Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Los cristianos, somos discípulos de un prisionero político. Opinión de Frei Betto


Frei Betto-telogo brasilero

¿Quién cambiará: la iglesia o los jóvenes?
La JMJ, que terminó hoy, es un acontecimiento creado para atraer a los jóvenes a la Iglesia Católica y despertar en ellos el espíritu misionero.

Las encuestas indican que el número de católicos se reduce en el mundo, especialmente entre los jóvenes.

A comienzos del siglo 20 casi el 90% de la población de Europa occidental se manifestaban católicos. Hoy sólo el 24%.

¿Cuáles son las causas de ese desinterés de los jóvenes por la Iglesia? ¿Por qué ellos son una presencia rara en las misas del domingo? Hay dos factores a considerar: Primero el creciente desinterés de las familias católicas en cuidar la educación religiosa de sus hijos y nietos. Con frecuencia me preguntan algunos amigos: “Mi hija tiene 18 años, mi hijo 16, y ambos no tienen ninguna motivación religiosa. ¿Qué puedo hacer?” Les doy la misma respuesta siempre: “La pregunta llegó con diez años de retraso. Si sus hijos tuvieran 8 y 6 años, yo sabría qué responder”.

¿Qué vamos a esperar de un joven que en su infancia nunca vio a sus padres participar en la Iglesia, orar en familia, comentar un texto bíblico? ¿Qué vamos a esperar si en Semana Santa aprovechan para viajar y no para celebrar la muerte y resurrección de Jesús; y la Navidad es celebrada en familia en torno a la figura consumista de Papá Noel y no como fiesta del nacimiento de Jesús?

Los mismos anacronismos y rigores de la Iglesia son otro factor de alejamiento de los jóvenes del catolicismo.

¿Cómo atraer a los jóvenes si pesan sobre ellos las exigencias de mantener la virginidad hasta el día del matrimonio, no usar nunca preservativos y, una vez casados, no tener relaciones íntimas excepto cuando hubiera intención de procrear?

A todo ello se le suma la falta de preparación de muchos sacerdotes y religiosas. En su afán de suplir la falta de sacerdotes, pues hay cada vez menos vocaciones y muchas salidas (sacerdotes que se casan y por ello quedan excluidos de celebrar los sacramentos), la formación de los seminaristas en el Brasil es, en general, de una pésima calidad, salvo excepciones.

La filosofía es estudiada en folletitos y fotocopias, sin contacto con las fuentes primarias y los textos originales. La teología es casi un curso de catequesis para adultos, mera transmisión de la tradición doctrinal, sin debates ni investigaciones sobre temas de actualidad.

Las religiosas no suelen hacer ningún curso superior, como si la dedicación con que se entregan a la pastoral fuera suficiente para una eficaz evangelización.

Hay obispos y sacerdotes que las toman como meras ayudantes, adultas infantilizadas que deben ser mantenidas alejadas de los temas teológicos.

La Iglesia, para atraer a los jóvenes, debe renovar su posición en este mundo globalizado, posmoderno, del siglo 21.

Para ello hay que aplicar las decisiones del concilio Vaticano 2° y valorar el protagonismo de los laicos, sobre todo jóvenes, en la misión evangelizadora.

En caso contrario habrá, sí, jóvenes de Iglesia, pero encerrados en movimientos espiritualistas, desvinculados de la realidad, subyugados por un moralismo que centraliza el pecado en la sexualidad, indiferentes a los llamados del papa Francisco de no convertir la Iglesia en una ONG, sino hacerla salir fuera, para ser fermento en la masa, participar, como Jesús, de la conflictividad y de los desafíos del mundo en que vivimos.

No olvidemos que todos nosotros, los cristianos, somos discípulos de un prisionero político.

Jesús no murió de enfermedad o de accidente en Jerusalén sino que fue apresado, torturado y condenado a muerte en la cruz por dos poderes políticos.

Frei Betto
Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, es un fraile dominico brasileñoteólogo de la liberación. Es autor de más de 50 libros de diversos géneros literarios y de temas religiosos.

Fuente: Adital

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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