Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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La belleza cotidiana de la vida



Diez cosas maravillosas (y gratuitas) que te estás perdiendo.

Hace tres años Josemaría Echevarría (Santander, 1975) tuvo una experiencia, en apariencia anodina, que le hizo cambiar su forma de ver la vida. Según ha explicado a El Confidencial, mientras caminaba un día cualquiera de vuelta a casa, una chica grito a sus espaldas: “¡Cuidado! No dispares ahora”. Echevarría –o Echeve, nombre con el que firma sus trabajos–, se percató entonces de que había interrumpido a unos niños que estaba jugando al “balontiro” y se dio cuenta de que una chica de 30 años, la que se había percatado de su presencia en medio del campo de batalla, estaba jugando con los niños y como los niños. “Entonces sentí envidia”, cuenta Echeve, “y me di cuenta de la cantidad de cosas maravillosas que nos estamos perdiendo”.

Fue entonces cuando decidió hacer una lista con las cosas que podemos hacer gratis, en cualquier momento, para alegrar nuestra existencia, y que dieron lugar al libro que acaba de presentar, Plan B. 25 actividades gratuitas para tiempos de crisis (Peripecia Editorial).

La intención de Echeve al escribir este libro es hacer ver a la gente que las cosas más valiosas de la vida son gratuitas: “En los tiempos que corren la acción siempre vence a las actividades contemplativas, y no es que no tenga belleza, pero creo que debemos volver a resaltar el valor de lo inútil”.

Aquellas actividades que pueden resultar banales pero que nos permiten disfrutar de lo cotidiano, encontrando aventuras cada día. Echeve ha compartido con nosotros diez de las actividades que propone.

1. Sentarse en un banco

Echeve reconoce que esta es su actividad favorita del libro, la que más practica, y la que más beneficios le reporta: “Utilizo mucho los bancos del mobiliario público urbano. Son muy buenos consejeros. Me ayudan a tomar decisiones o pasar una mala racha. Me he ahorrado mucho en psicólogos gracias a ellos. Me dan siempre un momento de paz para ver la vida de otra forma”

2. Confeccionar vestidos de papel

El escritor propone jugar a hacer vestidos de papel, “con periódicos atrasados, hojas de la guía de teléfonos o apuntes viejos”, e improvisar en el salón de casa una pasarela doméstica. Si llueve reconoce que es mejor no salir a la calle, pero anima a la gente a hacerlo en un día soleado y ver qué cara pone la gente.

3. Mirar escaparates

“He conocido gente interesante, artistas y poetas, que lo hacían bastante y yo lo hago también”, cuenta Echeve. “Es importante hacer esta actividad sin ánimo de comprar nada, solo para recrearse”. En el libro se explica lo que podemos aprender mirando escaparates: “Se trata de anular el deseo de comprar, aunque suene represivo. Comprenderás con el tiempo que, en realidad, supone una liberación. Cuando te desprendas del ansia de poseer, podrás disfrutar de todo lo que te rodea. Admirarás la belleza de cualquier objeto sin necesidad de convertirte en su propietario”.

4. Aprender a esperar

“Esta es la actividad del libro más complicada de realizar”, reconoce Echeve, “pero aprender el valor de una espera puede ser esencial para mejorar nuestro día a día”. En el libro deja una frase para la reflexión: “Todo lo urgente resulta, al cabo de los días, muy ridículo y pequeño”.

5. Sacar fotos sin máquina

Echeve cree que esta actividad la hacemos todos los días, pero sin pararnos a pensar cómo son las imágenes que captamos. “Se trata de una manera original de contemplar la vida”, explica, “de aprender a mirar”. Al fin y al cabo, “todas las fotos las llevamos dentro”.

6. Pensar qué harías si te tocara la lotería

“Incluso los que nunca jugamos lo hemos pensado alguna vez”, cuenta Echeve, “pero al final se convierte en una pesadilla de conciencia”. ¿Qué haríamos con tanto dinero? ¿De quién podríamos fiarnos? Al rato el agobio moral, cuenta el escritor, precede a una incomparable tranquilidad de conciencia: “Comprender que tal golpe de suerte, verdadero caramelo envenenado, no te alcanzará jamás. Entonces te vuelves a sentir el hombre más afortunado del mundo”.

7. Seguir a un desconocido

“Me encanta”, reconoce Echeve, “y lo hago bastante, pero soy corpulento, camino muy despacio, y todas las presas se me escapan”. Tal como cuenta en el libro, “seguir a un desconocido comporta el placer furtivo de entrar en las vidas ajenas sin pedir persona. Como admirar un cuadro o leer un poema. Quizá sea otra forma de arte”.

8. Arrancar carteles

“Lo he hecho con diversas intenciones, pero en el libro lo propongo con finalidad estética”, cuenta Echeve. “Me estaba costando escribir este capítulo del libro, así que salí a la calle a arrancar carteles y conté la experiencia”. En el libro explica cómo la gente le miraba raro, incluso le reprendía, por arrancar trozos de carteles sin ton ni son. “No soporto tantísimos mensajes”, reconoce.

9. Hacerse el dormido

¿Quién no ha hecho esto alguna vez? “Me gusta disimular y que la vida continúe mientras los demás piensan que estoy dormido”, cuenta Echeve. “Te permite escuchar las cosas desde fuera”. Y hay técnicas: “Si en algún momento se refieren a ti, permanece quieto y sin cambiar de postura”.

10. Merodear por los hospitales

Echeve cuenta en el libro que en los hospitales “no se puede hacer el tonto”, y cree que solo por eso deberíamos ir más a menudo, porque además, “detrás del silencio y los susurros pasan cosas maravillosas”.

“No parece una cosa placentera”, reconoce el escritor. “No es que me guste estar en los hospitales, pero son sitios donde se puede aprender muchísimo y donde se puede encontrar la belleza cotidiana de la vida. De eso, en el fondo, es de lo que va el libro”

Fuente: ElConfidencial

1 comentario

  1. Jesús Responder

    Quiero pensar an positivo

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