Sábado 01 de Octubre del 2016
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La personalidad de Vicente del Bosque


Vicente del Bosque, un señor entrenador.
Vicente Del Bosque es un señor muy educado, paciente y amable, como ha escrito Martín Garzo. Y David Trueba también ha tenido a bien recordar que el técnico salmantino es “un paciente irrompible”. No es un mérito cualquiera en una sociedad ruidosa y que tiende a premiar la negligencia en lugar de la rigurosidad, cosa que también está dicha, por Sergi Pàmies. Hay que recordar la personalidad de Del Bosque, ni que sea para elogiar su capacidad de sobrevivir al periodismo, sobre todo al deportivo, normalmente, más a gusto con el conflicto y la controversia, más interesado en el personaje que en el cargo y el sentido de la representación de quien lo ocupa.

Institucionalmente, Del Bosque es un técnico impecable, en el Madrid y en España, en el Bernabéu y en el Camp Nou, con los periodistas de Madrid y de Barcelona, y ante los aficionados de Sevilla o de Bilbao. Nunca fue sectario, siempre se dejó decir de todo, para bien o para mal, y jamás reclamó ningún derecho de autor, porque no se siente dueño de nada y en cambio participa de todo.

Agrandar su leyenda como persona afable ayuda a recordar valores en decadencia, como el del respeto y el sentido común, así que es de agradecer tal como está de alborotado el patio. El elogio de su talante, en cualquier caso, no debe ser un recurso para evitar hablar de su obra ni olvidar que es un señor entrenador.

Hay veces en que conviene recordar que fue jugador y entrenador del Madrid y que ahora es el seleccionador de España. Y, sobre todo, es menester hacer saber que ha ganado la Liga y la Champions, que también es campeón del mundo y que hoy puede serlo de Europa. Aunque el currículo es inédito y grandilocuente, parece el más común de un técnico, ni que sea porque nunca presumió de títulos, ni ha tenido una oficina de propaganda, ni se alineó con un grupo mediático. A cambio, ha habido un cierto interés en obviar, silenciar o menospreciar sus méritos, e incluso se hizo chifla con el mote que le pusieron en algunos ambientes futbolísticos: El Forestal.

Las convocatorias no son una faena cualquiera en un país tan complicado y dual como el español. Tampoco es fácil cantar la alineación y después acertar con los cambios. No es sencillo evitar que la crítica discuta sobre la delantera y el doble pivote y en cambio se repare menos en que una defensa totalmente nueva que solo ha encajado un gol. Y no se recuerda a un entrenador que sea tan respetuoso con el pasado de sus antecesores y el intervencionismo de sus jugadores sin perder la autoridad, que nada tiene que ver con el autoritarismo. “No vamos a discutir por eso”, respondió tras acceder a que Cesc tirara el quinto y no el segundo penalti contra Portugal.

Las cosas fluyen con naturalidad alrededor de Del Bosque, experto en el laissez faire, siempre un paso por detrás de los futbolistas, protagonistas exclusivos de los éxitos de la selección. Justo cuando la prensa internacional presagiaba una guerra fratricida en La Roja, después de las trifulcas vividas en los duelos Barça-Madrid, jugadores como Casillas y Xavi asumieron su responsabilidad y han convivido en una serena paz, nada que ver con cuanto ha ocurrido con selecciones dirigidas por técnicos más rimbombantes como Blanc en Francia y Van Marwijk en Holanda.

Muy pocos entrenadores han sido tan respetuosos con un equipo campeón y una idea futbolística triunfadora. Y es que el truco de la selección está en su carácter solidario y el compromiso, no en el divismo.

La buena conservación del patrimonio no significa ser inmovilista. Puede que Del Bosque no sea un innovador ni un extraordinario estratega, pero tampoco es un seleccionador cualquiera, un simple interino o funcionario, que se beneficia de un plantel excelente. La vida está llena de grandes plantillas que no alcanzaron la gloria por culpa del entrenador. Los jugadores acostumbran a decir que el buen técnico es aquel que no hace malo a un buen equipo.

Del Bosque nunca estropeó nada ni a nadie, e incluso disimuló situaciones comprometidas como puede ser la situación física de algunos jugadores, y siempre procuró que todos se sintieran a gusto en la selección, para después ceder los focos a los jugadores.

Hay un dato revelador: su querido hijo Álvaro habla de él como padre, como el mejor padre del mundo, y no como el mejor entrenador, porque cuando quiere hablar de fútbol se refiere a Xavi o a Llorente, a los jugadores de la selección española. Vicente Del Bosque es un señor entrenador.

Ramon Besa
Publicado en: El País

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