Jueves 29 de Septiembre del 2016
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La vuelta al mundo en la era internet


familia Cabello-nomadas-vuelta al mundo

Nómadas en familia.
Una noche cualquiera, cenando, surgió la pregunta: “¿Y tú qué harías si te quedara un año de vida?”. Diana no lo pensó mucho: “¡Daría la vuelta al mundo!”. Y ahí quedó eso. Pero unas semanas después, Ángel retomó el hilo: “¿Nos vamos o qué?”. Y así empezó a cuajar su gran viaje alrededor del mundo que duraría 18 meses.

“Hemos ofrecido la posibilidad a nuestros hijos -Ishi y Noa- de conocer otras culturas, de ser más tolerantes, más libres de mente, más libres de perjuicios…”, explica Ángel.

Compartir experiencias, alejarse de la rutina establecida, de los calendarios y, sobre todo, tener la valentía de materializar un deseo vital forma parte del equipaje de las familias que se embarcan en un viaje con dos maletas y sin fecha de vuelta.

Cada vez son más. Las redes sociales han contribuido, sobremanera, a facilitar y alimentar otra forma de vivir. Son los nuevos nómadas del siglo XXI.

No somos ricos. “Nuestro objetivo presupuestario era no gastar más de lo que gastábamos viviendo en Barcelona”, explica Ángel Cabello. Aquella cena fue el principio de un viaje en el que invirtieron todos sus ahorros.

“Mis amigos me preguntaban si éramos ricos”, dice riendo su hijo Ishi, de 11 años. Y no. No lo son si se cuantifica con su cuenta corriente. Ángel llevaba más de veinte años trabajando en el ámbito de la ayuda humanitaria y conoció a Diana (enfermera de profesión) trabajando ambos para Médicos sin Fronteras. Juntos estuvieron en Honduras, Guatemala, Etiopía… Y cuando Ishi tenía dos años vivieron durante un año y medio en Cuba.

“Los gastos varían mucho según la zona, en América del Norte y Oceanía es mucho más caro vivir que en Asia”, dice Ángel. Las familias que emprenden un viaje de estas características no se alojan en hoteles, ni se mueven en taxi.

“Nosotros no nos sentimos cómodos en un resort, nos gusta más mezclarnos con la gente del lugar, en una guest house, por ejemplo”, explican Jordi y Airí, desde Bali. Estos barceloneses no tienen hipoteca ni ningún gasto en su ciudad y pueden trabajar desde cualquier rincón del mundo, mientras haya internet.

Él hace animación en 3D y ella tiene una tienda de ropa infantil on line. “Si tenemos más trabajo nos quedamos más tiempo en un lugar, vamos a otro ritmo…”, cuentan.

La familia Santos, que está a punto de partir, ha alquilado su casa durante los tres años que estarán fuera. Vivirán de sus ahorros y tienen previstos algunos ingresos: “Estamos vendiendo kilómetros a través de la web y tenemos algunos proyectos como escribir artículos”, explica Julio Santos, director comercial de una empresa de servicios informáticos que en unos días estará en excedencia voluntaria.

Y los niños ¿qué? “Era ahora o nunca y es más fácil hacerlo cuando los niños son pequeños”, opina Julio. Las tres familias, que desbordan energía, han tenido el apoyo de las escuelas de sus hijos.

Diana y Ángel dedicaron mientras estuvieron de viaje unas horas diarias al estudio. “Conocemos las bibliotecas de un montón de países”, dicen. La hija de Jordi y Airí se fue tras el primer trimestre de P4. “Las maestras nos dijeron que el viaje en sí ya serían muchas emociones para ella y que no nos pusiéramos a dar clases, sino a hacerla partícipe de la vida diaria”, explica la madre. Y en apenas siete meses, Lola suelta palabras y expresiones en inglés que sus padres no le han enseñado y quiere aprender a escribir.

