Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Reformular el rol tradicional de los gobiernos y empresas.


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La creciente tendencia de la empresa privada por perseguir fines filantrópicos necesita unos reajustes políticos, económicos y sociales en el sistema. Sin esto, se correrá el riesgo de alimentar una nueva protesta social y se pondrá aún más en evidencia la representatividad de los gobiernos.

Más si cabe, cuando la sociedad moderna, acostumbrada a los cambios rápidos de la era Internet, tolera cada vez menos la inoperancia de los poderes públicos.

Vivimos en un contexto, en el que, por un lado, las empresas privadas ya no sólo buscan justificar su existencia a partir de criterios económicos y han optado por perseguir fines sociales. Por el otro, la idea de que únicamente los gobiernos deban sostener el Estado de Bienestar es igualmente absurda.

Actualmente, vivimos una realidad en la que agentes -privados y públicos- están, a la vez, sometidos a criterios económicos, sociales y medioambientales. Estos objetivos comunes obligan a reformular el rol tradicional de los gobiernos y empresas.

Que las empresas asuman un rol social es algo motivador, pero ¿qué significa esto para nuestra sociedad? ¿Qué pasa si un inversor da mayor rendimiento social que un gobierno electo? ¿Qué pasa si un emprendedor social puede solucionar la pobreza más rápido que todo un equipo de políticos expertos? ¿Qué pasa si un capitalista es más eficaz en el logro de resultados sociales que un presidente o un primer ministro? O, por contra ¿qué pasa si estos nuevos inversores influyentes, empresarios o capitalistas cometen abuso de influencias?

Hay que tomar medidas para evitar que este movimiento social de la empresa lleve a una forma de totalitarismo de mercado. Unos dirán que esta situación ya pone a cada uno en su sitio y trae de por si un nuevo orden social. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar sólo por la palabra “social”. Hay que tomar medidas ante las consecuencias a largo plazo de esta nueva tendencia.

Los gobiernos pueden reducir o ampliar su papel en el ámbito social en detrimento de la empresa. Aún así, nunca deben llegar al extremo de delegar su representatividad en este ámbito y dejarla únicamente en manos de inversores, empresarios o agentes privados con vocación social. A día de hoy, no hay herramientas para pedir cuentas a la empresa privada.

Esto no quiere decir que debemos perseguir a dichas empresas. Son los gobiernos los que tienen que aclarar su posición y replantearse sus funciones en la esfera social y económica. De lo contrario, los gobiernos perderán su autoridad a favor de la empresa privada y esto desencadenará una nueva crisis de representatividad social.

Mitchell Kutney.
Impulsor de una unión entre filantropía y finanzas, es cofundador de @JustChangeOtt
Fuente: Huffington Post

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