Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Viaje al centro de Internet


Internet: un viaje a las entrañas de la bestia.
El periodista de tecnología Andrew Blum acaba de publicar un libro que intenta comprender la realidad física de Internet. “Tubos, un viaje hacía el centro de Internet” indaga sobre cómo está construida y quiénes son los que mantienen en funcionamiento la red de redes. Lejos de existir en una “nube”, Internet es real, física y humana, asegura.

Un día hace unos años el periodista Andrew Blum perdió la conexión a Internet en su hogar en Brooklyn. Llegó un técnico y empezó por revisar el módem. Siguió, con Blum de sombra, al cable por donde salía a la calle y allí se dio cuenta de que el problema era que una ardilla había mordisqueado el cable. Este evento cotidiano le provocó a Blum una epifanía. Se dio cuenta, súbitamente, que Internet era un objeto físico, una cosa. Decidió seguir el camino de ese alambre hasta que lo llevara al centro del Internet.

Su libro Tubos, un viaje hacía el centro de Internet (Tubes, a journey to the center of the Internet) es el cuento de esa búsqueda.

La Red no tiene un centro, por supuesto. Pero lo que descubrió Blum es extraordinario. Lo extraordinario, en rigor, es que la realidad física de una cosa de uso tan ubicuo y cotidiano sea un misterio para la mayoría de sus usuarios.

Dice Blum: “Internet es la construcción tecnológica singular más grande de nuestra existencia diaria. Está viva y visible en todas las pantallas que nos rodean. Es tan real y activa como cualquier gran ciudad. Dos mil millones de personas la utilizan diariamente. Y, sin embargo, físicamente hablando, es como si fuera inmaterial.”

El título del libro de Blum (que aún no esta traducido al castellano pero se consigue como un eBook) se refiere a fallido de un senador estadounidense, de Alaska, llamado Ted Stevens. Hablando en el Senado el 28 de abril del 2006 respecto a una legislación sobre el negocio de proveedores de Internet, Stevens dijo, “Internet no es algo que simplemente montas sobre otra cosa. No es un camión. Es una serie de tubos.”

Con esta descripción Stevens se convirtió en el hazmerreír de hackers, nerds y fanáticos de la Red de todo los Estados Unidos. Irónicamente, Blum descubrió que el pobre senador (murió en una caída de un avión en Agosto del 2010) tenía razón. Dice Blum: “He confirmado, con mis propios ojos, que Internet es muchas cosas en muchos lugares. Pero una cosa que sí es, en todos los lugares donde existe, es una serie de tubos.

Hay tubos debajo del mar que conectan Londres con Nueva York. Tubos que conectan Google con Facebook. Hay edificios llenos de tubos, y cientos de miles de caminos y vías de trenes que tienen tubos corriendo a sus lados. Todo lo que haces en línea viaja dentro de un tubo.

Dentro de esos tubos, en general, hay fibras de vidrio. Y dentro de esas fibras, luz. Y, codificado dentro de esa luz, estamos –cada vez más– nosotros.”

Hablamos con Blum por Skype sobre su nuevo libro.

-En el libro hace un recuento sobre su viaje iniciático en el cual llega a conocer esta enorme infraestructura. Quería saber si en este viaje, además, llegó a conocer algo nuevo e inesperado sobre la naturaleza humana…
-Lo que siempre me ha asombrado de este tema es el hecho de que Internet es el gran sistema emergente. No hay un plan central. No hubo una sola empresa o individuo que organizó su crecimiento. Y cada red, dentro de Internet, funciona autónomamente. Cada red hace lo que quiere e intenta servir sus propios intereses, pero al mismo tiempo, cada red en Internet no sería nada sin sus conexiones con todas las otras redes.

Entonces hay un maravilloso equilibrio, cuando funciona, entre los intereses de una red individual y los intereses de todas las redes en conexión haciendo una gran unidad. Y creo que eso es una visión esperanzadora sobre la naturaleza humana y una visión tal vez diferente para la historia humana.

-¿Saber sobre esto (la infraestructura de Internet) no tendría que ser parte de la cultura general de una persona hoy?
-Sí, estoy de acuerdo. Estoy continuamente asombrado por cuán poco conocemos sobre cómo funciona nuestro mundo, físicamente hablando. Y también me asombra cuán rápidamente la tecnología con cual convivimos se ha instalado en nuestras vidas. Por ejemplo, los teléfonos han estado en uso por, más o menos, cien años. Pero el teléfono móvil es un cambio realmente fundamental en cuanto nuestra relación con nuestro entorno físico. Y en particular los smartphones con los que estamos siempre conectados, y tenemos todos estos canales de comunicación, que muchas veces son muy íntimos, o si no bien políticos o amplios… todos nos entran por el mismo dispositivo. Y nuestra atención está siempre dividida. Ese cambio ha sido tan rápido que no hemos realmente reflexionado sobre qué significa.

