Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Filtraciones: que la valentía no caiga en saco roto


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Sin informadores no habría privacidad.
El escándalo Prism ha revelado que la NSA actuaba en complicidad con empresas privadas y así tenía carta blanca para pisotear el derecho a la privacidad de las personas, incluso en Europa.

Ahora que las instituciones democráticas no pueden protegernos, sólo nos quedan los informadores para que los espías rindan cuentas.

Los políticos estadounidenses y británicos nos han asegurado que “los que cumplen la ley” no tienen por qué preocuparse, tras las revelaciones de las actividades de vigilancia masiva en Estados Unidos de llamadas de teléfono, correos electrónicos y tráfico en Internet. La recopilación electrónica de datos es un hecho “de carácter muy restringido”, insistía Barack Obama. David Cameron declaró que el comportamiento de los servicios de inteligencia británicos había sido totalmente “adecuado y correcto”.

Lo cierto es que, gracias al informante Edward Snowden, ahora sabemos que la Agencia Estadounidense de Seguridad Nacional recopila 200.000 millones de datos de inteligencia al mes, engullendo los registros de móviles de más de 200 millones de estadounidenses y haciendo uso de una enorme cantidad de correos electrónicos, búsquedas en Internet y chats de las mayores empresas de Internet en el mundo, a través de un programa llamado Prism.

Como es natural, la NSA ha estado compartiendo parte del fruto de sus actividades de espionaje sobre ciudadanos de Reino Unido con sus amigos del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno británico GCHQ, para que las autoridades británicas no se tuvieran que molestar en conseguir una orden judicial. Pero era algo que se había autorizado, como dijo al Parlamento el secretario de Exteriores, al parecer por él mismo. Así pues, tampoco hay nada que temer en este sentido.

Vigilancia exhaustiva y desenfrenada
Esta vigilancia exhaustiva y desenfrenada por supuesto constituye una burla al derecho a la privacidad, garantizada por la cuarta enmienda de la Constitución de Estados Unidos y ese ha sido el punto principal del debate desde que el Guardian comenzara a publicar las filtraciones.

Por mucho que un ciudadano cumpla la ley, son muy numerosos y están bien documentados los peligros de los “metadatos” telefónicos o de la web manipulados y atribuidos erróneamente a una persona. Y mientras que la interceptación de cartas es una práctica antigua de los servicios de inteligencia, Prism equivaldría a abrir, copiar y almacenar todas las cartas, por si pudieran ser incriminatorias en el futuro.

Pero este caso es una cuestión tanto de poder como de privacidad. La vigilancia y la inteligencia constituyen herramientas de control, tanto en cada país como en el extranjero.

El historial de su abuso por parte de los Gobiernos estadounidense y británico es largo, para subvertir y derrocar Gobiernos extranjeros, desde Irán a Chile, o para atacar los derechos civiles en casa, durante la Guerra Fría y desde los ataques del 11 de septiembre.

La NSA y el GCHQ, cuya colaboración es el núcleo de la “relación especial” entre Estados Unidos y Reino Unido, han sido claves en este asunto durante décadas. Su función de vigilantes globales es la piedra angular de la alianza de los “cinco ojos” integrada por Estados anglófonos (incluido Australia, Canadá y Nueva Zelanda) y que apuntala el poder mundial occidental dominado por Estados Unidos. Ambas agencias se fundaron para que espiaran al resto del mundo, pero además acabaron teniendo como objetivo a sus propios pueblos.

En esta situación hay dos elementos nuevos. El primero es el escándalo y el alcance de las actividades de la NSA, que hace que lo que era posible en el pasado sea una nimiedad. El segundo es la función vital de las empresas privadas en el emergente Estado de vigilancia global.

Las empresas privadas ayudan al Estado secreto
Las empresas han estado colaborando codo con codo con el Estado secreto, trabajando con los servicios de seguridad hasta la fecha para elaborar listas negras de sindicalistas y financiando organizaciones del movimiento obrero encubiertas durante la Guerra Fría.

Lo que ha cambiado es que la comunicación está en manos de las empresas.

Y las empresas cuyos servidores ha rastreado Prism son parte de gigantes estadounidenses de Internet, desde Google a YouTube.

Los documentos filtrados de la NSA afirman que las empresas colaboran, algo que ellas niegan.

Pero cualquier idea de que estas bestias de la evasión fiscal representan una nueva forma de democracia libertaria ha resultado ser abiertamente una sandez del márketing de ayer.

