Domingo 25 de Septiembre del 2016
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Opinión de Pedro Nueno
Iluminaríamos felicidad

Pedro-Nueno-pedro nuenoEsperanzando.
Hace unos días se inundaron los Encants y la noticia en la prensa me trajo recuerdos llenos de cariño. Cuando yo tenía once años mi padre se hizo con una parada en Los Encants. Era un emprendedor con un trabajo en lo que hoy es Fecsa, cobrando recibos de la luz casa por casa, y otro trabajo, comprando cosas al por mayor para distribuirlas al por menor. Entre las cosas que distribuyó, lo que le salió mejor fueron los productos de mercería y, además de distribuirlos a mercerías y a pequeños confeccionistas, se le ocurrió llegar al consumidor final con una parada en los Encants.

La llevaría una sobrina. Pero todos mis días de fiesta en el colegio y de vacaciones los pasaría ayudando en la parada. Si venía una señora que se estaba haciendo unas sábanas preciosas y quería ponerles bordados, es posible que, para hacerse una idea desenrollase varias piezas de cintas bordadas y las extendiese sobre la parada mirando cuál le gustaba más. Luego podría decir: “Tres metros y medio de esta” (la gente miraba la peseta y, por tanto, el centímetro). Cuando se iba, mi prima me decía: “Enrolla todo eso”. Y mi trabajo era volver a poner en su sitio aquellas piezas de bordados. También me decía que vigilase y que avisase si alguien pasando se llevaba algo.

No recuerdo que nunca nadie se llevase nada. La gente paraba, miraba, preguntaba y regateaba, pero recuerdo muy buen ambiente. Y aunque todo aquello era como muy frágil (cada día se montaba y se desmontaba todo guardándolo en una gran caja/armario), nunca hubo ninguna inundación.

Por aquellos internships no me pagaban nada, pero me parecía que hacía algo importante, que ayudaba a mi padre y, a pesar de mi temprana edad, aquello fue extraordinariamente formativo: cómo presentar los productos; cómo negociar con el consumidor dependiendo de quién y cómo fuese. Viéndolo hacer, naturalmente. En mi entorno infantil, mi familia y los padres de mis amigos trabajaban muchas horas, en muchas cosas.

Todo el mundo estaba dispuesto a echar una mano un fin de semana o una noche a otro que había logrado el pedido de pintar un piso, ponerle una instalación eléctrica o ayudar a alguien a cambiarse de casa llevándolo todo en un carro con un caballo.

Se trabajaba duro desde la pobreza, pero con la ilusión de ver un pequeño progreso cada día y una gran esperanza de mejora.

El sábado pasado por la noche, serían las 10, delante de un rascacielos en construcción en Shanghai había un grupo de trabajadores sentados en el suelo, en la acera delante de la obra, en su turno de cenar (tarde para ser China) con su casco y su chaleco amarillos. Se reían y se les veía felices. Mientras, en sábado por la noche, otros seguían trabajando en el edificio en el que se veían luces en algunas plantas con chispas de alguien que soldaba, ascensores en los que subían materiales y trabajadores.

Plena actividad y satisfacción. Pero, junto a aquella dureza, endulzándola, seguramente había mucha esperanza.

Al llegar aquí por la noche y venir del aeropuerto se ven bloques de viviendas sencillas iluminadas y no puedes evitar pensar que esas luces iluminan familias y que en más de un caso iluminarán tristeza.

Me da cierta pena ver como en China el Gobierno trata de hacer llegar financiación a las pymes y crear puestos de trabajo y como nos exprimen buscando ideas para más de esto y aquí seguimos sin que fluyan fondos a los proyectos capaces de crear trabajo y esperanza.

¿Por qué no le damos a esto más prioridad? Rajoy lo pide pero ¿qué hace para que pase? Devolvería esperanza. Iluminaríamos felicidad.

Pedro Nueno
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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