Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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El sueño de King


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El retorno al sueño de King.
Miles de afroamericanos se concentraron este sábado junto al monumento a Lincoln para rememorar el sueño de Martin Luther King. No estuvo Barack Obama, que pronunciará su discurso el próximo miércoles durante la inauguración de la escultura del reverendo. Pero sí su fiscal general Eric Holder y líderes negros como Al Sharpton o Joe Lewis, el único superviviente de los oradores que tomaron la palabra aquel 28 de agosto de 1963.

Entonces todos aguardaban con miedo el inicio de la marcha y temían una noche de disturbios raciales en la capital. Un extremo que llevó a John F. Kennedy a solicitar a los promotores del evento que no lo programaran en un fin de semana y que pronunciaran sus discursos antes de la puesta de sol.

El alcalde declaró la jornada festiva y ordenó suspender la venta de alcohol. Hasta 30 helicópteros sobrevolaron el cielo de Washington y los hospitales hicieron acopio de plasma y suspendieron las operaciones quirúrgicas por temor a recibir heridos en unos disturbios que no llegaron a ocurrir.

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Aquel día el discurso de King recibió muchos aplausos de la muchedumbre. Pero sólo ganó fama mundial después de su muerte violenta y estuvo en las antípodas de los de sus colegas, menos conciliadores y más centrados en la desigualdad social.

Pero fueron las palabras del reverendo las que resonaron este sábado entre la muchedumbre, convocada por el activista negro Al Sharpton cinco días antes del aniversario de ‘I have a dream’. La atmósfera era más familiar y festiva que entonces. Pero los gritos y las pancartas recordaban los aspectos que quedan por cumplir del sueño de Martin Luther King.

El discurso más emotivo de la marcha lo pronunció el congresista Lewis, que recordó la necesidad de seguir avanzando en la lucha por la igualdad racial. “Hace casi 50 años di parte de mi sangre al cruzar el puente de Selma defendiendo el derecho a votar. Ahora no voy a quedarme de brazos cruzados y dejar que nos lo arrebate el Tribunal Supremo”, proclamó Lewis recordando la sentencia reciente que ha declarado inconstitucional una parte de la ley que obligó a eliminar las artimañas que impedían votar a millones de afroamericanos en los estados del Sur.

Lewis se crió en una plantación sureña y se sumó a la lucha por los derechos civiles al escuchar en la radio con apenas 15 años al reverendo King. Los líderes de la marcha original censuraron las palabras más incendiarias de su discurso y le obligaron a moderar el tono. Un extremo que le llevó a llorar de impotencia pero que aceptó a regañadientes por el bien de la lucha contra la segregación.

Este sábado nadie retocó el discurso de Lewis. Ni siquiera cuando recordó sus días como revolucionario o cuando llamó a luchar por los ideales de su mentor. “Uno no puede quedarse de brazos cruzados”, proclamó. “El voto es algo precioso. Casi sagrado. Es la herramienta más poderosa que tenemos en una sociedad democrática y tenemos que usarlo.

En 1963 no teníamos iPad ni iPod pero usamos lo que teníamos para sacar adelante una revolución incruenta. Por eso le digo a los jóvenes que no se cansen de luchar”.

Unos minutos después de Lewis, se dirigió a la muchedumbre el hijo mayor del reverendo, Martin Luther King III, que recordó el legado de su padre y las asignaturas pendientes que quedaban por cumplir.

“Nuestra tarea no ha acabado”, aseguró. “Casi puedo oír a mi padre mascullando: ‘Estad preparados porque el tren está a punto de llegar'”.

El hijo de King recordó el asesinato del joven negro Trayvon Martin, cuya madre estaba presente en la marcha de Washington. Pero también la quiebra de Detroit, la lucha por la reforma migratoria y la violencia endémica que sufren miles de vecindarios negros en ciudades como Chicago o Nueva York. “Este país necesita un nuevo Plan Marshall que promueva un estímulo real a la economía”, proclamó. “Pero sobre todo necesita abrazar el amor y construir la paz y la justicia en nuestras comunidades”.

Entre la muchedumbre había pancartas en español y banderas homosexuales. Detalles que aludían a causas que ahora acaparan los titulares y que no se vislumbraban en los tiempos del reverendo King. Junto al monumento a Lincoln se arremolinaban familias enteras, miles de personas coreaban sin miedo los eslóganes de sus ancestros y los comercios de Washington permanecieron abiertos al contrario que en 1963.

“A mí me arrestaron 40 veces durante los años 60″, recordó el congresista Lewis a sus 73 años entre aplausos al final de su discurso. “Me golpearon y me dejaron ensangrentado e inconsciente. Pero no estoy cansado. Estoy preparado para seguir luchando y vosotros debéis hacerlo también”.

Eduardo Suárez
Fuente: El Mundo

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