Pero al igual que la tecnología, el terrorismo es lo que ha impulsado la hiper-expansión del nuevo complejo industrial de la seguridad. Junto a la justificación sin sentido y omnipresente de la “seguridad nacional”, se hace referencia al terrorismo para justificar cualquier forma de innovaciones anti-democráticas. Y como nadie quiere acabar volando por los aires en autobuses o trenes, se aporta un revestimiento de credibilidad a organizaciones antes desacreditadas por espionaje.

En realidad, tanto la NSA como el GCHQ, junto a su pandilla de espías, fomentan y combaten el terrorismo a partes iguales. Son ellos los que proporcionan la inteligencia para los ataques con aviones no tripulados o “drones” que han matado a miles de civiles en Pakistán, Afganistán, Yemen y Somalia. Un paquistaní actualmente ha presentado un caso ante el Tribunal de apelación contra el GCHQ por haber proporcionado supuestamente la “inteligencia” para que la CIA realizara un ataque con drones en el que falleció su padre.

Falsas reivindicaciones de responsabilidadv
Y son los mismos servicios de inteligencia estadounidenses y británicos que han participado en torturas generalizas, en secuestros y otros delitos en la pasada década (así como en la escandalosa manipulación de los datos de inteligencia acerca de las armas de destrucción masiva iraquíes) los que ahora afirman protegernos contra algunas de las consecuencias.

En sus respectivos países, el GCHQ y la NSA se movilizaron para realizar actividades de espionaje y diversas artimañas contra la huelga de los mineros de los años ochenta, mientras que en los setenta, el Comité Church del Senado de Estados Unidos descubrió un abuso sistemático de los poderes de espionaje contra activistas de los derechos civiles y en contra de la guerra (así como magnicidios en el extranjero). El propio Frank Church advirtió entonces de que la capacidad de la NSA “en cualquier momento se podría volver en contra del pueblo americano”.

Esto es lo que sucedió en los primeros años de la administración Bush y lo que sucede ahora, en la presidencia de Obama. Y a juzgar por la experiencia, los abusos graves se multiplicarían si cualquiera de los Estados se enfrentara al cuestionamiento político o industrial.

Fracaso de las instituciones democráticas
Las alegaciones de que las agencias de inteligencia ahora son realmente responsables de sus actos, en lugar de estar sometidas a sellos ministeriales, tribunales secretos y comisiones, han demostrado ser en repetidas ocasiones tonterías. Pero las élites políticas tienen sus propias prioridades. En lugar de dar marcha atrás en la vigilancia masiva, los ministros británicos están intentando aprobar nuevas leyes para ampliarla.

Los servicios de inteligencia estadounidenses y de los aliados son instrumentos de poder y dominio interno y global, más allá de las cuestiones de terrorismo. Curiosamente, las filtraciones demuestran que el Estado europeo que parece ser el principal objetivo de la NSA es el gran motor económico de Alemania, lo que ha generado una ráfaga de cautelosas protestas entre los políticos alemanes.

Las instituciones democráticas han fracasado de forma espectacular a la hora de pedir cuentas a las operaciones de inteligencia y militares de Estados Unidos y otros Estados occidentales.

Así pues, lo único que nos queda es ese grupo de soplones, desde Cathy Massiter y Katharine Gun hasta Bradley Manning y Edward Snowden.

Ahora debemos asegurarnos de que su valentía no caiga en saco roto.

Seumas Milne
Fuente: The Guardian-Presseurope

1 comentario

  1. conxita ruiz Responder

    Creo que nunca las instituciones “democráticas” han protegido a las personas, creíamos que era así porque vivíamos en la ignorancia absoluta. Siempre han protegido a los poderosos, lo que pasa que como vivíamos en una burbuja que finalmente ha acabado por explotar, ahora tenemos la sensación de que han dejado de hacer, algo que en realidad nunca han hecho, que es vigilar por el bien común. Estamos en un tiempo en que todo se acelera y los paradigmas que teníamos hasta ahora han quedado desnudos en su esencia y por primera vez nos damos cuenta que hemos de cambiar nosotros para que esto también cambie. Toda la información está siendo revelada y los secretos y mentiras que mantienen a los que siempre han ostentado el poder están siendo desvelados, ello todavía no les debilita porque se aferran a sus privilegios y utilizan todas sus armas a su alcance, pero sólo el despertar de una masa crítica cualificada será suficiente para que nuestro paradigma cambie y busquemos el tan ansiado bien común.

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