Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Editorial de Jorge Dobner
Habemus Papam (“¡Tenemos Papa!”)

JD RETRATOApenas tres meses de la elección del papa Francisco I y en la Iglesia Católica se respiran aires de cambio que independientemente de ser cristianos, musulmanes, judios, creyentes o no creyentes, representan un soplo de aire fresco en el tumultuoso mundo que nos toca vivir.

Ya en su presentación al mundo Jorge Bergoglio hizo una auténtica declaración de intenciones, vestido con sotana blanca simple, crucifijo y anillo de pescador en plata bañada en vez de oro que lucían sus predecesores.

Francisco I, en honor al santo de Asís, llegó con el arrojo de los pioneros: el primer papa jesuita y el primero proveniente de América Latina.

A estos guiños iniciales han seguido otros con un claro mensaje de humildad: la negación a vivir en el apartamento pontificio y permanecer en Santa Marta, el rechazo a sentarse en el trono reservado a los papas, el primer papa que cumple con el rito del lavatorio de pies en un centro de detención de menores y un sinfín de gestos más.

El mismo Francisco I manifiesta su deseo de construir una Iglesia “pobre y para los pobres” y se autodenomina obispo de Roma en lugar de papa.

Esta semana nos ha sorprendido con dos nuevas noticias que ponen de manifiesto la revolución que vive la Iglesia Católica. De una parte el próximo viaje del papa a la isla de Lampedusa (Sicilia) para reunirse con los inmigrantes refugiados que vienen de África y Asia buscando un futuro mejor. Ejemplo de conciencia social después de la última tragedia sucedida en la región.

Por otro lado el inicio de una reforma radical en el banco del Vaticano que ya ha costado la dimisión del director general del Instituto para las Obras de Religión (IOR), Paolo Cipriani, y del vicedirector, Massimo Tulli. Asimismo una comisión de investigación tomará las medidas oportunas para esclarecer los escándalos de corrupción.

Cabe recordar que durante los días siguientes a la renuncia de Benedicto XVI – marcada por el robo de documentación secreta y las luchas de poder en la Curia – los cardenales estadounidenses y el propio Bergoglio se expresaron a favor de una limpieza de fondo.

Sin duda no es casual la renuncia de Benedicto XVI, sabedor de los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Iglesia y la necesidad de un líder valiente que se imponga ante las circunstancias actuales.

En este sentido el papa Francisco parece retomar la labor del Concilio Vaticano II “fue una bella obra del Espíritu Santo” asegura. Fomentar la fe católica, renovar la vida cristiana, adaptar las necesidades eclesiásticas a los métodos de nuestro tiempo o mejorar la interrelación con las demás religiones. Los objetivos de ayer son los de hoy a tenor de los últimos pasos dados.

Y en estas horas, se publica la primera enciclica de Francisco “Lumen Fidel” que aporta esta última reflexion: “La fe nos ayuda a encontrar modelos de desarrollo que no se basen sólo en la utilidad y en el beneficio”.

En estos días y en medio de tanta explosión de corrupción, espionaje, falta de transparencia y componendas perversas de países europeos con el gran poder por el caso Snowden, el nuevo papa es un brote positivo, un nuevo referente moral que convierte a la iglesia en motor de cambio y espejo donde mirarse las otras instituciones de poder.

Por delante aún quedan pendiente muchos temas pero con suerte Habemus Papam (“¡Tenemos Papa!”) para afrontarlos.

Jorge Dobner
Editor
En Positivo

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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