Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Algo nuevo se mueve en la barca de Pedro. Opinión de Frei Betto


Frei Betto-BrasilMás agua a la olla.
El gesto más avanzado de Francisco en su visita al Brasil, hasta el momento, fue el aceptar el mate que le ofreció un peregrino anónimo mientras recorría la orilla de la playa Copacabana.
Si hay algo que los jefes de Estado temen es el envenenamiento. En general, viajan con sus propios cocineros.

Francisco, en una demostración de su espíritu evangélico, no dudó en chupar la bombilla (como es conocido esa especie de canuto para llevar el mate del recipiente a la boca).

Y pensar que los jesuitas, en el siglo 16, en las reducciones guaraníes al sur del Brasil -y recordemos que Bergoglio es jesuita- llegaron a prohibir el mate por considerarlo una “hierba del diablo”…

El papa Francisco, en su discurso en la favela de Varginha, enfatizó que la fe no puede estar divorciada de las exigencias sociales.

“Nadie puede permanecer insensible ante las desigualdades que existen en el mundo”, dijo, en una crítica contundente al individualismo y a las tendencias religiosas proclives al espectáculo pero indiferentes a los dramas de los oprimidos.

Criticó la “pacificación” (término infeliz que recuerda los primeros contactos de los blancos con los indios) de las comunidades empobrecidas, al afirmar que tal esfuerzo “no será duradero” en tanto persista “el abandono de la periferia”.

Es curioso que, al recordar las memorias sociales en nuestro país en estos últimos años no habló del “gobierno” sino de “los esfuerzos que la sociedad ha hecho para combatir el hambre y la miseria”.

El papa acentuó la importancia de la “cultura de la solidaridad, que ve en el otro no un rival o un número sino un hermano”, al describir el mundo actual como centrado en el egoísmo y en el individualismo.

Sólo le faltó ponerle nombre al perro: el neoliberalismo, que prioriza la competitividad y no la solidaridad, y que procura meter en todos nosotros no el anhelo por la ciudadanía sino por el consumismo y el hedonismo.

Francisco acertó en el diagnóstico. Nos queda encontrar las medicinas. Para la Iglesia en crisis una de ellas podría ser la comunidad eclesial de base, como la que se reúne en la capilla de San Jerónimo Emiliani y cuyo altar bendijo el papa. En Aparecida el año 2007 Bergoglio apoyó la aprobación delas CEBs.

Francisco recordó que “sólo cuando alguien es capaz de compartir es que se enriquece de verdad”. Y actualizó la doctrina social de la Iglesia al decir que “la medida de la grandeza de una sociedad viene dada por el modo en que trata a los más necesitados, que no tienen otra cosa más que su pobreza”.

El papa ha delineado claramente su visión de Iglesia: “Abogada de la justicia y defensora de los pobres, ante las intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al cielo”. ¿Pero por qué hay tantos necesitados, tanta pobreza y tantas desigualdades? ¿cuáles son las causas?

Al criticar la educación mercantilizada orientada solamente a formar profesionales cualificados para el mercado (“simple transmisión de informaciones con el fin de generar ganancias”), Francisco podría haber delineado el plan de la “globalización de la solidaridad” por la superación de un modelo económico que concentra riquezas y que, en nombre del ajuste fiscal, promueve la exclusión social, como es el caso de los 25 millones de europeos desempleados, la mayoría jóvenes.

Ésta es la hora de “echarle agua a la olla” y apuntar alternativas, como la economía solidaria y el “bien vivir” de los indígenas andinos, cuyos valores coinciden con los del Evangelio.

Francisco no es un pastor que ordena e impone, sino que abre horizontes e imprime entusiasmo. Algo nuevo se mueve en la barca de Pedro.

Frei Betto
Fuente: Adital

Leer más:
Un Papa libre y cordial

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. mirta Responder

    Es cierto, algo nuevo se desliza sobre la tierra, no dejemos que se escurra y el abismo lo apague.

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