Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Terapia contra la negrura


Dar malas noticias.
Los mensajes negativos, aunque no nos afecten directamente, generan incertidumbre, una visión catastrofista de la vida y del futuro y afectan a nuestra salud. Estas son algunas pautas para afrontarlos sin perder la cabeza.

Por cada ración de malas noticias, deberíamos alimentar nuestra mente con material positivo y motivador.

Las sociedades que nos prece­dieron fueron víctimas de toda clase de plagas, hambrunas y epidemias que se cebaban en la población. En el primer mundo, más allá de nuestras carencias materiales, hoy día, otra clase de plaga azota el in­consciente colectivo. Vamos a hablar de las malas noticias con las que nos bom­bardean los medios de comunicación y que nos han instalado en un escenario de pánico y desazón.

En el actual estadio de la crisis, mu­chas personas se preguntan por qué Mariano Rajoy elige también los viernes para dar malas noticias por televisión.

Los especialistas en medios de comuni­cación consideran que el viernes por la tarde es el mejor momento para dar no­ticias negativas, ya que el impacto en la opinión publica es menor que en el resto de días laborables.

Una de las razones que se esgrimen es que el sábado hay un bajo consumo de periódicos y, por tanto, el recorte de turno quedará diluido entre las noticias deportivas que protagonizan los periódicos de fin de semana.

Esta práctica no es exclusiva de los Gobiernos que aprietan el cinturón a los ciudadanos. También muchos des­pidos en las grandes empresas se comu­nican en viernes por la tarde.

Podría pensarse que la razón es per­mitir al empleado reponerse del disgus­to durante el fin de semana. Sin embar­go, el motivo suele ser otro muy distinto. Un despido anunciado en viernes por la tarde, cuando los empleados ya se van a casa, provoca una alarma mucho me­nor que hacerlo un lunes por la mañana, con lo cual la noticia se convertiría en la comidilla de toda la semana.

BOMBAS DE NEGATIVIDAD
“Es un hecho que las malas noticias venden más periódicos que las buenas” (Peter McWillianis)

En un informe sobre el tema firmado en 1993 por Bor, Millar, Goldman y Scher se definieron las malas noticias como aquellas “situaciones en las que existe una sensación de falta de esperanza, una amenaza al bienestar mental y físico, un riesgo de alteración del estilo de vida, o cuando un mensaje transmite una dis­minución de las opciones sobre la vida”.

Esto es lo que sucede cada vez que nos muestran las cifras desesperantes de desempleo, la caída de las Bolsas o una prima de riesgo astronómica, lo cual se suma a noticias de guerras re­cientes o incipientes, atentados, las amenazas del cambio climático y tantas otras bombas de negatividad.

Aunque la persona expuesta a es­tas noticias se halle en buena situación económica y viva en un país alejado de los conflictos, el torrente negativo le afectará sin duda. Esta clase de estímu­los transmiten incertidumbre sobre el futuro inmediato y dan una visión ca­tastrófica sobre el ser humano y el mun­do en el que vive.

Prueba de ello es el estudio que, hace una década, llevó a cabo un equi­po de investigación de la Universidad de California en la población de Irvine. Analizaron la salud psíquica de 1.322 ciudadanos antes y después de los aten­tados del 11 de septiembre de 2001, así como los efectos psicológicos del inicio de la guerra de Irak en 2003.

El 12% de las personas que partici­paron en el estudio mostraban un agu­do estrés postraumático a causa de los atentados del 11 de septiembre, y e17% presentaban una situación psicológica similar a causa de la guerra de Irak.

Estos resultados llamaron la aten­ción de los investigadores, sobre todo porque los sujetos estudiados no te­nían relación ninguna con ambos su­cesos.

A partir de estos datos se llegó a la conclusión de que las personas que se exponen varias horas al día a imágenes y escenas violentas, sea a través de las noticias o de películas, son más suscep­tibles de padecer trastornos depresivos o relacionados con la ansiedad.

Se trata de efectos secundarios indeseables de los que se debería advertir a los espec­tadores, del mismo modo que en los pa­quetes de tabaco se alerta sobre los pe­ligros para la salud del hábito de fumar.

PÁNICO A PERDER EL TRABAJO
“Si quieres conquistar el miedo, sal y mantente ocupado”. (Dale Carnegie)

En un artículo del doctor Ricardo Fer­nández divulgado por la Cámara de Zaragoza, este autor hace referencia al estado de amenaza constante al que está sometida la población debido a los periódicos e informativos. Ahora mis­mo, los temidos ERE, los despidos o los cierres de empresas ocupan en nuestro país el primer lugar entre los disparado­res de la angustia.

En palabras del propio Fernández: “distintas investigaciones en Europa y Estados Unidos muestran que las regu­laciones de empleo y los despidos colec­tivos tienen consecuencias para la salud tanto de las personas que pierden su empleo como de las que lo conservan”. Para este ensayista, los que no sufren en propia carne la pérdida de empleo sí pa­decerán las secuelas psicológicas de las “malas noticias” en su entorno inmediato.

