Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Bill de Blasio, un nuevo alcalde progresista para Nueva York


Otro Nueva York es posible.
Actriz, activista, musa, neoyorquina de nacimiento, Susan Sarandon también es una visionaria. A contracorriente, cuando Bill de Blasio no era nadie, y de eso hace cuatro días, le abrió la puerta de su casa para que la utilizara como púlpito desde el que extender su fe en una ciudad diferente.

Diferente a la del modelo del alcalde Michael Bloomberg, que se retrata en la calle 57 de Manhattan, cerca de Central Park. Ahí están construyendo un gran rascacielos de apartamentos, sólo al alcance de multimillonarios, en especial rusos, que manejan montañas de dólares como si se tratara de billetes del Monopoly.

“Me gustó su música, sonaba totalmente distinta, no tenía miedo a hablar de progresismo”, confesó Sarandon sobre De Blasio en el abarrotado recinto Brooklyn donde la noche del martes se festejó la versión urbana y real de esta Cenicienta política.

Qué gran espectáculo observar a Bill de Blasio, el izquierdista de 52 años que tomará la vara de mando de la Gran Manzana el 1 de enero, rodeado de su familia interracial. Qué energía y buen rollo transmitían sus miradas a Chirlane, su esposa, o a sus dos hijos, Chiara y Dante, cuando él sufrió a un padre alcohólico que le llevó a renunciar a su apellido y adoptar el de su madre.

“Mis queridos neoyorquinos, hoy habéis hablado alto y claro por una nueva dirección para nuestra ciudad”, índicó el primer demócrata, en una urbe de mayoría demócrata, que gana las elecciones municipales desde 1989.

“No nos engañemos, la gente ha elegido el camino progresista. Hoy nos mostramos unidos”. Lo proclamó, tras haberse servido del título de Dickens,

La historia de las dos ciudades, para denunciar el rampante abismo entre pobres y ricos, “una amenaza para todos”, remarcó.

“Triunfo electoral aplastante”, coincidieron ayer en el titular algunos diarios al calificar su rodillo: 73% de los votos frente al 24%. El republicano Joseph Lhota es el derrotado, pero el perdedor es Bloomberg sin haberse presentado. “No es que haya fatiga por los doce años de Bloomberg, lo que se detecta es un auténtico disgusto”, dijo el analista Fred Siegel.

El apoyo a De Blasio se ha extendido por los cinco distritos, sin distinción de raza, edad o sexo. Incluso entre los ricos, que pueden enfrentarse a un nuevo impuesto para financiar la atención preescolar y extraescolar, le han votado por mayoría.

En medio de estos datos abrumadores, hay una lectura que establece un matiz. Si Staten Island -feudo tradicional de los conservadores- no se computara con Queens, el margen de victoria más corto habría sido el de Manhattan, la zona de la Gran Manzana que ocupaba el mapa mental de Bloomberg. Y mientras los negros están con De Blasio en un 95%, los hispanos un 85% y los asiáticos un 67%, la cifra baja al 55% con los blancos. Será casual, pero este colectivo es el menos expuesto a la práctica policial de las detenciones al azar en la calle.

Ayer, en su primera rueda de prensa, De Blasio insistió en su promesa de potenciar la economía y el mercado laboral. Según los votantes, el principal problema de la “lujosa” ciudad de Bloomberg no es otro que el acceso a un buen trabajo. A muchos, su sucesor les ha hecho creer que otro Nueva York es posible.

Francesc Peirón
Fuente: La Vanguardia

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