Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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La felicidad como un estado de goce


“La felicidad es una tormenta de placer, motivación y confianza”
entrevista a Albert Figueras, autor de la “Pura Felicidad”.

Ser feliz es saludable. Con este subtítulo tan contundente el doctor Albert Figueras (Barcelona, 1961) publica Pura felicidad (Plataforma Editorial), un libro realizado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad en el que se analiza el impacto positivo que sobre nuestra salud tiene el bienestar subjetivo.

Figueras, especialista en farmacología clínica y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, estudia además su expresión en el cerebro, las relaciones sociales, el engaño de la percepción, el papel de la medicina, el pensamiento abstracto, el placer o la pasión. En estas fechas navideñas, en las que las emociones se intensifican, conviene reflexionar sobre la función de este estado y la posibilidad de instalarnos permanentemente en sus efectos.

Pregunta.- ¿Cómo entiende la felicidad la neurobiología?
Respuesta.- Entendemos la felicidad como un estado de goce duradero y profundo; este estado se manifiesta en una manera de pensar, de comportarse y de relacionarse con los demás y con el mundo.

Si ponemos el ojo en el microscopio para describir lo que acontece en las neuronas mientras una persona se siente feliz, probablemente tendremos que hablar de una especie de tormenta de los neurotransmisores relacionados con el placer, la motivación y la confianza, mientras que habrá escasez de sustancias como el cortisol o transmisores relacionados con la angustia y la respuesta a situaciones de estrés.

P.- ¿Dónde se encuentra la felicidad en el cerebro?
R.- Es interesante mirar el cuerpo humano (y, por tanto, también el cerebro) como uno de esos maravillosos móviles de Alexander Calder: cuando tocas una pieza, toda la escultura acaba zarandeándose. Aunque numerosos estudios tratan de identificar situaciones diversas con la estimulación de áreas concretas del cerebro o la participación de neurotransmisores específicos, la realidad es que no existe ninguna hormona ni ninguna zona cerebral “de la felicidad”.

P.-¿Podría llegar a definirla desde el bienestar subjetivo?
R.- Es un estado de la persona; podríamos imaginarla como un mosaico formado por distintas emociones positivas, la suma de algunos momentos de placer, una pizca de tranquilidad, buena adaptación a la incertidumbre, poca sensación de miedo inmediato y motivación. Aunque el hecho de ser conscientes de que nos encontramos bien es algo que depende de cómo interpretamos este estado gracias a nuestras estructuras cerebrales (probablemente la corteza frontal), no creo equivocarme demasiado al sugerir que el bienestar subjetivo se encuentra en la persona en su conjunto.

P.- ¿Qué impacto tiene el estrés o el miedo?
R.- Repercuten sobre el aparato digestivo; la ansiedad interfiere el funcionamiento del sistema cardiovascular y, quizás, todas estas situaciones impactan sobre el sistema inmunológico.

Por el contrario, el bienestar favorece que estos órganos funcionen mejor; por este motivo, sugiero considerarlo una respuesta general del organismo.

P.-¿Puede estimularse? ¿Cómo se contabiliza la felicidad en nuestra química corporal?
R.- Hay numerosas situaciones y actividades que nos hacen sentir bien o que estimulan la producción de sustancias que acaban teniendo un efecto positivo. Por ejemplo, el contacto con los demás, sonreírse, abrazarse o tocarse, parece que estimula la secreción de oxitocina. Esta pequeña neurohormona se ha involucrado en el aumento de confianza entre las personas y en ciertos efectos protectores cardiovasculares frente al exceso de cortisol producido por el estrés.

Otro ejemplo: parece que estímulos procedentes de elementos de la naturaleza (la visión de árboles o plantas; el ruido de los pájaros o de las olas) modifican por unos instantes las vías que utilizamos normalmente cuando estamos concentrados (en el trabajo, al conducir, al ir de compras o frente al ordenador); estos elementos actúan como si se tratase de un conmutador que le permiten cierto reposo reparador al cerebro. En otro ámbito, el ejercicio regular (ya sea correr, nadar, ir en bicicleta o acudir a un gimnasio), se relaciona con la producción de endorfinas, que tienen numerosos efectos beneficiosos sobre el organismo.

