Martes 27 de Septiembre del 2016
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Divas en un un macroconcierto por los derechos de las mujeres


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Noche de ruido y divas en Londres.
No es fácil encontrar la traducción literal al español de la palabra inglesa chime. Pero las barreras lingüísticas quedaban sepultadas por el fragor de la multitud que ayer recibió la actuación de Beyoncé que cerró el concierto benéfico The Sound of Change, organizado por Chime for Change. “Hacer ruido por el cambio” vendría a ser el eslogan de esta campaña y las 52.000 personas que, según la organización, llenaban el estadio de rugby de Twickenham (Londres) se esmeraron en encarnar el mensaje cuando la actriz Salma Hayek y la diseñadora Frida Giannini presentaron a la cantante poco después de las nueve de la noche.

Las tres lanzaron en febrero una campaña patrocinada por Gucci que busca fondos y notoriedad para proyectos que defiendan los derechos de las mujeres en tres frentes: educación, salud y justicia.

El evento musical de ayer servía para presentarla y, de paso, recaudar 4,3 millones de dólares (unos 3,3 millones de euros) gracias a la venta de todas las localidades. El concierto, en el que Beyoncé ejercía de directora artística, estaba organizado por Harvey Goldsmith que fue responsable del emblemático Live Aid junto a Bob Geldof. Una cita que en 1985 recaudó 140 millones de libras y marcó a una generación.

Beyoncé cantó At last de Etta James, como en la gala que celebró el primer mandato de Barack Obama, sobre frases de Rosa Parks, Diana de Gales o Oprah Winfrey. Durante 45 minutos repasó los hitos de su carrera, desde Survivor (tema de Destiny’s Child) hasta Single ladies o Who run the world. Un vídeo con imágenes de su vida cotidiana en el que aparecía su hija y una versión de I will always love you encandiló a la entregada audiencia.

“Esta noche trata de compartir y educar para que estemos un paso más cerca de la igualdad”, defiende la artista, quien destaca que las mujeres asumen el 66% del trabajo en el mundo pero solo reciben el 11% de los ingresos.

Su actuación incluyó un dúo con Jay Z, su marido, en Crazy in love y puso fin a una gala de cuatro horas en la que abundaron las parejas y los golpes de cadera.

Timbaland compartió escenario con Simon Le Bon, versionando Reflex de Duran Duran. Y una neumática Jennifer López, tal vez consciente de que tenía en Beyoncé una difícil competencia para la velada, lo dio todo en una remezcla de sus grandes éxitos que culminó con Come together, de los Beatles, junto a Mary J. Blige. Sentada sobre un trono tapizado con la bandera británica y bastón en mano, López entregó una desmelenada On the floor y se despidió entre una lluvia de confeti. Entre la docena de participantes también los hubo más comedidos, como Florence and The Machine, Rita Ora, Jon Legend o Laura Pausini.

Fuera por la competencia o por otra cosa, lo cierto es que la mayor diva de la noche no cantó. Madonna cogió el micrófono, pero solo para unirse a James Franco, Jessica Chastain o Blake Lively como presentadora. Vestida de negro y con tono autoritario, pidió silencio al exaltado público para presentar a la activista Humaira Bachal y a la cineasta Sharmeen Obaid Chinoy, que ha realizado un documental sobre la paquistaní. “Mi revolución aspira a alcanzar un mayor grado de conciencia. Hoy es el principio de esta revolución. ¿Estáis conmigo?”, gritó Madonna mientras anunciaba que doblaría cualquier donación que Catapult recibiera para Humaira. Esta plataforma de financiación colectiva es parte fundamental del proyecto ya que permite que cada donante elija a qué organización se destinará su aportación.

Antes del concierto, Salma Hayek explicaba a este diario que la tecnología supone una gran oportunidad para cambiar algunas de las peores estadísticas sobre la situación de la mitad de la población del planeta.

“Millones de niñas y mujeres todavía luchan por sus derechos más elementales. Siete de cada diez sufren algún tipo de violencia física o sexual. Cada día, mueren ochocientas en el embarazo o el parto. Hoy conocemos estas historias a tiempo real. En la era de la información, ya no hay observadores inocentes. Todos somos responsables y tenemos las herramientas para actuar y saber a dónde va el dinero”.

Fue el príncipe Harry quien, a las seis y con puntualidad británica, dio la bienvenida al estadio a los asistentes a través de un vídeo. Mientras, en el reservado para autoridades se producía una singular concentración de miembros de su muy peculiar familia, en la que tampoco escasean las mujeres de carácter.

La exmujer de su tío, Sarah Ferguson, analizaba sin disimulo a la parroquia junto a sus dos hijas, Beatriz y Eugenia, acodadas en una mesa alta. A unos pasos de ellas estaba una sonriente Pippa Middleton, hermana de la cuñada de Harry, con un grupo de amigos. Entre tanto, la representante de otra casa real, la de Mónaco, Carlota Casiraghi, se servía pequeños sándwiches de berros ajena a la admiración que su presencia despertaba en la sala. No era fácil sentirse una diva en semejante noche.

Eugenia de la Torriente
Fuente: El País

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