“En Malasia nos alojamos en una casa que llevaba una profesora de Londres que cada día daba una hora de clase a la hija de un australiano y una filipina que también tenía cuatro años. Lola se sumó y lo pasó genial, hacían las clases en la playa y aprendió un montón”, cuenta Airí. Esta familia visita las escuelas de los sitios donde va y ahora, en Bali, Lola ha querido apuntarse a un casal de verano que organiza una escuela internacional.

¿De verdad os vais? “Aunque luego te apoyan, al principio, hay familiares y amigos que plantean mil y una dudas, que si no veremos a los niños, que cómo lo haréis, que si será peligroso… Pero hay que eliminar el ruido”, opina Diana. Ni ellos ni los Tudó llevaban un plan de viaje definido.

Deciden sobre la marcha y, en gran medida, ahí está la magia de esta aventura. Comparten decisiones y, en cierto modo, se dejan llevar.

“En muy pocas ocasiones he tenido la sensación de peligro, quizás en un trayecto en autobús entre El Salvador, Honduras y Guatemala… pero no pasó nada, parece que si vas con niños la gente te respeta más”, dice Ángel.

En contacto. Las nuevas tecnologías les permiten hablar y escribirse a diario con amigos y familiares.

Por ejemplo, Ishi veía a sus amigos a través de Skype, quizás no con la frecuencia que él hubiera querido pero con la suficiente como para querer reincorporarse al colegio a toda costa dos días después de aterrizar y tras 26 horas de vuelo y acabar el curso con normalidad. “A través de WhatsApp he seguido una boda casi en directo y el parto de una amiga al detalle”, bromea Airí. Jordi, su pareja, asegura que ahora habla más con sus padres que cuando vivían a diez minutos en Barcelona. “Las relaciones con la gente que quieres parece que son más intensas desde la distancia, en realidad, valoras las cosas de otra forma”, aseguran.

Los padres de Airí han ido a visitarles a Bali, donde estarán aproximadamente durante un mes; en agosto viajarán por Laos y Camboya con la hermana y la prima de Jordi y tienen previsto volver a Malasia en septiembre, esta vez con unos amigos y su bebé. “A partir de octubre, no tenemos planes, quizás iremos hacia América, pero no lo tenemos claro…”, comentan.

Más que un viaje. El 70% de las estancias de la familia Cabello han sido en casas particulares. “El CouchSurfing forma parte de la esencia del viaje, la gente que hemos conocido, que nos ha cocinado y a la que hemos cocinado y que nos han recomendado lugares y enseñado rincones ya forman parte de nuestras vidas”, aseguran Diana y Ángel.

En California, los niños compartieron horas de Wii, en Sydney surfearon con sus anfitriones, en Perú un niño les enseñó las minas donde trabajaba… Las vivencias son infinitas.

En su blog (Vueltalmundoenfamilia.com) uno puede hacerse una idea de la magnitud de la experiencia de esta familia, que paralelamente ha creado la oenegé Education, mediante la que impulsan tres proyectos educativos en Tailandia, Ecuador y Panamá. Jordi y Airí gestionan desde Asia el portal de servicios Kidsandtrips.org, y a través de él han conocido a otras familias, con una de ellas, viajaron por las Filipinas durante casi un mes. La familia Santos gestiona Cuatroporelmundo.org y también tiene en mente impulsar algún proyecto educativo durante su vuelta al mundo.

Y a la vuelta, ¿qué haréis? “La verdad, no imaginábamos que las cosas estaban tan duras aquí”, reconoce Ángel. Pero, tras unos meses de “inactividad” forzada, Diana vuelve a trabajar como enfermera y Ángel se marcha esta misma semana a México, para impulsar un proyecto de Médicos sin Fronteras. Y no saben dónde estarán viviendo cuando acabe este año. Quizás en México…

Foto: La familia Cabello Iglesias inició su periplo en Estados Unidos y lo acabó en Nueva Zelanda.

Sara Sans

Fuente: La Vanguardia

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