Martes 27 de Septiembre del 2016
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EE.UU sí está mejor que hace cuatro años


Obama: “Los tiempos han cambiado, y yo también”.
Barack Obama planteó anoche las elecciones del 6 de noviembre como una batalla ideológica, una disyuntiva entre dos modelos contrapuestos, un pulso que definirá el futuro de la primera potencia mundial. En el discurso de clausura de la convención demócrata, el presidente de Estados Unidos avisó de que su propuesta electoral exigirá esfuerzos a sus conciudadanos, pero llevará al país hacia “un lugar mejor”, una nueva de prosperidad, empleo y oportundides tras una década de paro, deuda y recesión.

En Charlotte (Carolina del Norte), el presidente puso de relieve los contrastes con su rival, Mitt Romney, pidió cuatro años más para concluir el trabajo que comenzó en el 2009 y consolidar la frágil recuperación económica, ridiculizó a los republicanos y se presentó como un líder experimenta capaz de impulsar el resurgimiento de la primera economía mundial.michelle obama, democratas

No fue el mejor discurso de una convención con momentos de excelencia retórica. Obama, lejos de la brillantez oratoria de la campaña del 2008, buscó la eficacia: definir el campo de juego de una campaña que se jugará en el debate sobre el papel del Estado en la economía y sobre el futuro de las clases medias, que en la última década han visto cómo se erosionaban sus posibilidades para prosperar.

“Los tiempos han cambiado –dijo Obama tras referirse al discurso que le lanzó a la fama, en la convención demócrata del 2008–. Y yo también. Ya no soy sólo un candidato. Soy el presidente”. En otro momento, afirmó: “La elección de hace cuatro años no era sobre mí. Era sobre vosotros. Mis conciudadanos: vosotros fuisteis el cambio”.

Tras el discurso en el que aceptó la nominación, hoy arranca la etapa más intensa de la campaña para las presidenciales del 6 de noviembre, con los sondeos igualados y la economía en el centro del debate. El discurso de anoche incluye una lista de objetivos en sectores como la industria manufacturera (un millón más de empleos para el 2016), las exportaciones (doblarlas en el 2014), la energía (600.000 empleos en la emergente industria autóctona del gas natural y una reducción a la mitad de las importaciones de petróleo al final de la década) y la educación. El plan también prevé invertir en la economía de EE.UU. el dinero ahorrado con la retirada de Iraq y Afganistán.

La mayoría no son propuestas nuevas, pero reflejan la intención de ofrecer una visión de futuro detallada ante los reproches de que la campaña para la reelección se limita a descalificar al contrario y a culpar al republicano George W. Bush del entancamiento económico.

El plan económico pretende también evidenciar la ausencia de propuestas detalladas en la candidatura republicana.

El largo pasaje dedicado a la política exterior subrayó, por contraste, la mención superficial a esta cuestión en el discurso de nominación de Romney la semana pasada.

“Mi oponente y su compañero de candidatura son novatos en la política exterior”, constató. La única mención a Europa: “Hay que contener la crisis de Europa”.

La economía centró el discurso. No tanto el balance cuestionable de estos cuatro años, que el día anterior el expresidente Bill Clinton se había encargado de reivindicar, como el contraste entre las propuestas demócratas y la republicanas.

Los republicanos abogan por rebajas de impuestos a los ricos, recortes sociales y un intervencionismo público mínimo que libere las fuerzas creativas del libre mercado. Los demócratas sostienen que sólo el Estado -con sus inversiones y su papel regulador– puede ejercer de garante de que todos los ciudadanos puedan cumplir el sueño americano.

“Cuando todo esté dicho, el día de escoger la papeleta, afrontaréis la elección más clara en una generación. En los próximos años, en Washington se adoptarán grandes decisiones, en el empleo y la economía, los impuestos y los déficit, la energía y la educación, la guerra y la paz”, dijo Obama. “Será una elección entre dos caminos diferentes para América. Una elección entre visiones fundamentalmente diferentes para el futuro”.

