Martes 27 de Septiembre del 2016
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Hay que hacer lo que debemos hacer aunque no haya esperanza, decía Martin Luther King


Oliver Stone, otra historia (de EE UU). El guerrillero cinematográfico, el amante de los excesos, el cineasta provocador viene hoy vestido con el atuendo de un profesor universitario de Historia. Oliver Stone (Nueva York, 1946) está en San Sebastián presentando el cuarto montaje —asegura que el definitivo— de la película Alejandro Magno y también su serie televisiva The untold history of United States (La historia nunca contada de Estados Unidos), 12 capítulos que desvelan la cara oculta —o al menos oscura— de su país.

El primero, el dedicado a la Segunda Guerra Mundial, arranca su montaña rusa con un montaje vibrante, sin entrevistas cara a cara, pero sí con toneladas de documentos visuales y sonoros y la voz efervescente como narrador de Stone.

Ese capítulo es también el que le sirve como prólogo. “Queríamos darle la vuelta a todo, poner en duda lo establecido, porque lo que estudié yo, lo que han estudiado mis hijos, no es la auténtica verdad.

Nací en 1946 y lo que he visto ha sido asombroso. Nunca sospeché que se derrumbaría el sistema comunista, que el gobierno estadounidense se convertiría en el imperio de un mundo del que es el policía. Les decimos a todos lo que deben de hacer. Edward Snowden ha huido de Estados Unidos a Rusia; en los años cincuenta hubiera salido de la URSS para llegar a mi país.

El mundo está al revés. Estados Unidos es hoy el gobierno sin ley, nadie se mete con nosotros, somos el imperio que lo controla todo, una sociedad agresiva y militarista, y yo cuento cómo hemos llegado hasta aquí”, explica Stone.

Televisión Española va a emitir a partir del próximo lunes diez de esos capítulos. ¿Por qué solo diez de los doce? “Entregué los dos últimos episodios un par de años después de los primeros, y son una especie de prólogos que arrancan desde la guerra de 1898, pasando por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, y el periodo de entreguerras. Están llenos de nombres y lugares. Son más complejos para la gente joven”.

Oliver Stone jamás se ha quedado de brazos cruzados. Ante algo que le detuviera siempre reaccionó empujando fuerte. Contra toda frustración, siempre opuso acción. “No quiero sonar fatuo, pero esta serie documental es tal vez el mayor logro de mi vida profesional. Espero que quede para las generaciones futuras.

Hay que hacer lo que debemos hacer aunque no haya esperanza, decía Martin Luther King.

Mi conocimiento es el del cineasta, y mi alma la de un director de ficción, pero a veces es imposible dramatizar, ficcionar la auténtica historia. Peter Kuznick, coautor de la serie y profesor de historia en la American University, además de experto en temas nucleares, dice que mucha de esa información se conoce en las facultades, pero que teníamos que llevarla a los chavales de los institutos. Usamos herramientas del cine de ficción, como la música y un montaje cañero para atraerles, y así aprendes mucho. No espero que la gente se lo vea del tirón, porque es más grande que una película”.

Con los años, Oliver Stone se ha convertido en director histórico: con sus películas uno puede recorrer y entender parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI. “Bueno, es tu opinión, otros dirían que ese era John Ford. Yo soy un cineasta amante de la ficción al que le atraen las tramas políticas. Crecí en un ambiente muy conservador, y tenía el punto de vista de mi padre. Necesité más de treinta años en cambiar mis ideales, fue muy lento. En los setenta viví algunas revelaciones que me transformaron: y cuanto más investigas más te das cuenta de lo equivocado que estabas. No es rebeldía contra mi padre, que murió hace ya mucho, sino sencillamente, que he madurado. Formo parte del imperio americano, vivo en Nueva York, he sido bendecido con un montón de privilegios, pero debes rebelarte contra esos privilegios. Roosevelt lo hizo en su presidencia. Si no, todos acabaremos como en Rebelión en la granja o 1984 de Orwell. Yo soy un cineasta con alma de historiador”.

Oliver Stone no apuesta por Obama —“es un producto del sistema que muestra la serie, y ningún hombre puede con el imperio. Solo Roosevelt y Kennedy lograron agitarlo”, sostiene— y rehúye cualquier teoría conspirativa alrededor del 11-S.

“Lo que hizo Bush [con el que curiosamente el cineasta coincidió en Yale; él cree que llevan vidas paralelas] con sus acciones ha sido más dañino que el ataque original. Es una ecuación imposible de resolver ahora.

Esos fundamentalistas, a los que apoyamos durante años mientras eran útiles matando comunistas, no nos atacaron por odio, como decía el entonces presidente, sino por las malas decisiones de Bush padre en la primera Guerra del Golfo.

Las conspiraciones son muy atractivas para la ficción, sin embargo, eso no nos hace comprender las cosas, las causas y las consecuencias”.

El director asegura que fue la presidencia de George W. Bush la que le empujó a estos cinco duros años de trabajo en esta obra: “Él no es una aberración, sino otro mal ejemplo de la política imperialista americana”.

Gregorio Belinchón
Fuente: El País

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