Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Entrevista a Álvaro Pascual Leone
Vamos ganando perspectiva y perdiendo concentración.

alvaro pascual leone-neurologia

“Madurez es trascender el yo hasta sentirte en el todos”.
Entrevista a Álvaro Pascual Leone, profesor de Neurología en Harvard

Tengo 52 años: pierdo concentración y gano perspectiva y, con ella, tolerancia y ecuanimidad para el goce de lo mínimo. Nací en Valencia, pero vivo entre Boston y España. Soy católico como Bakunin: somos seres contradictorios. Coopero con el Institut Guttmann y Neuroelectrics.

La edad nos hace sabios?
De niños establecemos conexiones muy densas entre los nudos más próximos de la red cerebral y, con los años, vamos perdiendo esa densidad y, en cambio, ganamos conectividad entre los nódulos más alejados.

¿Y eso cómo nos afecta?
Vamos ganando perspectiva y perdiendo concentración. Captamos mejor la totalidad del mundo y sus conexiones, pero perdemos capacidad para profundizar en él.

¿Y la perspectiva nos hace tolerantes?
Nuestro cerebro ve mejor todo el bosque y no sólo los árboles más próximos, y así toma distancia respecto a la realidad. Esa distancia nos permite relativizar cosas y tolerar.

Te enfadas menos pero con más razón.
Ganas capacidad de modular las emociones y pierdes intensidad al sentirlas: sufres menos, pero también gozas menos que antes.

¿Podríamos considerarlo madurez?
La madurez sería aprovechar la mayor perspectiva neuronal para descubrir la importancia -y el goce- de las cosas pequeñas.

¿Apreciar la inmensidad de lo mínimo?
Y con esa mayor amplitud mental saber trascender del yo al nosotros…

¡Eso sí que es la madurez!

… Pero la auténtica sabiduría es el paso del nosotros al ellos, es decir, al todos.

No sé si muchos llegarán tan lejos.
Pues es el auténtico goce de la edad: superar el culto al ego e incluso al nosotros para disfrutar como propio el éxito de ellos: es sentir como tuyo lo de todos y al revés.

Y que nada humano te sea ajeno.
Ver y sentir la conexión con personas con las que antes no establecías relación.

¿A usar todo el cerebro se aprende?
Es falso que no usemos todo nuestro potencial cerebral. En realidad, el cerebro está funcionando siempre a tope. Por eso consume una cuarta parte de nuestra energía en procesar información interna y externa.

¿Cómo funciona?
El cerebro fabrica el futuro: anticipa lo que va a suceder lanzando hipótesis, una especie de expectativa, que después contrasta con lo percibido e integra en la experiencia.

¿Cómo?
Más que en percibir, nuestro cerebro gasta esa energía en no percibir; es decir, en discernir: selecciona sólo lo que le interesa de todo cuanto percibe en cada momento.

¿Más que para ver algo, el esfuerzo mental consiste en no verlo todo?
Y al envejecer vas perdiendo capacidad de inhibición y, por lo tanto, de concentración.

¿Y si te entrenas mentalmente?
Bien. El ejercicio mental protege del deterioro cognitivo. Recuerde que la evolución nos ha diseñado para vivir sólo lo bastante para reproducirnos. El resto es tiempo prestado y hay que ganárselo con esfuerzo.

Pues cada vez nos presta más.
El ejercicio aprovecha la gran plasticidad cerebral para alargar la programación genética. Algunos, en el esfuerzo para suplir el deterioro cognitivo, segregan amiloides. Y a corto plazo sirven para estimular el cerebro, pero luego devienen residuos tóxicos.

Se los considera causa del alzheimer.
No son ellos los que causan la degradación neuronal, sino que la degradación ya se ha producido cuando son segregados en el esfuerzo para intentar superarla.

¿Qué se puede hacer para evitarla?

Aprovechar la enorme plasticidad cerebral: aprender idiomas, por ejemplo, tiene más efecto protector que algunas medicaciones.

¿Y las técnicas mentales tradicionales?
Meditar, yoga, ayuno… Logran beneficios probados en circuitos cerebrales concretos.

El ayuno ha caído en desuso.
Pues tonifica neurocircuitos. En general, la restricción calórica conviene al cerebro.

Más que comer lo justo para no engordar, se trata de comer lo justo para no adelgazar.

Yo creía que el placer rejuvenecía.
Aún más controlarlo: el gran ejercicio cerebral es el autocontrol, la disciplina mental.

Es fácil perderla y difícil adquirirla.
Por eso trabajamos en el Institut Guttmann, Harvard y Starlab con técnicas no invasivas de estimulación magnética transcraneal.

¿Con electrodos?
Simplemente electromagnetismo. Sin descargas electroconvulsivas. Tratamos con eficacia reconocida la depresión, por ejemplo. También daños neuronales por accidentes o ictus. Y el dolor neuropático.

Dicen que logran que un impedido encienda una tele por ondas cerebrales.
No es difícil. Poner en práctica estrategias tecnológicas para que la actividad cerebral encienda un electrodoméstico es trivial.

Pues a mí aún me parece increíble.
Ahora experimentamos para que tu pensamiento mueva tu avatar en una pantalla. Pero ese no es el verdadero reto. La meta es lograr que ese avatar sienta lo que tú sientes. Y más aún: lograr que tú sientas lo que te conviene en un determinado momento.

Me conformo con morir de viejo sin tener que llegar a vivir como un idiota.

Es el mayor desafío para todos: mantener la salud cerebral hasta la muerte. Y la buena noticia es que, en tan sólo cinco años, vamos a estar mucho más adelantados para prevenir el deterioro cognitivo.

Mera telequinesia
En el Institut Guttmann, Harvard y Neuroelectrics ya logran que los parapléjicos lleguen a encender la tele (y muevan la silla de ruedas) sólo con el pensamiento. Me maravillo, pero el doctor Pascual Leone lo considera trivial. Igual que cuando mueven sólo con la mente un avatar (representación de uno mismo) en una pantalla.

Me parece telequinesia milagrosa, pero el doctor lo juzga mero trámite tecnológico: se registra la actividad de la corteza neuronal y se diseñan algoritmos para descodificar esa señal. “El auténtico progreso -y ahora sí se pone serio- será lograr activar tus circuitos para que pienses mejor y hagas mejor lo que haces ahora y lo que debes hacer mañana”.

Lluís Amiguet
Publicado en: La Vanguardia

 

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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