Lunes 26 de Septiembre del 2016
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El optimismo es creer que te ocurrirán buenas cosas


Optimistas y pesimistas.
La definición de un optimista: “Alguien, como yo, que planea hacer más cosas de lo que el tiempo permite”. O, “habiendo fracasado para alcanzar lo imposible, alguien, como yo, que está seguro que todo se arreglará de cualquier manera”.

Una definición más clásica de la Clínica Mayo: “El optimismo es creer que te ocurrirán buenas cosas y que los sucesos negativos son obstáculos temporales que deben superarse”.

En un estudio, los adultos que resultaron ser pesimistas según las pruebas psicológicas, presentaban mayores índices de muerte a lo largo de un periodo de 30 años que aquellos cuyos resultados arrojaban optimismo. Sin duda, los optimistas son más saludables porque están más inclinados a cuidarse bien a sí mismos.

A diferencia de Cándido de Voltaire, aún conservo mi optimismo, aunque claramente hay fuerzas en este país y el mundo que podrían someter incluso al optimista más fervoroso.

Después de todo, soy un realista, y sí me preocupo por cosas con respecto a las cuales pudiera ser capaz de hacer un poco o nada de manera directa: injusticia económica; guerras y el fracaso repetido para aprender de la historia; nuestra sociedad enloquecida por las armas; apoyarse de manera excesiva en pruebas para impulsar el logro académico: y esfuerzos por despojar a las mujeres de sus derechos reproductivos.

Sin embargo, he descubierto que la vida es mucho más agradable cuando uno le ve el lado amable, cuando ve el vaso medio lleno y supone que, con el tiempo, la razón prevalecerá.

No sólo es sobre ser positivo
La Ley de Murphy -“Cualquier cosa que puede salir mal saldrá mal”- es la antítesis del optimismo. En un libro titulado “Rompiendo la Ley de Murphy”, Suzanne C. Segerstrom, catedrática de psicología en la Universidad de Kentucky, explicó que el optimismo no se trata tanto de ser positivo como de estar motivado y ser persistente.

Segerstrom y otros investigadores han encontrado que en vez de renunciar y alejarse de situaciones difíciles, los optimistas acometen los problemas de frente.

Planean un curso de acción, obteniendo consejos de otros y manteniéndose concentrados en las soluciones. Cada vez que mi marido, pesimista de hueso colorado, decía, “No se puede hacer”, yo solía buscar un enfoque diferente e intentarlo con mayor fuerza, aunque ocasionalmente tuve que reconocer que él estaba en lo correcto.

Segerstrom escribió que cuando estaban ante factores de tensión que eran incontrolables, los optimistas tienden a reaccionar formando “recursos existenciales”; por ejemplo, viendo algo bueno derivado de la situación o usar el suceso para crecer personalmente y de manera positiva.

Yo tenía 16 años cuando mi madre murió de cáncer. En vez de ahondar en el terrible vacío que su muerte dejó en mi vida, logré adquirir valor de la experiencia. Aprendí a aplicar más constructivamente la frugalidad que ella vivió durante toda su vida, viviendo cada día como si pudiera ser mi último día, pero con un enfoque sobre el futuro en caso de que no fuera así.

Sí, ahorré, pero también opté por no postergar para algún nebuloso futuro las cosas que deseaba y podía hacer, si lo intentaba con fuerza. Además, adopté un enfoque sumamente recto hacia la vida, en la creencia de que si yo quería algo con suficiente fuerza, probablemente podría superar las probabilidades en mi contra.

Cuando, a los 24 años, solicité un empleo como escritora de ciencia en The New York Times, un entrevistador me dijo que era una insensata si pensaba que podría ser contratada después de apenas dos años de experiencia periodística.

“Si no creyera que puedo hacer el trabajo, no estaría aquí”, le dije.
Resultó que era justamente lo que él deseaba oír, y fui contratada. Debido a que lo más me gustaba era la investigación y escribir artículos que podían ayudarle a la gente a entender mejor temas de ciencia y medicina, me mantuve concentrada en mis objetivos y rechacé oportunidades para ascender en la organización al convertirme en editora.

Optimismo aprendido
Hay investigaciones que indican que una propensión al optimismo recibe una fuerte influencia de los genes, con mayor probabilidad los que rigen a neurotransmisores en el cerebro.
De cualquier forma, la manera en que es criada la persona también desempeña indudablemente una parte.

Los padres de familia que refuerzan la autoestima del niño evitando las críticas y elogiando los logros, sin consideración a que sean escasos, pueden motivar en ellos una actitud de ‘sí se puede’ a lo largo de sus vidas.

Con la guía correcta, muchos de los atributos del optimismo también pueden ser aprendidos por adultos, han descubierto Segerstrom y otros investigadores.

Notando que es más fácil modificar conducta que emociones, ella desdeña el dicho popular “No te preocupes, sé feliz”. Más bien, aprueba una forma de terapia cognitiva conductual: Primero actúa y después seguirán los sentimientos correctos. En sus propias palabras en el libro: “Fíngelo hasta que lo logres”.

Además, escribió: “La gente puede aprender a ser más optimista actuando como si fuera más optimista”, lo cual significa “estar más concentrado y ser más persistente en la búsqueda de objetivos”.

Si usted se comporta con mayor optimismo, existen probabilidades de que lo siga intentando en vez de renunciar tras un fracaso en las primeras etapas. “Quizá usted tenga éxito mayor al que preveía”, escribió. Incluso si el esfuerzo adicional no tiene éxito, puede servir como una positiva experiencia de aprendizaje, sugiriendo una forma diferente de abordar un problema similar la próxima vez.

Enmarcando sus pensamientos
Es importante que no se olvide el poder del pensamiento positivo. Tanto Segerstrom como los investigadores de la Clínica Mayo recomendaron que se tomaran unos minutos al final de cada día para escribir tres cosas positivas que ocurrieron ese día, terminando el día con una nota animada.

Los investigadores de la Mayo ofrecieron las siguientes sugerencias adicionales:
Evite hablar negativamente de usted mismo. En vez de centrarse en perspectivas de fracaso, ahonde en los aspectos positivos de una situación.

En la universidad, yo solía abordar cada examen, incluso para los que apenas había estudiado, con el pensamiento de que me iba a ir bien. Una y otra vez, esto terminó siendo una profecía que se cumplió sola.

Sin consideración a la naturaleza de su trabajo, identifique algún aspecto de éste que sea satisfactorio en lo personal. Si su trabajo es tallando pisos, dé un paso atrás y admire cuán brillantes y limpios se ven.

Rodéese de personas positivas y animadas. Pero, sea consciente de que si usted es crónicamente negativo y siempre ve solo el lado oscuro de las cosas, con el tiempo los optimistas en su vida pudieran renunciar a usted.

Concéntrese en situaciones que usted pueda controlar, y olvide las que no puede. Además, sugeriría que use su poder de voto, dinero o habilidades de comunicación para lograr el progreso de un objetivo que está más allá de su control personal.

Jane E. Brody
Fuente: Los Andes – The New York TImes News Service

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