Martes 27 de Septiembre del 2016
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¿Adónde se ha ido el espíritu olímpico?


Paralímpicos.
Si hubiera que dar nombre a la cobertura mediática que han tenido los Juegos Paralímpicos sólo podríamos decir una palabra: desgana. No resulta elegante que cuando los deportistas paralímpicos dicen en voz alta que están ahí, en el mismo podio que ocuparon grandes como Bolt o Phelps, nos hagamos el sueco. ¿Cuántos de ustedes vieron la ceremonia de inauguración y cuántos de ustedes seguirán este domingo la de clausura?

Para mucha gente, estos Juegos ni siquiera han existido. Dejemos de lado el asunto de la dignidad y el mérito de esos atletas, porque suele esconder un paternalismo deprimente. Ver nadar a una parapléjica como Teresa Perales, contemplar cómo salta la australiana Kelly Cartweight con una sola pierna u observar cómo vuela en el agua el chino Wei Yanpeng, sin un brazo, en una competición de 100 metros mariposa constituye en sí mismo todo un espectáculo emocionante, sobrecogedor, único. Entonces, ¿por qué no nos interesa?

Indiferencia. Esa puede ser una explicación.

Desde la óptica de las secciones de Deportes de la prensa, la radio y la televisión se trata de un grupo de humanos extraordinarios, cierto, pero que no merecen su atención porque quedan fuera del circuito del deporte de élite.

No encajan, vamos. Mientras la princesita Ronaldo esté triste o el bueno de Neimar nos dé un titular, qué más da lo que esos paralímpicos hagan en Londres.

El deporte que gusta a las masas es el de los cuerpos perfectos. Divinos. Que nos importa un rábano esta gente que ahora se bate el cobre en Londres quedó más que claro ayer mismo, cuando el premio Príncipe de Asturias del Deporte fue a parar a las manos de Casillas y a los pies de Xavi, y no al comité internacional paralímpico.

El olimpismo sólo quiere correr con dos piernas, sin prótesis. ¿O no es eso lo que se nos quiso decir cuando se apagó la antorcha sin esperar a los Juegos Paralímpicos? Y es así como conocemos hasta la talla de zapatillas que calzan los medallistas olímpicos y absolutamente nada de los paralímpicos. Asómense, por favor, a una vida cualquiera de esos otros que compiten en esos otros Juegos que casi nadie sigue.

Da igual, quédense con cualquiera de ellos, y comprobarán nuestra angostura mental al creer que el milagro es que Bolt pueda correr a la velocidad de un rayo.

El milagro es que esos atletas, los otros, esos grandes desconocidos, compitan con todas sus limitaciones físicas con la aparente simpleza con la que uno respira. Lo sublime no siempre tiene que ser bello.

Citius, altius, fortius. Más rápido, más alto, más fuerte. ¿Adónde se ha ido el espíritu olímpico?

Susana Quadrado
Fuente: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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