Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Opinión de dos estudiantes de la Ruta Quetzal
Contribuir a mejorar el mundo

ruta quetzal-Maris-Pacifici

“Queremos cambiar el mundo”
Somos dos de los 227 expedicionarios de 50 países de la Ruta Quetzal BBVA 2013 que durante varias semanas hemos seguido los pasos de Núñez de Balboa en la aventura del descubrimiento del mar del Sur. Durante el primer tercio de nuestro viaje hemos atravesado la frondosa selva del Darién.

Las dificultades que hemos afrontado se han visto recompensadas por los valores que hemos ido interiorizando durante el camino. El hecho de estar lejos de nuestra zona de seguridad, del confort de una cama o del agua potable, ha contribuido a prepararnos para la vida, tanto a nivel personal como profesional.

Tras el periplo por la selva, en la capital, Ciudad de Panamá, iniciamos la parte meramente académica de nuestro viaje. Entre las actividades llevadas a cabo destacan una serie de talleres sobre la creación de proyectos de emprendimiento social. También para fomentar habilidades como el liderazgo, la comunicación o la creatividad.

La primera vez que nos enfrentamos a un proyecto social fue durante la realización del trabajo para la obtención de la beca que nos ha permitido ser expedicionarios en la Ruta Quetzal.

Lo que se esperaba de nosotros no era otra cosa que frescura y originalidad, tanto en la temática como en la forma, características que reunían todos los proyectos de emprendimiento presentados.

El curso, dividido en tres talleres, fue la escalera que nos llevó al destino final. Presentamos nuestros trabajos ante un jurado formado por expertos en motivación y coaching.

La primera fase de estos talleres iba encaminada a un mayor conocimiento de nosotros mismos y del grupo como conjunto.

Se trataba de potenciar valores como la solidaridad, el compañerismo o el trabajo en equipo.

Durante la segunda fase se seleccionó uno de los proyectos que, de manera resumida, ya había sido presentado por un miembro del equipo para la obtención de la beca. Fueron un total de diez trabajos los expuestos. De los cuales cuatro estaban dirigidos a la tercera edad, cinco a los jóvenes y su problemática y uno a la basura y su reciclaje.

Estas clases recibidas en la Ciudad del Saber y en el Instituto Nacional Panameño son el motor para que nuestros sueños se conviertan en una realidad que contribuya a mejorar el mundo.

Vivimos en una sociedad en la que las desigualdades económicas, la desatención a ciertos sectores sociales y la violación de los derechos fundamentales muestran la cara más oscura de la moneda. Nuestra labor es darle la vuelta, cambiar el mundo.

Nosotros representamos ese idealismo que otras generaciones han perdido con el paso del tiempo. Tenemos una obligación moral para con el mundo, puesto que somos herederos de un cambio que iniciaron nuestros padres y debemos perseguir.

Cada uno de nosotros somos materia de sueños, aún sin realizar.

De nosotros dependerá que estas esperanzas se materialicen en la mejora de nuestra sociedad.

Javier Terrero – Iñigo Apestegui
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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