Estas son las principales causas del estrés de un trabajador en tiempos de crisis:

INCERTIDUMBRE. El hecho de que el entorno laboral se deteriore rápidamen­te y su evolución sea imprevisible co­loca al trabajador en un escenario mental de provisionalidad que lo hace muy vulnerable.
PESIMISMO. La comunica­ción de amenazas por parte de las empresas -frases como “la extra de esta Navidad está en peligro”- afectan de forma directa al estado de ánimo de los trabajadores y, por tanto, a su rendi­miento.
DESMOTIVACIÓN. Todo aluvión de malas noticias debería verse compen­sado por mensajes positivos por parte de las instituciones y de las mismas em­presas. Si solo informamos de lo que va mal y obviamos los buenos logros que tienen lugar cada día, el resultado será un ambiente de apatía y negatividad.

TERAPIA CONTRA LA NEGRURA
“Siempre empiezo los periódicos por las páginas de deportes, que recogen los logros humanos. La portada suele contener solo nuestros fracasos” (Earl Warren)

Vistas las consecuencias de las noticias negativas para el estado de ánimo, va­mos a proponer un programa para blin­darnos de esa plaga mental sin por ello vivir en la desinformación:

Limitar las malas noticias a una do­sis diaria. A los lectores de prensa les basta con una lectura de su periódico para tener una panorámica de lo que sucede en el mundo. No es necesario reforzar los mensajes negativos visitan­do las mismas noticias en otros medios una o dos veces más a lo largo del día.

Primar las secciones que nos pro­ducen bienestar. Si tenemos el estado de ánimo bajo, podemos elegir aquellas secciones del diario o del noticiero sin contenidos catastrofistas, como cultura, ciencia o deportes.

Evitar la exposición a la violencia. Se ha demostrado que las imágenes de masacres, guerras y atentados -también si son de ficción- afectan directamente a la salud de nuestros nervios.

Compensar la negatividad con contenidos de signo opuesto. Por cada ración de malas noticias deberíamos alimentar nuestra mente con material positivo a través de artículos, vídeos de conferencias o libros motivadores.

Elegir cómo nutrimos la mente. Co­mo norma general, en la medida en que decidamos lo que entra en nuestra con­ciencia tendremos mayor control sobre nuestro estado de ánimo y evitaremos los bajones por los estimulos negativos.

EL PODER DE LA FICCIÓN
“Cada poema o novela terminan con una puerta abierta” (Michael Ondaatje)

¿Quién no se ha sentido alguna vez su­perado por la realidad? Suceden tantas cosas terribles a nuestro alrededor, que a menudo nos sentimos abrumados, sin fuerzas para enfrentarnos a la comple­jidad de los problemas que nos rodean.

Contra ese sentimiento, la humani­dad ha disfrutado desde los inicios de la cultura de un remedio infalible para eva­dirse de cualquier panorama desolador y nutrirse de energía inspiradora: la ficción.

Homero alentaba a los suyos de viva voz con las heroicas aventuras de Ulises. Los cuentacuentos chinos han llenado los sa­lones de té desde hace milenios con histo­rias que hacían reír, temblar o reflexionar.

Contra la tiranía de lo prosaico y lo negati­vo, elegir una buena novela, alquilar una película con capacidad de entusiasmar­nos o escuchar un disco son remedios siempre eficaces que despiertan nuestras mejores emociones y son antídotos segu­ros contra el fatalismo y la ansiedad.

La buena noticia de la mala noticia
Los expertos en comunicación interpersonal insisten en que cada mala noticia que se transmite debería ir acompañada de una buena que sirva de apoyo al receptor para digerirla.

Un ejemplo práctico sería una persona que cuenta a su pareja que se ve obligada a cerrar su negocio. La mala noticia sería esa, pero la buena es todas las compensaciones positivas que puede comportar; más tiempo libre, la oportunidad para repensar su profesión y quizás nuevas iniciativas.

De esta manera damos un mensaje de dos caras, en lugar de comunicar una tragedia paralizante.

PARA CONTRARRESTAR
UN LIBRO
El mago; de John Fowies (Anagrama).
Esta novela iniciática del autor de La mujer del tenientes francés tiene como protagonista a un joven profesor en crisis que encontrará en una isla griega, a través de un oscuro personaje, todas las revelaciones que un ser humano necesita conocer para descubrirse a sí mismo y empezar (o no) desde cero tras cualquier catástrofe.

UN DISCO
Life is people; de Bill Fay (Dead Oceans).
Gran sorpresa de esta temporada, el retorno tras 41 años de este mito de la música británica es un canto a la esperanza y a la humanidad. Todo un bálsamo para tiempos revueltos, con una inolvidable versión de Jesus, etcétera, de Wilco.

Francesc Miralles
Fuente: El País

2 comentarios

  1. jesus suarez Responder

    me parece que la mejor terapia contra la negrura es cortar de tajo con noticieros y periodicos que son los encargados de bombardearnos con ese terrorismo noticioso ,adrnar la cuestion con la forma en que se lee el periodico no soluciona nada

  2. Terapia contra la negrura Responder

    […] Visto en: En Positivo […]

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