Lunes 26 de Septiembre del 2016
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La crisis del periodismo y el futuro


medios-periodicos-diarios-crisis de diarios-crisis de medios-medios de comunicacionRecetas para el periodismo.
Ante la dictadura de la rapidez a toda costa, quien tiene la primicia es “el primero que lo cuenta bien”
Si usted está leyendo este texto en una página impresa de Cultura/s, eso significa que el periodismo escrito no ha muerto. Es más, a 300 años del nacimiento del primer diario y a 100 de la eclosión de la prensa de masas, todavía goza de buena salud, aunque las nuevas tecnologías y la crisis económica la están obligando a repensarse y abrir nuevos caminos.

Los cinco libros recientes que analizan el fenómeno concuerdan en la gravedad de la situación y plantean diferentes caminos para garantizar la supervivencia de un producto -el periodismo escrito- que acompañó el desarrollo de la democracia en Occidente.

Los ingredientes incluyen siempre unos puñados de preservar lo mejor del periodismo del siglo XX y unos gramos de adaptarse a los nuevos tiempos, pero los cócteles no tienen el mismo sabor.

De cuando se bebía
Ya que estamos hablando de cócteles, empecemos por Enric González. Memorias líquidas nos recuerda la época de oro del periodismo escrito español e, indirectamente, defiende la importancia de recuperar algunos de sus valores. Sí, en esa época se bebía mucho, pero también se escribía con la elegancia y la fuerza de las que estas memorias son un claro ejemplo. González, formado en El Correo Catalán y uno de los mejores reporteros de aquel nido de grandes escritores que fue El País en el último cuarto del siglo pasado, cuenta sus inicios, repasa su recordada carrera como corresponsal internacional y brinda claves sobre el apogeo y declive de su cabecera. Por detrás de las filias y fobias personales del autor, surge el retrato colectivo de un equipo dotado de cultura, tiempo y dinero para trabajar bien y la sensación de estar cumpliendo una misión valiosa para la consolidación de la democracia.

La independencia de los medios
Lluís Bassets también es un veterano de la época de gloria de El País, pero en su caso, ni se fue ni se siente agraviado. El hoy director adjunto del matutino pone su potente lupa en el peligro que supone la actual crisis para la pérdida de independencia de los medios. Lo que está en peligro para Bassets es el viejo acuerdo tácito por el cual los periodistas cuentan con honestidad y veracidad lo que ocurrió y lo ordenan según su importancia y relevancia, para que los lectores sepan y entiendan. Y así puedan actuar en una democracia.

“No hay sociedad democrática sin consenso compartido sobre hechos verificables y sin disenso sobre las opiniones que merecen estos hechos”, advierte Bassets. “La muerte pelona del periodismo es esa paradoja que vivimos ahora cuando nos quieren hacer creer que las opiniones son sagradas y los hechos discutibles”.

El título del libro, El último que apague la luz, es más un desafío y un grito de alerta que una rendición.

Bassets echa una mirada lúcida en derredor, analiza la promesa y el peligro de los blogs, de las investigaciones de Wikileaks y del nuevo fenómeno de los “medios soberanos” como Al Jazeera, para recordar que con formas cambiantes y nuevos planes de negocio, el valor supremo del periodismo tiene que seguir siendo la independencia. Y que las opiniones son libres; los hechos, sagrados.

¿Qué pintan los periodistas?
José María Izquierdo, antiguo director de CNN+ y actual responsable del influyente blog El ojo izquierdo, cuenta con datos y argumentos muy bien hilvanados una historia similar sobre la crisis económica del periodismo, pero se dirige especialmente a los jóvenes profesionales. Les pregunta: ¿Para qué servimos los periodistas? (hoy). Izquierdo ve el problema desde otro ángulo: si todos pueden informar y opinar gratis en la red, no es sólo un problema para los medios que aspiran a cobrar por su producto. Es una competencia dura para los periodistas profesionales. ¿Qué pintamos en este tiempo donde nuestros textos y fotos y vídeos se mezclan con los de todo el mundo?

Lo único que puede salvar a los periodistas, aunque se hundan muchos medios antes sólidos, es la calidad y el rigor ético de su trabajo.

Y en esto tienen ventaja las respetadas cabeceras. Pero Izquierdo alerta que hoy nos tenemos que ganar nuestro derecho a existir, y hay que hacerlo informando más y mejor. “Hacerlo bien, extraordinariamente bien”, concluye el veterano periodista. “Y cumplir con los más exigentes criterios profesionales de rigor, veracidad, independencia de cualquier tipo de presión y respeto por la intimidad de las personas. Esta es nuestra fuerza, nuestra razón de ser”.

