Jueves 29 de Septiembre del 2016
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La Eurocopa 2012 ha servido en Polonia para acabar con los complejos nacionales


La Eurocopa 2012, experiencia multicultural.
Las ciudades anfitrionas y las localidades que albergan a los futbolistas sorprenden por su preparación tanto a aficionados como a jugadores. Las banderas de varios países y naciones se mezclan entre sí en las paredes de las instituciones y en los balcones de las casas. Polonia se ha convertido en una auténtica torre de Babel.

Como es evidente, Varsovia es la primera ciudad en términos de número de visitantes, pero las pequeñas localidades también han disfrutado de esta mezcla de culturas. Legionowo, por ejemplo, se ha rebautizado como “la pequeña Grecia”. El edificio del Centro de Gestión de Crisis se ha decorado con una pancarta en inglés y en griego en la que se lee: “Legionowo os da la bienvenida”. No es casualidad: se encuentra junto a la carretera por donde pasa el autocar que lleva a los jugadores griegos a su lugar de entrenamiento en Jachranki. Los habitantes saben perfectamente en qué momento pasa el autocar y se detienen para saludarles.

Se han organizado eventos para popularizar la cultura y la cocina griegas. Hacía ya meses que la localidad se preparaba para la Eurocopa. Legionowo se encuentra a algo menos de media hora de Varsovia, lo que hizo que muchos equipos codiciaran este centro deportivo. Los griegos ganaron porque… fueron los primeros. Y las autoridades se plantearon desde hacía meses cómo hacer que los griegos guardaran un buen recuerdo de su estancia. Cambiaron la valla que rodeaba el estadio que se había puesto a disposición de los futbolistas. También renovaron el vestuario, el terreno de fútbol e incluso la carretera cercana.

Un anfitrión ejemplar
Y eso no es todo: decidieron conceder coronas de laurel a los vencedores de la carrera anual de los 10 kilómetros de Legionowo, para hacer un guiño a los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua. Algunos incluso comenzaron a aprender griego. “Kalimera” (buenos días), nos dice un viandante con una sonrisa. Y los habitantes de la localidad bromean: “Puede que ahora las aceitunas se conviertan en nuestro entrante preferido”.

Podemos ver banderas griegas e inscripciones en lengua helénica. La ciudad se ha engalanado ante la llegada de los griegos, aunque no hay muchos seguidores del equipo del Peloponeso. Por ello nos dirigimos a la zona habilitada para los seguidores en Varsovia, para integrarnos con ellos, como nos cuenta Andrzej Szeniawski, que vive en Legionowo.

La primera vez que accedió a la zona de seguidores en Varsovia con su hija pequeña, fue todo un choque cultural.

“Vi a asiáticos vestidos de blanco y rojo [los colores de Polonia] vendiendo diferentes artículos: bufandas, bañadores, gorras. Unos turcos, también vestidos como seguidores de Polonia, se acercaron a ellos y se hicieron fotos juntos”, comenta.

Se sorprendió al ver a los seguidores checos con bufandas en las que se leía la inscripción “Polska”. “Entonces fue cuando comprendí que durante la Eurocopa en Polonia, todos los visitantes se sentían polacos y nos apoyaban durante los partidos de nuestro equipo. Por ello decidí ir al partido de Polonia y Rusia con una bandera rusa, para apoyar a los rusos”, prosigue.

Szeniawski se dio cuenta entonces de algo que quiere compartir: nuestro patriotismo ya no está “reservado” a una sola categoría social.

Agitar banderas sigue de moda
“Hasta ahora, el patriotismo polaco se percibía de una sola forma: cuando se veía a alguien con una bandera en la calle, se suponía rápidamente que era del PiS [Derecho y Justicia, el partido conservador de la oposición]”, explica. “Cuando participé en la marcha del 11 de noviembre, el día de la independencia, [dominada por los movimientos nacionalistas], oí cómo gritaban los ultras: ‘¡El patriotismo tiene que hacer daño!’. La Eurocopa demuestra que el patriotismo también puede darnos alegrías y que llevar una bandera ya no es algo pasado de moda”.

Opalenica, una localidad de 10.000 habitantes entre Posnania y Nowy Tomyśl también ha sido objeto de todas las miradas. Ha sido la elegida por el equipo de Portugal y su jugador estrella, Cristiano Ronaldo. E incluso si aquí tampoco acuden de forma masiva los seguidores del equipo acogido, se nota un ambiente distinto al habitual y bastante animación.

Los habitantes de la localidad colocan por propia iniciativa banderas portuguesas junto a las polacas. Y en cualquier rincón al que se mire, se reciben mensajes de bienvenida.

Los estereotipos desaparecen
“Gdansk se vuelve rojo español”, “Los irlandeses pintan Posnania de verde”: eran los comentarios que se leían en las redes sociales. Y tras los encuentros deportivos, la fiesta seguía en las discotecas y los pubs hasta el amanecer. ¿Que han podido percibir los turistas extranjeros en Polonia? Medios de transporte rápidos y cómodos, carteles que indicaban los nombres de las calles y las paradas de autobuses claros y comprensibles, una comida deliciosa y chicas guapas. ¿Qué hemos aprendido nosotros de los turistas extranjeros? Según ellos, hablamos bien inglés, sabemos divertirnos y somos buenos hinchas del fútbol, aunque aún tengamos que mejorar mucho en cuanto a los cánticos. En este sentido, los irlandeses, de los que nos hemos enamorado, podrían darnos una buena lección.

Nos gustan por su clase y su capacidad de aceptar la derrota, su orgullo y su alegría y porque no dudaron en dejarse una buena cantidad de dinero en nuestros pubs y restaurantes. Pero también porque nos prometieron que un día volverían y que hablarán muy bien de nuestro país. Sin duda es la mejor publicidad que podríamos tener.

Aunque nuestro equipo nacional no haya tenido un camino glorioso durante esta Eurocopa, podemos decir sin exagerar que este campeonato ha transformado a Polonia y a los polacos.

Y además del hecho de que haya mejorado la imagen de Polonia, también pienso en el beneficio económico que hemos podido obtener o incluso en el impulso de la modernización de nuestra economía y de nuestras infraestructuras. Sobre todo, creo que la Eurocopa 2012 ha servido para acabar con los complejos nacionales y que hemos puesto fin a los estereotipos. Hemos podido sentir que somos una nación no sólo acogedora y alegre, organizada y homogénea en su apoyo al equipo de fútbol, sino también abierta a este multiculturalismo de colores que se ha instalado en nuestro país y que ha marcado nuestro día a día en las últimas semanas.

Anita Czupryn
Fuente: Polska The Times, Varsovia-Presseurop

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