Lunes 26 de Septiembre del 2016
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Cocinas para países evitar enfermedades


fogones-cocina para pobres-cocina sin intoxicacion
Fogones contra la deforestación.
El proyecto también persigue reducir la deforestación, pues el combustible procede de la tala de árboles
Mouhsine Serrar atracó el jueves en Barcelona después de navegar durante 110 días por aguas de medio mundo: de San Diego a Hawái, Japón, Shanghai, Vietnam, Birmania, India, Mauricio, Sudáfrica, Ghana, Marruecos… con otros diez emprendedores.

Una travesía para mostrar sus proyectos, y de paso buscar inversores, impulsada por el Unreasonable Institute, una incubadora de ideas de Colorado (EE.UU.) que ha tutelado a estos once promotores de iniciativas con elevado impacto social.

Serrar ha “vendido” este fin de semana en Barcelona sus cocinas diseñadas para rebajar hasta en un 80% el consumo de combustible (leña y carbón, principalmente) y reducir de media un 70% las emisiones de gases tóxicos que en los países en desarrollo matan cada año a cuatro millones de personas, la mayoría mujeres y también niños, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El humo que emana de esa suerte de fogatas alimentadas por leña o carbón en el interior de viviendas de África, Asia y Latinoamérica es letal. Es el caldo de cultivo de graves enfermedades pulmonares. A la contaminación se suma otro pernicioso impacto, la deforestación, pues el combustible procede de la tala de árboles.

“La amenaza más importante a la que se enfrentan los bosques de la R. D. del Congo es la deforestación para hacer carbón”, cuenta Serrar para remarcar la importancia de reducir el combustible en la cocina. La empresa creada por Serrar en el 2008, Prakti Design, fabrica fogones en India desde donde se distribuyen a este mismo país, a Nepal y a Haití. Este ingeniero mecánico nacido en Marruecos diseña en el terreno, se instala largas temporadas en Nepal, la R.D. de Congo, India o Haití para conocer de primera mano las necesidades de las familias y crear así la cocina más adecuada para cada comunidad.

“Necesito estar cerca del consumidor, les pido que me dejen quedar en sus viviendas para ver cómo viven, qué comen, qué cazos utilizan, la estética que les gusta, si guisan dentro o en el exterior… Ahora no tengo domicilio fijo, no tengo casa, voy de un sitio a otro”, contaba el jueves, unas horas después de su llegada a Barcelona, punto y final de la travesía.

Antes de poner en marcha Prakti Design, adquirió experiencia en otras empresas de este sector y también en la agencia de cooperación alemana, aunque sus comienzos fueron en el mundo de la telefonía móvil.

“Mi cambio de vida fue una liberación, soy feliz diseñando cocinas, es gratificante y adictivo porque constato que tiene una repercusión en la sociedad”.

“Ahora, vendemos unas 10.000 unidades al año, el 60% a agencias de la ONU y a oenegés que abastecen escuelas y campos de refugiados, y el resto a particulares. Calculamos que damos servicio a un total de 250.000 personas”, explica Serrar. Con 600.000 dólares (461.000 euros) puso en marcha la empresa que ahora emplea a 60 personas, sobrevivió los cuatro primeros años sin sueldo y ahora busca inversores que aporten los 800.000 euros necesarios para llegar a producir cinco millones de cocinas en los próximo cinco años.

Mirando en su ordenador portátil la fotografía de una mujer de Bangladesh, sumida en una intensa humareda mientras aviva el fuego de una hoguera, en el interior de su casa, exclama que cada comida que se prepara según los sistemas tradicionales equivale a inhalar el humo de 20 cigarrillos. Dos comidas, 40 pitillos por 365 días al año. “Con nuestros fogones reducimos de promedio un 70% las emisiones tóxicas, pero con los modelos con chimenea la contaminación cae a cero”, apunta.

Una cocina como la que Mouhsine Serrar muestra en la foto de la izquierda cuesta 50 dólares, un precio considerable para muchos bolsillos pero que se amortiza rápidamente por precisar mucho menos combustible que las convencionales. “El 30% de los ingresos de una familia de Haití se destinan a comprar carbón o leña, con nuestra cocina se ahorran 250 dólares al año”. concluye.

Rosa M. Bosch
Fuente: La Vanguardia

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