Con fecha de caducidad
Ante esta disyuntiva, el responsable de contenidos audiovisuales de El Periódico de Catalunya Xavi Casinos postula que el periodismo riguroso y la adaptación a las nuevas tecnologías no solo salvarán a los periodistas de la nueva horneada, sino que pueden incluso evitarle el naufragio a algún viejo periódico. Su receta es que los empresarios de diarios vean que su negocio no es ni puede ser ya vender ejemplares, sino vender información. El libro agrega a los llamados por el respeto a la experiencia de la plantilla, la independencia y la calidad profesional que postulan sus colegas, el valor de la innovación tecnológica aliada con formas rápidas, atractivas y aliadas con el mundo multimedia y de redes sociales donde ya se encuentran los jóvenes.
El título parece el de un cuento de Sherlock Holmes: El misterio del yogur caducado.

Se refiere a que los diarios parecen hoy yogures a los que les llegó la fecha de caducidad y que se venden en los supermercados al lado de otras estanterías donde se ofrecen otros yogures frescos y gratuitos, que son, por supuesto, los contenidos de Internet.

Casinos aporta al debate la experiencia de medios extranjeros que se lanzaron a cobrar por contenidos distintos, nuevos, actualizados, tecnológicamente avanzados. ¿Alguno recuperó la salud financiera de antes del 2007? Ninguno. Pero están en el camino de la reinvención. Y si no hay reinvención, el destino es la extinción de la que advertía Bassets.

La dictadura de la rapidez
Por último, el volumen colectivo Queremos saber junta las voces de 12 periodistas, la mayoría jóvenes pero ya curtidos, y muchos de ellos corresponsales y enviados especiales en guerras y conflictos. El más enjundioso y profundo de los textos pertenece a Ramiro Villapadierna, Qué pasó mientras estábamos fuera. Mientras los grandes viajeros del periodismo español representados en este libro, como Villapadierna, Pilar Requena, Javier Espinosa, Marc Bassets, Mayte Carrasco o el mismo Enric González, enviaban grandes crónicas e iluminadores análisis, en varias de las casas matrices las cosas iban mal (y en algunas muy mal).

El recurso ingenioso del hijo pródigo que vuelve para encontrarse la casa hecha unos zorros y preguntar qué ha pasado le sirve al veterano corresponsal en los Balcanes para repasar la crisis de la prensa. La mayoría de estos ensayos destacan un aspecto de la crisis que les afecta personalmente: el desmantelamiento de las corresponsalías en una época en que se necesita más que nunca. Por supuesto, hay grandes excepciones, como The New York Times de EE.UU., The Guardian de Londres o La Vanguardia de Barcelona, que no desmontó sus corresponsalías y mantuvo en plena crisis a muchas de sus firmas de prestigio, como Tomás Alcoverro en Beirut, Henrique Cymerman en Israel o el malogrado Joaquín Ibarz en México. Hoy como ayer, cuanto más alejado el conflicto, más necesitamos el contexto y el análisis que aportan los buenos corresponsales.

Como dice Ramón Lobo en su epílogo pasional, ante la dictadura de la rapidez, vale cada vez más la definición de García Márquez: quien tiene la primicia no es el primero que lo cuenta, sino “el primero que lo cuenta bien”.

¿Cuál es la dimensión real de la crisis de los medios, del periodismo y de los periodistas? ¿Hay un exceso de pesimismo en las visiones elaboradas desde las empresas que han llevado peor la crisis? ¿Qué será de los diarios en las siguientes décadas? ¿Qué formas y modelos de negocio acompañarán al periodismo de profundidad y calidad? ¿Podrán ganarse la vida los excelentes periodistas que se inician en la carrera? ¿Cuál será el modelo de negocio? ¿Qué ciudadanía, qué democracia se formará con las nuevas formas de comunicarse?

Cada uno a su manera, estos cinco libros aportan elementos que responden estas preguntas. En las variaciones en las respuestas se nota que por fin esta profesión ha tomado con seriedad tanto su papel en la crisis como su responsabilidad en hallar respuestas. Corren tiempos duros, pero apasionantes para el periodismo.

Roberto Herrscher
Fuente: La Vanguardia

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