Martes 27 de Septiembre del 2016
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Los expertos creen en un futuro mejor que se apoye en la lucha contra la ignorancia


Optimismo basado en el saber.


Los galardonados con los Premios Fronteras del Conocimiento: (sentados, de izquierda a derecha) Daniel Janzen, Didier Queloz, Michel Mayor, Salvatore Sciarrino, Isaac Held y Alexander Varshavsky; (de pie, de izquierda a derecha) Ciro de Quadros, Angus Diton y Carver Mead.

Nueve expertos de renombre internacional se reúnen para una celebración: la entrega de los Premios Fronteras del Conocimiento 2011, convocados por la Fundación BBVA, que exigentes jurados les han otorgado. Aprovechan para hablar de los temas que les interesan y preocupan, más allá del área en que cada uno trabaja. La mayor parte son científicos y rechazan, en general, los mitos que acompañan su profesión, como que hay ciencia “inútil” o que queda poco por descubrir. Aunque tienen opiniones distintas sobre el futuro, coinciden en que no se puede predecir lo que pasará, algo que muchas veces no se quiere reconocer.

En su mayoría, los premiados coinciden también en apostar, a medio y largo plazo y a pesar de la crisis actual, por el optimismo basado en el conocimiento, como el que ellos reúnen en las áreas de ciencias básicas, biomedicina, informática, ecología, economía, cambio climático, cooperación al desarrollo y música contemporánea.

Los premiados tienen, en su mayoría, tras de sí una ya larga vida durante la que han hecho descubrimientos que han cambiado áreas enteras de la ciencia y la tecnología, y se han enfrentado muchas veces a la incomprensión y la desconfianza. Algunos de ellos fueron (y esperan seguir siéndolo) inconformistas declarados que abandonaron los laboratorios asépticos para intentar salvar selvas o para extender las vacunas en los países pobres. Hay quien dice estar viviendo una experiencia surrealista, porque nunca pensó en obtener un galardón así. Pero todos creen que la financiación de las actividades relacionadas con el conocimiento es algo imprescindible para que la sociedad siga avanzando sobre la base de la ciencia y la tecnología.

Como personas claramente inteligentes cuyo escenario de trabajo es el mundo, por el que suelen viajar constantemente, los galardonados disponen de perspectivas variadas y bastante completas para analizar con base lo que pasa en el mundo.

Es imprescindible la financiación de las actividades del conocimiento
Los astrónomos suizos Michel Mayor (1942) y Didier Queloz (1966), maestro y discípulo, son los causantes de nada menos que un cambio de paradigma, al descubrir en 1995 el primer planeta extrasolar. En su opinión, “ahora el desafío realmente importante es esclarecer si la vida es un fenómeno común en el universo”. Alexander Varshavsky (1946) es un biólogo ruso que cruzó el telón de acero, en 1977, para desarrollar su carrera científica en Estados Unidos, de la mano, nada menos, que Francis Crick, codescubridor de la doble hélice del ADN. Descubrió complejos mecanismos para la degradación de las proteínas. Todavía es un área muy activa.

El estadounidense Daniel H. Janzen (1939) empezó estudiando orugas a los 10 años pero luego decidió que si no hacía algo, no habría nada que estudiar en el futuro, así que se centró en cómo conservar o restaurar ecosistemas, en Costa Rica sobre todo.

El ingeniero Carver Mead (1934), también estadounidense, ha hecho tantas cosas importantes en electrónica e informática que son difíciles de resumir. Su amigo Gordon Moore, el de la ley de Moore, le preguntó cuál era el límite que imponía la física a la miniaturización de los microprocesadores y así empezó todo. Sin embargo, es fundamentalmente un pensador, como demostró durante este diálogo.

“La belleza de la ciencia está en que es impredecible”, dice Varshavsky
El matemático británico Angus Deaton (1945) vive asimismo en Estados Unidos, pero es quizás el mejor conocedor de la economía de áreas rurales en India, donde acudió, en primer lugar, por ser un país cálido, tan distinto de su Escocia natal. Reconoce que no era feliz de niño y que su madre no quería que estudiara. Ahora ha incluido en sus análisis económicos el factor felicidad. “Trato de buscar el significado a las respuestas sobre la felicidad y cómo deberían trasladarse a las políticas públicas”, dice.

El músico italiano Salvatore Sciarrino (1947) es “el artista” entre los premiados, pero seguramente no el único, ya que son numerosos los científicos que creen que la investigación que hacen tiene mucho de arte, al buscar la belleza oculta en la naturaleza. Según dice el jurado de Sciarrino, “en el corazón de sus creaciones se encuentra su modo de combinar síntesis extrema con riqueza de detalles”.