-El periodista Nicolas Carr escribió un libro titulado “Superficiales” en el que cuestiona si el uso de Internet no nos está cambiando a nivel neurológico…
-Sí, es verdad. Estoy de acuerdo con lo que argumenta en ese libro. Internet está realmente cambiando la manera en cual pensamos.

La experiencia increíble que yo tuve escribiendo el libro fue que salí de Internet para conocer a Internet. Visitaba uno de estos lugares, un centro de datos, por ejemplo, o un lugar donde salía un cable submarino a la tierra, y apagaba mi teléfono y lo guardaba. Me pasaba un día entero hablando con personas y experimentando la vida sin estar conectado a la Red.

-Cuando hablaba con estos administradores de redes, o los técnicos, ¿encontró que ellos tienen una filosofía o una mirada humanística sobre el trabajo que hacen? ¿O son simplemente técnicos pensando en problemas pragmáticos?
-Una de las cosas que me gustó mucho de los administradores de grandes redes sobre los que escribí es que son diferentes de los típicos técnicos de soporte informático. En parte es porque hay una cierta diplomacia necesaria en lo que hacen. No sólo tienen que administrar su propio sistema, sino que también tienen que conectar sus redes a otras redes. Entonces siempre están negociando entre ellos; siempre tienen que tener en cuenta las necesidades de las otras redes además de las de ellos mismos. Eso los lleva a ser muy empáticos.

La segunda cosa que me llamó la atención es que ellos tienen una imaginación bien geográfica y específica. Tienen que tener en cuenta cómo está conectado el mundo real para poder armar redes eficientes.

-Hay ideas futuristas y medio New Age que proponen que Internet podría despertarse. Cobrar conciencia propia. ¿Qué opina de esas ideas como de ciencia ficción?
-Creo que están equivocadas y, en realidad, me aterrorizan. Una de las cosas sorprendentes al escribir sobre Internet desde el punto de vista de la infraestructura fue darme cuenta de cuánto depende su funcionamiento de acciones humanas. Todo parece muy automático, pero eso sólo es porque cada enlace entre redes es negociado y mantenido por ingenieros de redes. Me llamó mucho la atención cuán humano es ese proceso. Siento que los momentos en los que se vuelve menos humano se convierte en algo más oscuro. Esto lo vi más específicamente en la actitud de Google, por ejemplo. Es una empresa que cree tanto en el poder de datos y de algoritmos… Tiene en su cultura una fundamental falta de inteligencia emocional. Esto me da mucho miedo.

-¿Google tiene demasiado poder?
-Tanto en mi libro como en mis presentaciones públicas he sido muy crítico de Google. Y me ha sorprendido cuánto apoyo han tenido esas críticas. Hay muchos factores emocionales en este rechazo, pero hablando desde el punto de la infraestructura de Internet esto es lo que me preocupa: si la idea es que tiene que haber un equilibrio entre el interés de una red autónoma y el interés de la red en conjunto, lo que hace funcionar todo esto es que no hay una red que sea desmedidamente grande y poderosa. Uno de los grandes riesgos para el funcionamiento de Internet como un lugar extrañamente libre es que una red tenga demasiada dominancia.

-El título de su libro alude al fallido del senador Ted Stevens, que en realidad no era un fallido. Pero hay otro fallido famoso de George Bush, que habló de “los Internets”, en plural. ¿Hay, o podrán llegar a haber, varios Internets?

-En realidad creo que “Internets” es una mejor palabra que Internet. Porque reconoce que no es una entidad singular sino que es está hecha de varias piezas.

Hace poco escuché hablar al comandante de la OTAN, el admirante Stavridis; y él hablaba de “los internets”. Y no fue un fallido sino una cosa bien deliberada. Y creo que eso fue en referencia al hecho que el Ejército tiene un Internet propio aparte del Internet civil.

-¿Cuántas personas hay que realmente entienden a Internet en todas sus facetas? Mejor dicho, ¿cuál es el número de personas que realmente hace funcionar Internet?
-Bueno, por ejemplo, en Microsoft estuve hablando con alguien… Microsoft tiene 90.000 empleados en todo el mundo. Su grupo de redes, los que administran la red corporativa mundial de Microsoft, involucra a 200 personas. Y de esas 200 personas en el grupo de redes, cinco están encargados de conectar la red de Microsoft con otras redes. Hay cinco personas de 90.000 empleados de Microsoft que tratan el tema que era central de mi investigación: la gente responsable de conectar las redes una a la otra.

-¿Cuál es la amenaza más grande para la salud y estabilidad de Internet?
-Las amenazas cibernéticas son reales. Es un sistema tan integrado que falta mucho trabajo aún para hacer que sea seguro en términos de cosas que pasan a nivel de software. Pero, como contrapartida, la red física es muy robusta y muy sólida. No veo que algo pueda amenazarla desde ese lado.

Andrés Max
Publicado en Ñ-Clarín

 

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