Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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El egoísmo y la irresponsabilidad de la economía deben dar paso a la cooperación


“Nadie debe cobrar más de 20 veces el salario mínimo”.
Entrevista a Christian Felber, padre de la economía del bien común.

Debemos resolver la contradicción ética entre los valores de los mercados capitalistas (afán de lucro y competencia) y los principios constitucionales que recoge, entre otras, la Constitución de Baviera.

“Toda actividad económica sirve al bien común”.
La economía del bien común es un sistema económico alternativo completo. Hoy se han adscrito al movimiento y aplican el modelo 717 empresas en 15 países, tres bancos europeos, 129 organizaciones y 50 políticos.

¿Y en qué consiste su modelo?
Está basado, como la economía de mercado, en empresas privadas. La diferencia estriba en que las empresas no compiten entre ellas, sino que cooperan para conseguir el mayor bien común a la sociedad en su conjunto.

¿Y cómo se consigue eso?
Cambiando las reglas del juego político. El éxito económico no se mide por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el PIB, sino por el balance del bien común. Hoy una empresa puede ser exitosa agravando los problemas sociales y ecológicos.

Destrozando el medio ambiente.
Sí, y pisoteando los derechos humanos, empleando mano de obra infantil, desviando sus beneficios a paraísos fiscales o presionando mediante lobbies para promover leyes que vayan en su propio beneficio.

Algo debe cambiar.
El 80% de los alemanes y el 90% de los austriacos esperan un nuevo orden económico. Según las encuestas, si se pregunta a la gente cuáles son los indicadores de calidad de vida más relevantes, las respuestas son prácticamente idénticas en todo el mundo.

¿Qué queremos?
Se resume en 15 identificadores (sanidad, calidad del tiempo, confianza, cooperación, aprecio, democracia, solidaridad…) que hoy podemos medir para saber cuál es la aportación de las empresas a ese bien común deseado. Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad de la empresa, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados.

¿Y tendrán premio?
Sí, disfrutarán de ventajas legales: aranceles ventajosos, créditos baratos, tasas de impuestos reducidas, privilegios en compra pública y en concursos públicos…

Hoy los productos éticos y ecológicos son considerablemente más caros.
Cierto, pero con esos incentivos se abaratarán, mientras que los no éticos subirán de precio. El consumidor podrá identificar mediante un código de barras el balance del bien común a través de internet y del móvil, y el producto tendrá un distintivo de color, un semáforo, que informará del aporte de este producto al bien común.

¿Cree que algún parlamento aprobará sus propuestas?
Las estudia la UE, pero paralelamente estamos creando convenciones económicas democráticas que están redactando las reglas del juego, y el pueblo soberano las podrá convertir en vinculantes y legales.

¿Hay algún ejemplo?
Muro d’Alcoi, en Alicante, se ha declarado oficialmente municipio del bien común. Y hay municipios en Austria, Italia y Alemania que lo están fomentando porque hay empresas, científicos y organizaciones que se han pronunciado a favor de esta iniciativa. Viena se esta planteando dar prioridad en la compra pública a empresas que hagan el balance del bien común.

¿Qué otras medidas propone?
Que los excedentes financieros no se utilicen para bonificar a personas que no trabajan en la empresa, prohibir la adquisición hostil de otras empresas, la inversión en mercados financieros y la aportación a partidos políticos. En contrapartida, el impuesto sobre el beneficio empresarial se elimina.

¿Dónde revertirían esos excedentes?
En inversiones con plusvalía social y ecológica, devolución de créditos, depósitos en reservas limitadas, bonificación a los empleados de forma restringida y créditos sin intereses a empresas cooperadoras.

¿Qué más?
Cuanto más tengas, más difícil será adquirir más. Ha de haber un límite por arriba y por abajo a la desigualdad en los ingresos, la propiedad privada y el tamaño de las empresas.

¿Qué propone para las diferencias de ingresos y patrimonios?
Limitarlas, ingresos máximos de por ejemplo 20 veces el salario mínimo y propiedades que no excedan los diez millones de euros. Y el derecho de cesión y herencia de 500.000 euros por persona.

¿Y el empleo?
Las empresas serán más exitosas cuanto más contribuyan a reducir el paro, proponemos diversas medidas como un año sabático cada diez que reduciría un 10% el paro. Y un banco democrático con depósitos de ahorro garantizados, cuentas corrientes gratuitas, créditos de interés reducido y de riesgo con plusvalía social y ecológica.

¿Qué hacemos con los impuestos?
En Austria el 90% de la población no tiene ni la tercera parte de toda la propiedad privada, no vamos a poner ningún impuesto sobre ellos.

¿Que paguen los súper ricos?
La propiedad privada es cinco veces la deuda pública en toda la zona euro; si le aplicamos el 1% de impuestos, en diez años se reduciría a la mitad y a las grandes fortunas sólo les implicaría el 10% de su fortuna.

 

Calidad de vida
Calidad de vida Felber sentó las bases de La economía del bien común (Ed. Deusto) y se fueron sumando economistas y empresarios para profundizar en este nuevo modelo que pretende poner la economía al servicio del ciudadano y no del beneficio, con propuestas claras. Corregir, por ejemplo, las abismales desigualdades salariales: “En Alemania los altos ejecutivos ganan 5.000 veces más que el salario mínimo legal. Creo que es inconstitucional y debemos conseguir que lo prohíban por ley”. El egoísmo y la irresponsabilidad de la economía deben dar paso a la cooperación. Felber invita a personas, empresas y comunidades a sumarse a esta reconstrucción de la economía (www.economia-del-bien-comun.org).

Ima Sanchís
Publicado en: La Vanguardia

Leer más: Las 20 claves

 

1 comentario

  1. Lic. Alfonso Germán Arreola Responder

    Muy buenos comentarios
    Se requieren ideas para que los mineros, los campesinos, los obreros y los profesionístas nos organicemos y haya un verdadero mutualismo en la producción y el intercambio de bienes y servicios, así como un límite a las ganancias y más centros de salud, de reunión y de orientadores para emplear las energías naturales, producir menos basura y reciclar todos los materiales que no utilizamos, para reducir la contaminación y emplear las máquinas de manera racional en las labores peligrosas, insalubres y pesadas, reduciendo la jornada laboral para terminar con el desempleo y la violencia provocada por ignorancia y falta de trabajo.

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