Lunes 26 de Septiembre del 2016
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MwangaBora significa “luz buena”, y funciona con energía solar


Arte para iluminar África.
Evans Wadongo (1986) caminaba diez kilómetros cada día para asistir a su escuela. Y relata que fue afortunado porque sus padres, ambos maestros, podían permitirse comprar queroseno para alumbrar una lámpara con la que estudiar por las noches en su casa de barro y sin agua corriente, situada en una zona rural al oeste de Kenia.

El ingeniero tiene ahora graves problemas en la vista por culpa del humo que emanaba del artefacto, que además puede provocar daños respiratorios e incluso cáncer de garganta y de pulmón, o incendios en viviendas que están construidas de hierba y de madera. Cuanto más estudie un chaval, mayor será el riesgo para su salud.

Wadongo llegó a la universidad y fue entonces cuando decidió ir ahorrando de su préstamo estudiantil para hacer uso del sol africano y llevar luz por la noche a los hogares gracias a una lámpara simple, realizada en un 50% de materiales reciclables, — y de chatarra—.

Así nació la MwangaBora en 2004 que en suajili significa “luz buena”, y que funciona con energía solar.

La ingeniería se ha mezclado con la creación de moda y el arte, el del neoyorquino Reed Krakoff, en una instalación de decenas de estos faroles en la feria PAD de arte y diseño en Londres, que se clausura hoy.

Allí cada pieza se vende a 250 dólares (182 euros) a beneficio de la ONG Sustainable Development for All Kenya (desarrollo sostenible para toda Kenia, SDFA-Kenya) y el proyecto Just one lamp; su coste fuera del evento es de 25 dólares (unos 18 euros) y cambia las vidas de personas que no tienen acceso a la luz eléctrica.

“Muchos de mis amigos abandonaron la escuela porque no podían hacer los deberes y eran castigados. Los profesores no lo entendían…”, cuenta Wadongo, que fue nombrado uno de los Héroes de la cadena estadounidense CNN en 2010 por su iniciativa, ante las hileras de estas lámparas que han sido ataviadas con telas de vivos colores para su visita a Londres.

El continente vive en la oscuridad en un 90%, explica, y este es un problema especialmente grave en los países subsaharianos; en Kenia solo el 18% de la población tiene acceso a la electricidad, según datos del Banco Mundial.

Pero los niños en el mundo rural deben atender al ganado durante el día y van al colegio por la noche, o estudian ya cuando ha anochecido, después de cumplir con otras obligaciones que contribuyen al sustento de sus hogares. Tener luz que dé vida a los apuntes es un lujo para ellos. “Aunque haya una red cerca, la conexión es muy cara. Cuesta 500 euros para personas [más de 30 millones en Kenia] que deben mantener a sus familias con uno o dos dólares al día”, afirma Wadongo. Comprar el peligroso queroseno para disponer de él a diario, prosigue, les hace gastar alrededor del 70% de ese salario.

“Algo importante es que el diseño fuera simple, de manera que no se necesita mucha pericia técnica para construir la lámpara”. Y que la gente se pudiese identificar con un modelo hecho a semejanza del farol de queroseno ha sido otra de las premisas de la creación.

La MwangaBora posee un panel solar, una bombilla LED y una batería que sirve para 3.000 cargas.

La exposición al sol debe hacerse durante unas cuatro horas y dura seis. Ni que decir tiene que la intensidad de la luz que ofrece es 200 veces más brillante que la débil llama del queroseno, según sus impulsores. También de acuerdo con los datos que aportan, el ahorro es de 20.2 millones de libras en CO2 (casi 24 millones de euros), cantidad que se ha calculado tras la distribución de 30.000 lámparas hasta ahora.

Conseguir 25 dólares para comprar una lámpara era una barrera para muchas familias kenianas, por lo que el siguiente paso que dio Wadongo fue pensar más allá de la luz en un modelo de ingresos que la hiciera posible y aumentara su impacto.

Ahora hay talleres para formar a los jóvenes en la técnica muy artesanal de confeccionar las lámparas.

El keniano ha lanzado un programa para que los grupos de mujeres que ya están formados en las aldeas adquieran “habilidades básicas” para iniciar negocios. A cada una de ellas se le entrega la primera lámpara MwangaBora.

¿Y el arte? Evans Wadongo lo ve ligado a la manufactura de su invento. “Cuando la diseñé pensé en que hiciera el bien, pero también fuera un objeto que la gente desea tener”, asegura. Mientras, espera que otras 20.000 “luces buenas” se prendan en 2014 para que un niño como el que él fue pueda llegar a la universidad sin perder sus ojos o sus pulmones.

Flor Gragera de León
Fuente: El País

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