Isaac Held (1948), nacido en un campo de refugiados en Alemania y emigrado a los cuatro años a Estados Unidos, viró conscientemente al estudio del cambio climático desde su especialidad original de física teórica, porque quería responder a lo que veía como una demanda creciente de la sociedad. Ahora está sopesando salir de su círculo científico para tener un papel más activo, como consejero sobre la mejor forma de que los países encaren este reto global.

El médico brasileño Ciro de Quadros (1940), el vacunador, como se llama a sí mismo, se dio cuenta muy pronto de que la mayoría de las enfermedades tienen un fondo social y están relacionadas con la pobreza, por lo que decidió orientarse a la especialidad de salud pública.

Didier Queloz: “Los descubrimientos reales tardan mucho en tener impacto”
Este es un resumen de la larga conversación a nueve bandas que tuvo lugar el pasado jueves en Madrid, moderada por la presentadora británica Juliette Foster. Cómo saber si lo que se investiga llegará a buen puerto o no, si tendrá relevancia en el futuro y se rentabilizará la inversión realizada fue uno de los primeros temas planteados.

Varshavsky. La belleza de la ciencia está en que es totalmente impredecible. Solo en el futuro se sabrá qué área es más importante, alguien que vive en el presente no lo puede saber.

Mayor. La curiosidad es esencial para la humanidad, los filósofos griegos ya lo discutían. Si suprimiéramos la curiosidad viviríamos en un mundo muy aburrido.

Held. En cambio climático existe presión para generar respuestas rápidamente y justificar la investigación básica es difícil, pero la realidad es que hace falta tiempo para construir los cimientos de estas respuestas.

“Hay que tener visión de lo que parece imposible”, explica De Quadros
Mead. Lo que no vemos como fundamental ahora lo será dentro de 20 años pero no sabemos qué de todo. No podemos elegir ahora sino guiarnos por nuestro olfato.

Deaton. A mí no me preocupa tanto la financiación como la atmósfera de ignorancia agresiva, de antiintelectualismo, sobre todo en Estados Unidos, fuerzas que atacan el mismo núcleo de la empresa intelectual occidental. Eso sí me da miedo.

Janzen. Es verdad, esas fuerzas agresivas no tienen sentido, si se tiene en cuenta que el dinero que se gasta en ciencia es despreciable si se compara con lo que la sociedad se gasta en el puro lujo. Y hace 30 o 50 años lo que ahora la sociedad considera esencial se veía como investigaciones de lujo, sin utilidad.

De Quadros. Somos pasajeros en una nave espacial y tenemos que saber dónde vamos, los peligros y las oportunidades que nos esperan. Para hacerlo bien hay que tener esa visión de lo que parece imposible conseguir, y solo así podemos investigar para hacerlo realidad. En cuanto a las consecuencias de la crisis actual, soy optimista. Si miro más allá del corto plazo, creo los que tengan que tomar decisiones lo harán bien, aunque haya periodos en que los políticos no sean los deseables.

Deaton. Los políticos y la sociedad en general miran más hacia el futuro de lo que se cree. En 200 años ha aumentado espectacularmente la esperanza de vida en los países desarrollados, hay cada vez más Gobiernos democráticos o semidemocráticos, los niveles de vida también han mejorado mucho. Y esto se debe a la extensión del conocimiento básico, al deseo de enfrentarse a la ignorancia, que surge de que la gente comprende la importancia de estas cosas.

“La información en Internet suele ser de muy baja calidad”, señala Isaac Held
Tenemos ahora mismo una horrible crisis financiera, pero es a corto plazo y comparada con los temas básicos de los que estamos hablando, soy optimista a largo plazo. Pero es necesario que los científicos expliquen a la gente la relación entre lo que hacen y los beneficios que se generan después.

Sciarrino. En música, como en otras artes, el enfoque es más individual. La música es lujo, dicen, pero cuando hay una crisis surge la posibilidad de seleccionar, porque algunas veces tenemos demasiadas posibilidades.

Mead. Entre las tecnologías actuales están las ya universales que crean la ilusión de realidad (efectos especiales, realidad virtual y demás) y las nuevas generaciones empiezan a no saber distinguir lo que es real de lo que es una ilusión. Las actitudes contra la ciencia proceden a veces de la resistencia a los límites que la física impone. Eso no es malo en sí mismo, la inquietud lleva a inventar, pero hay que comprender que hay leyes físicas, que son el mundo real.

Carver Mead: “La educación debe servir para poder analizar problemas”
Queloz. Los descubrimientos reales, como los nuestros de planetas extrasolares, tardan mucho en tener impacto en las percepciones de la sociedad, igual que sucedió con la situación de la Tierra respecto al Sol. Tiene razón Mead, pero de todas formas el sentido práctico está muy difundido en nuestra sociedad.

