Domingo 25 de Septiembre del 2016
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Invertir en conocimiento. Jorge Dobner


Jorge DobnerSi hay algo que advierte cualquier estudio, informe o listado es una constante revisión de la realidad y deferencia en el análisis. En este caso el nuevo ranking de los 400 investigadores biomédicos más influyentes del mundo debería tomarse como punto de inflexión.

De sobras es conocido el derroche de talento en España, jóvenes altamente cualificados y profesionales de constatada trayectoria que emigran por falta de oportunidades en sus áreas de investigación, lo que de un modo coloquial denominamos “fuga de cerebros”. Sintomático que tan solo uno, Manel Esteller, de los seis científicos españoles en el ranking desarrolle su labor a tiempo completo en España, en este caso en el Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (Idibell).

Las cifras no dejan lugar a dudas, en el último año la inversión pública en subvenciones se ha reducido un 13,7%, acumulando un recorte del 40% desde 2009.

Todo a pesar de las recomendaciones de la Comisión Europea para que los recortes no afecten al I+D+I (investigación, desarrollo e investigación).

Medidas, que por otro lado, chocan de forma incongruente con la proliferación de centros de investigación ¿Por qué no apostar por las fusiones de centros que a su vez unifican la marca España como referente internacional?

Así el barcelonés Joan Massagué, recientemente nombrado director del Instituto Sloan-Kettering en alianza con el prestigioso Centro de Cáncer Memorial Sloan-Kettering (MSKCC) de Nueva York, cree conveniente una inversión más sólida en los institutos más brillantes

“Los centros de investigación hay que tratarlos como una empresa normal, en la que se invierte y se piden cuentas, y se continua invirtiendo solo en lo que funciona”.

No hay que olvidar que el gasto en esta área estratégica es reducido en comparación con otras áreas y, en cambio múltiples los beneficios que reporta.

Paradigma de ello, Estados Unidos donde la ciencia se convierte en motor económico del país con resultados exitosos. Un modelo que nace tras la Segunda Guerra Mundial cuando el gobierno federal y estatal invierte en la enseñanza superior y la investigación con tal de afianzar su liderazgo económico. También gracias al apoyo de la enseñanza superior pues gran parte de los científicos del futuro son estudiantes que se educan en sus universidades públicas.

A tenor de esta retroalimentación positiva otros países han seguido un camino similar.

Por ejemplo, Brasil que para aumentar su competitividad promociona la sociedad del conocimiento y sustentabilidad ambiental. De igual modo en los últimos años Israel ha obrado su “milagro económico” mediante la transferencia tecnológica y del conocimiento de la universidad al sector privado.

No en vano es el país con mayor porcentaje PIB invertido en investigación y número de startups per cápita. Y cómo no Japón, en este caso líder en el registro de patentes.

Porque lejos de las promesas perecederas en el modelo del ladrillo o juego en casinos, la inversión en I+D+I es una apuesta multidisciplinar nos beneficia a todos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

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