P.- ¿Es la felicidad un patrimonio exclusivo del ser humano?
R.- Probablemente, lo que sea exclusivo del ser humano es reflexionar sobre lo que llamamos felicidad, sus consecuencias y cómo conseguirla (o cómo tratar de robarla o impedirla).

Con seguridad, lo que es exclusivo del ser humano es el hecho de colocar la etiqueta “felicidad” a este estado.

Sin embargo, los animales sienten placer y sienten dolor, buscan lo que les hace sentir bien, huyen de lo que les atemoriza y carecen del estrés crónico que padecemos los humanos a causa de la urbanización progresiva. Además, especialmente entre algunos primates superiores, se producen situaciones de altruismo y tienen la idea de la justicia y la injusticia. Quizás no seamos tan distintos, en el fondo, si dejamos de lado el hecho de tener una tecnología punta, un lenguaje mucho más evolucionado y (quizás) el sentido de la ética.

P.- ¿Diría que es una cuestión de voluntad?
R.- No es exclusivamente cuestión de voluntad. Hay algunos factores que influyen sobre el bienestar y no dependen sólo de nosotros, como las enfermedades que padecemos, el dolor que sentimos o la autoestima que tenemos. Corresponderían al componente genético y a la personalidad; este sería el “punto de partida” de cada uno. Además, todos tenemos unas circunstancias que inicialmente son poco modificables (como la educación, la seguridad o tener las necesidades básicas cubiertas), aunque con el tiempo podemos controlar algunos aspectos.

Sin embargo, hay unas cuantas cosas (¡los investigadores consideran que suman un nada despreciable 40%!) que sí podemos cambiar para mejor: relaciones sociales, conductas (como la actividad física o la consciencia del presente), cuestiones cognitivas como la gratitud, aficiones e intereses, valores sociales, filosofía de vida o tener una existencia con objetivos y sentido. Todo ello depende de nosotros; en estos aspectos, sí podemos hacer que los vientos nos sean favorables.

P.- ¿Se puede ser feliz en tiempos de crisis?
R.- Sí. Quizás cuesta más que en momentos de bonanza y aparente seguridad, pero sí es posible ser feliz en momentos de crisis, aunque la intensidad del bienestar pueda verse mermada por las dificultades del entorno y los problemas de los demás.

La felicidad es algo que sentimos íntimamente, pero que, para ser completa, deberíamos fomentar o lograr colectivamente, como sociedad. La felicidad entendida como bienestar profundo va más allá de la individualidad.

Un momento social y económico delicado (igual que el dolor físico crónico o la soledad) es un factor que dificulta alcanzar un estado de bienestar subjetivo. En situaciones así, el reto está en tratar de buscar el bienestar como punto de apoyo para lograr dar la vuelta a los acontecimientos.

Identificar el bienestar como puerto de abrigo frente a las tempestades y tener fuerza para modificar lo que nos ha conducido hasta este punto.

P.- Últimamente se han publicado estudios sobre los efectos de la meditación. ¿Influye este hábito sobre la salud y la felicidad?
R.- Sí, se han publicado en algunas revistas científicas. Parece que la base de los efectos beneficiosos de la meditación radica en el hecho de dedicar periódicamente un tiempo a cambiar el foco de atención y tener un espacio que permite recuperar los efectos de la respuesta al estrés crónico. En este sentido, probablemente las personas que meditan puntúen más en las escalas de bienestar y felicidad. Se está estudiando si el estado mental logrado durante la meditación consigue alterar algunos neurotransmisores.

Albert Figueras es especialista en farmacología clínica y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Javier López Rejas
Publicado en: El Cultural

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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