Varshavsky. Estoy totalmente de acuerdo en el optimismo a largo plazo respecto a la ciencia. Hace 500 años la situación era que los matemáticos eran considerados brujos. La distancia recorrida es enorme. Ya no tenemos miedo de hacer matemáticas o biología.

De Quadros. La aplicación del conocimiento es básico, por ejemplo el impacto de las tecnologías de la información sobre la salud es enorme. Todo el mundo tiene que ser optimista. Yo digo siempre que este es tiempo adecuado para vivir. En salud global es una era dorada.

La educación
La importancia de la educación, la tradicional y la autónoma, y de la tecnología surge constantemente en la conversación.

Deaton. La fracción de la población que va al colegio está en constante aumento. La educación es un recurso enorme, es la fuente de nuevas ideas y formas de resolver los problemas que tenemos planteados. Y no olvidemos cómo han bajado las tasas de mortalidad por cáncer. Tengo mucha esperanza en la continuidad del progreso.

Mead. En mi campo, los chips, la tecnología que tenemos ahora se ha desarrollado a lo largo de 50 o 60 años y lo que la gente ve ahora son aplicaciones fáciles de esa tecnología, pero en realidad no son nuevas tecnologías.

Janzen. El código de barras genético es una herramienta que cambiará la relación de cada persona con los seres vivos. Ya la estamos usando en Costa Rica. En cinco años todos llevaremos en el bolsillo un aparatito muy pequeño con el que podremos saber en pocos minutos, transmitiendo los datos, lo que comemos, cuál es la planta que hemos visto, lo que ha enfermado a nuestro perro. El mundo vivo se nos abre.

Mead. La educación debe servir para que podamos resolver problemas, analizar cosas, el profesor no debería ser nunca una grabadora que nos pone la lección, sino un entrenador. Yo jamás he trabajado profesionalmente en lo que aprendí en algún curso. El sistema educativo actual ha matado esa potencialidad.

Held. Se está convirtiendo en muy importante desarrollar la habilidad para discernir la calidad de la información que hay en Internet. Normalmente es de muy baja calidad y poder distinguirlo es importante para la autoeducación.

Ciencia, curiosidad y espíritu crítico
Resulta aleccionador que los expertos más renombrados, como los galardonados con los Premios Fronteras del Conocimiento, sean los más humildes. Están dispuestos a reconocer que han tenido falta de confianza en sí mismos, que deben mucho a la suerte y también a la influencia de sus maestros. La curiosidad y el espíritu crítico marcan su historia profesional.
“Durante muchos años creía que era tonto”, dice el economista Angus Deaton, “porque no podía comprender cosas que parecía que todo el mundo comprendía bien. La mayoría de las veces era verdad que era estúpido, pero en unos pocos casos resultó que nadie lo entendía, pero creían que sí y la mayor parte de lo que he hecho es desentrañar temas que se pensaba que estaban resueltos”.
El ingeniero Carver Mead coincide con Deaton. “Tenía poca confianza en mí mismo. Mis colegas decían cosas como si las entendieran y yo no, y tenía que intentar resolverlo. Lo hice. Entre el 10% y el 20% de las veces lo que decían eran estupideces y de mi trabajo emergía una nueva verdad; yo desarrollaba un poco más de confianza en mí mismo. En cualquier área científica lo que se afirma que se sabe está muy exagerado”.
Daniel Janzen, biólogo, estaba interesado desde pequeño en los seres vivos. Los estudiaba y criaba. Asegura: “Me están pagando ahora como catedrático para hacer lo que ya hacía a los 10 años”.
El climatólogo Isaac Held también reconoce la falta de seguridad. “Yo lo que quería era formar parte de algo más grande, ser parte de una comunidad y contribuir a algo que perdure. Y la verdad es que en mi campo original de la física sentí que había demasiados egos”.

El astrónomo Didier Queloz insiste en la curiosidad extrema infantil como factor que lleva a la ciencia, pero su desarrollo se debe, sobre todo, a la suerte: “Nunca decidí que iba a crear una nueva área científica”.
La vida de cada uno es una sucesión de accidentes, asegura el biólogo Alexander Varshavsky. “A mí me gustaba toda la ciencia a los 15 años, pero el mundo real te obliga a elegir. Sin embargo, estoy interesado en muchas más cosas fascinantes de las que he elegido”.
La búsqueda de la belleza es otro de los factores que empujan a los estudiosos. El astrónomo Michel Mayor resalta: “Me parece muy triste que a la gente no se le permita ver la belleza de la ciencia, de comprender la naturaleza. A veces es difícil de mostrar, por ejemplo, en cosmología, pero existe una enorme belleza en la ciencia”.

Malen Ruiz de Elvira
Foto: Samuel Sánchez 
Publicado en: El País

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