Miercoles 28 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2; 3; 4

Europa necesita dar un salto hacia delante


Un Renacimiento europeo es posible.
Los europeos, al renunciar a lo mejor que tiene Europa, es decir, su humanismo y su profundo altruismo, han dado la espalda a lo que les caracterizaba.

Un economista francés plantea que, para no desaparecer en el mundo, es indispensable dar un salto hacia delante.

¿Una Europa más pequeña en un mundo global? Se trata de una evidencia histórica. Sí, Europa, y con ella Occidente, se ha vuelto más pequeña en un mundo más global. Y sin embargo es inmensa.

Si consideramos que estas cifras no son estadísticas de propaganda, Europa en 2013 es lo siguiente: 500 millones de habitantes; 4,5 millones de kilómetros cuadrados; un PIB de 18 billones de dólares, superior al de Estados Unidos y tres veces superior al de China. ¡Un ahorro financiero disponible para la eurozona de 12 billones de euros!

¿Estaremos ante una Europa-Gulliver encadenada por unos mediocres liliputienses que serían los propios Estados, sus egoísmos y la competencia de los intereses nacionales que impiden que surja una Europa unida y grandiosa? ¿La suma de los intereses particulares, industriales y financieros son los que manipulan Europa a su antojo, enredándola en sus trampas y redes de lobbies bien organizados?

La lista de estos liliputienses que encadenan a este Gulliver llamado Europa es larga. También se podría extender a los “chivos expiatorios” que Europa siempre ha sabido mencionar en su historia, para absolverse de sus propios fracasos e impotencias. ¿Y si la marchitez, la impotencia y el fracaso de Europa no fueran producto de un gran complot contra Europa?

La Europa-Gulliver
“Somos responsables de todo y de todos y yo el primero”, decía Ivan Karamazov. El infierno europeo, los liliputienses de la Europa-Gulliver, ¡serían entonces los demás! Es una forma excelente de eximir a los ciudadanos, a las opiniones públicas y a los pueblos europeos de toda responsabilidad en la marchitez de Europa.

Pero yo defiendo una idea radicalmente opuesta: si Europa, a pesar de o a causa de su inmensa riqueza financiera, de su abundancia de bienes tanto materiales como no materiales, está desapareciendo del contexto mundial, se debe a los propios europeos y en especial a las generaciones que ocupan hoy el poder, esos niños consentidos de la posguerra que sólo han conocido la paz, la prosperidad y la egoísta búsqueda de su felicidad individual.

Al no dedicar ni el mínimo vital para garantizar su integridad y su soberanía en los ámbitos estratégicos, prefieren financiar su comodidad de burgueses y tirar por la borda lo que define la esencia europea y lo mejor que tiene Europa: su auténtico humanismo, su profundo altruismo.

Si Europa funciona mal, si se marchita en un mundo que parece en plena expansión, es precisamente porque los europeos han dejado de ser europeos. “Roma ya no está en Roma”, del mismo modo que la idea de Europa ha abandonado a los europeos.

Podríamos detenernos en esta constatación: la de una Europa sin proyecto, sin identidad, que se resume en lo que los demás esperan de ella, es decir, un mercado, un espacio para poblar, un cuerno de la abundancia y del bienestar para visitar o saquear.

Una necesidad para los europeos
Este panorama es una posibilidad que debemos mirar de frente, al igual que se contempla la posibilidad de su propia desaparición. Quizás sea esa la vocación de Europa: dejar espacio al Nuevo Mundo, esperando que éste se encargue de rescatar lo mejor de la herencia europea.

Yo no comparto esta idea. En primer lugar, porque la Historia nos ha enseñado que Europa en sus momentos de regresión representaba un peligro de muerte para ella misma y para los demás.

En segundo lugar, para los que creen que “el crecimiento económico perdona todos los pecados”, nos parece mal que a China le fuera bien si la Unión Europea desapareciera o entrara en recesión. Por último, ¿cómo imaginar que esta gigantesca destrucción de capital humano que representa la inactividad de uno de cada tres jóvenes en Europa se producirá sin sobresaltos y sin violencia?

Dicho de otro modo, el renacimiento europeo no es una opción agradable, sino una necesidad para los propios europeos y para el resto del mundo. Por consiguiente, el renacimiento europeo no es sólo una necesidad, sino que además es posible.

Para ello será necesario el trabajo de al menos una generación pero, al igual que las naciones antiguas jamás mueren, no sería razonable adelantarse a la desaparición de Europa. “El milagro es estar vivo en un mundo de muertos”.

¿Cómo identificar y adoptar las vías posibles para lograr un renacimiento así? ¿Es necesaria una gran iniciativa franco-alemana? ¿Una nueva “Comunidad Europea del Carbón y del Acero”, es decir, un proyecto grandioso, por ejemplo ecológico, que compartan y dirijan las distintas generaciones y países europeos?

¿O bien es necesario recurrir a vías más radicales, a una “revolución europea” siguiendo el ejemplo de la revolución estadounidense, pasando por la afirmación de un “We, The People”?

Edouard Tétreau
Fuente: LA CROIX-Presseurope

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>