Sábado 01 de Octubre del 2016
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La felicidad ha pasado a considerarse un bien público


La energía positiva.

Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, mandó hace un año una carta a un centenar de líderes políticos, en la que les deseaba un feliz año 2012.

La misiva, que recibieron personalidades tan dispares como Obama, Merkel, Rousseff o Putin, iba acompañada de un libro.

Pero no era un tratado de política o de economía, sino un ejemplar de El libro mundial de la felicidad. Van Rompuy lo justificaba diciendo que, como líderes planetarios, les pedía que convirtieran la felicidad y el bienestar de las personas en una prioridad de sus gobiernos, pero también les incitaba a pensar positivamente porque quienes lo hacen poseen más resiliencia, toman decisiones correctas más a menudo, negocian mejor y tienen más confianza en sí mismos.

La ocurrencia del político belga causó sorpresa, pero sobre todo desconcierto en estos dirigentes. Sin embargo, no parece que el libro les animara a liberar la energía positiva que esperaba el presidente del Consejo Europeo.

Un año después, se diría que o no han leído el opúsculo o no les ha servido de nada. El profesor de la UAB Albert Figueras acaba de publicar Pura felicidad (Plataforma), donde resalta que pedir a los gobernantes que promuevan la felicidad es algo que empieza a considerarse normal y que esa intención no resulta una aspiración de personajes que no tienen los pies en el suelo.

Según Figueras, el pensamiento positivo fue abordado por primera vez por Martin Seligman y gracias a seguidores entusiastas como Tal Ben-Sahar, de la universidad de Harvard, las cosas han empezado a cambiar en ámbitos como la gestión de personas o el ambiente de trabajo, lo que permite deducir que tarde o temprano influirá en la manera de gobernar.

El cuarto rey de Bután, un pequeño país en medio de la cordillera del Himalaya, afirmó que la Felicidad Nacional Bruta era más importante que el Producto Interior Bruto. Lo que pareció un arrebato de ingenuidad oriental, ha acabado apareciendo en discursos de mandatarios europeos como Sarkozy o Cameron.

En Bután están convencidos de que el crecimiento económico no debe ser un objetivo en sí mismo, sino algo derivado de políticas educativas, del desarrollo de infraestructuras y de la creación de puestos de trabajo. La felicidad ha pasado a considerarse un bien público.

Estos días acaba de darse a conocer una encuesta de Adecco, según la cual el 71,5% de los españoles prefiere la estabilidad en el empleo a la felicidad. No se trata de una contradicción, sino que la felicidad no es sólo una cuestión de oxitocina, sino de estabilidad emocional, y el trabajo resulta prioritario para la realización personal y también para la supervivencia.

Este año Van Rompuy podría enviarles a los mismos dirigentes otra carta felicitando el 2013, con un ejemplar de La conspiración de los idiotas. A ver si esta vez se dan por aludidos.

Marius Carol
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. ann taylor Responder

    {Geistheilung auch: geistige Heilung, geistiges Heilen, paranormale Heilung ist ein Oberbegriff für eine Vielzahl h?chst unterschiedlicher alternativmedizinischer, esoterischer, religi?ser oder magischer Behandlungsmethoden, die sich nicht in die wissenschaftliche Medizin oder die klassische Psychotherapie einordnen lassen.| Im heutigen Zeitalter streben die Menschen nach dem Wissen der Geistheilung

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