Jueves 29 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2

Devolver la esperanza a los jóvenes europeos


Creemos un Erasmus del empleo.

La crisis deja de lado a 14 millones de jóvenes europeos sin trabajo ni formación, pero nadie habla de ellos en las discusiones sobre el presupuesto de la UE. ¿Y si dedicáramos algo de dinero para integrarlos en el mundo laboral a través de la Unión?, propone un consultor francés.

Gracias a la crisis de las “subprimes”, conocemos a los Ninja de Estados Unidos (acrónimo de “no income, no jobs, no assets”, es decir, sin ingresos, sin trabajo y sin propiedades). Pero ¿conocen a los “ni-nis” de Europa?

Los “ni-nis” tienen entre 15 y 29 años y no tienen ni empleo, ni trabajo, ni formación profesional. No hay que irse muy lejos para encontrarse con un “ni-ni” entre la familia, entre los amigos o en el barrio: en Europa son 14 millones. Uno de cada seis jóvenes.

Ahora bien, estos “ni-nis” empiezan a costar caro: 153.000 millones de euros anuales por no generar beneficios, según un estudio de la agencia europea Eurofound. Es más que el presupuesto anual de la Unión Europea (142.000 millones de euros).

Erasmus, único triunfo tangible
Hablando del presupuesto, ¿habrán seguido los “ni-nis” europeos estos últimos días la farsa de las negociaciones inconclusas sobre el presupuesto para los próximos seis años? ¿Saben que la Europa de Bruselas, al contrario de lo que podríamos pensar en estos tiempos de crisis y de austeridad, es inmensamente rica? ¿Tan rica que tiene pensado distribuir nada más y nada menos que un billón de euros en los próximos seis años? 420.000 millones para la agricultura. 300.000 millones se destinarán a la “cohesión para el crecimiento y el empleo”, que es en realidad la transferencia de las regiones supuestamente ricas hacia las supuestamente pobres, y a quién importa (a) si 15 departamentos franceses registran un PIB por habitante inferior al de Grecia; (b) si los 350.000 millones transferidos estos seis últimos años han tenido efectos dudosos en la cohesión (véase el caso de Grecia), en el crecimiento (se espera un -0,3% en 2012) y en el empleo (25 millones de parados en la Unión).

58.000 millones serán para “la Europa como potencia global”, aunque globalmente se haya encontrado muy ausente, al carecer de una Europa de la defensa, en la resolución de todos los conflictos y asuntos recientes (Libia, Siria, Israel-Palestina, Irán). Y no olvidemos los 56.000 millones en gastos administrativos de la Unión.

Personalmente creo que es posible otra política presupuestaria. Consistiría en dejar de subvencionar los errores y el pasado de la Unión, para empezar a interesarse por fin por su futuro, es decir, por sus jóvenes y por los “ni-nis” prioritariamente.

Todo el mundo sabe que los dirigentes de la Unión, centrados en la defensa de sus intereses nacionales o burocráticos, prevén simple y llanamente suprimir el programa Erasmus, el único triunfo concreto de verdad, tangible y paneuropeo de la Unión Europea de los últimos años.

Desde su creación en 1987, el programa Erasmus ha permitido a tres millones de estudiantes europeos estudiar en uno de los países de la Unión, con una subvención muy modesta para sus estudios (250 euros al mes).

Esto ha contribuido a crear un espíritu y una realidad europeos, al contrario de lo que nos proponen hoy, es decir, el repliegue tras las fronteras nacionales, la ausencia de proyectos para las nuevas generaciones, la gestión a corto plazo de las urgencias financieras.

Desde su creación, el programa Erasmus ha costado 4.100 millones de euros, que es menos que los errores de pago en la ejecución del presupuesto de la Unión Europea en 2011 (4.900 millones de euros).

Inversión de futuro

¿No creen que ha llegado el momento no de enterrar el programa Erasmus, sino de ampliarlo, proponiendo un Erasmus para el empleo?

Este programa subvencionaría cada año, por qué no hasta los gastos sociales, un millón de contratos de un año de duración en el sector privado, empleos de verdad en la economía de mercado. Con ello, cada año, un millón de jóvenes europeos tendrían la oportunidad primero de trabajar y además de hacerlo en un país de la Unión.

Esto significa viajar, aprender a trabajar en otra cultura, otro idioma. Olvidarse de los nacionalismos estrechos y los proteccionismos mortales para vivir la Europa de las empresas, más que la de las burocracias.

Suponiendo que se pague un sueldo medio de 20.000 euros anuales y unos gastos sociales del 40 %, estamos hablando de una subvención de 8.000 millones de euros anuales. ¿De verdad que es demasiado pedir que se destine un 6% del presupuesto de la Unión Europea para una inversión así?

Aquí les daríamos la razón a los partidarios del rigor y del control presupuestario de la Unión: el presupuesto de un billón de euros es un insulto a los Estados, a los hogares y a las empresas que realizan esfuerzos drásticos para reducir sus déficits o sus gastos.

Pero si hay una inversión que debemos mantener y ampliar, es sin duda la inversión en nuestro futuro. Al crear un programa Erasmus para el empleo se podría devolver la esperanza a los jóvenes, crear una dinámica de crecimiento para todos en Europa y reforzar el espíritu europeo.

Además, este programa mejoraría la competitividad de las empresas europeas, al reducir los gastos de las nuevas contrataciones. Por último, devolvería la legitimidad a las instituciones europeas tan alejadas hoy de la realidad de las empresas y de la gente.

Edouard Tétreau
Fuente: Les Echos-Presseurope

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>