El Obama que se dirigió a los miles de delegados, invitados y periodistas congregados en el pabellón cubierto Time Warner Cable Arena –un recinto más modesto que el previsto hasta el miércoles, el estadio Bank of America– no es el mismo que hace cuatro años ganó las elecciones con un mensaje de tonos místicos.

Ahora es un líder pragmático que se apoya en el aura de un viejo rival, Bill Clinton. Lastrado por el paro elevado y una economía que arranca a duras penas, atrapado en un Washington en el que los consensos con los republicanos son casi imposibles, Obama se esfuerza por encontrar un mensaje ilusionante para los votantes –jóvenes, hispanos, centristas…– que le catapultaron a la Casa Blanca.

“Insistimos en la responsabilidad personal y celebramos la incitiativa individual. El éxito no es un derecho adquirido. Nos lo tenemos que ganar”, dijo el presidente. “Nosotros no creemos que el Estado sea la fuente de todos nuestros problemas”.

Obama señaló, entre las diferencias con sus oponentes, las rebajas de impuestos que propone Romney y el plan de reforma de Medicare, la sanidad pública para mayores de 65 años.

La semana pasada, los republicanos llegaron a su convención, en Tampa (Florida), con reparos sobre el candidato Romney, un político distante, con un déficit de empatía y un pasado moderado que le hace sospechoso a ojos de las bases. En el campo demócrata, cualquier atisbo de división se esfumó tras la victoria del 2008.

En Charlotte, el objetivo del Partido Demócrata era doble. Primero, suministrarse a sí mismos una inyección de confianza ante la campaña más difícil de un presidente desde George Bush padre en el 1992. Y segundo, proyectarse al resto de EE.UU. como el partido que mejor refleja la diversidad y las aspiraciones del país.

Obama subió al estrado de un pabellón electrizado después de tres días de discursos que han disparado la moral de los demócratas. Entre los factores que pueden desequilibrar la campaña, los debates y la sucesión de cifras económicas. Hoy se publica el dato del paro en agosto.

La primera dama Michelle Obama –el martes– y el expresidente Clinton el miércoles por la noche demostraron por qué son los mejores activos del presidente en esta campaña. Michelle respondió en su discurso a la pregunta “¿quién es el presidente?”. La respuesta explícita: un norteamericano común, un hombre como vosotros. Y la implícita: no como el multimillonario Romney.

Clinton respondió al clásico “¿estamos mejor que hace cuatro años?”. La respuesta: sí, aunque queda camino por recorrer. El expresidente argumentó que Obama heredó del republicano George W. Bush un “desastre total” y que ha sentado las bases para una “prosperidad compartida”. Nadie –y mucho menos el presidente– vende como Clinton hizo ayer los logros de Obama: desde la reforma sanitaria hasta el plan de estímulo fiscal.

Pocos son capaces de desarticular, como él, los aspectos más controvertidos del argumentario del Partido Republicano y de exponer las contradicciones de Romney en cuestiones como la reducción del déficit o la reforma sanitaria. Y lo hace desde la credibilidad que le concede el haber dejado el país, en el 2001, con un superávit y pleno empleo que la Administración republicana dilapidó en unos años.

“¿Estamos mejor que hace cuatro años?”, preguntó Clinton a los delegados en otro momento. “¡Sí!”, respondió el pabellón.

Marc Bassets
Fuente: La Vanguardia

1 comentario

  1. Antton Responder

    ¿Y Libia, también está mejor que hace cuatro años? ¿Y Palestina, Afganistán, Irak, Siria o cualquiera de las víctimas del imeperialismo asesino yankee? ¿Y Guantánamo?
    Obama ha incumplido sus promesas como cualquier otro político sometido al verdadero gobierno mundial de las corporaciones y los sionistas. Obama ha sido el “negro más blanco” que han tenido los EE.UU.
    Me parece repugnante este artículo propagandístico. Dice mucho del trasfondo de la web que lo publica…

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