Sábado 01 de Octubre del 2016
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Para los que no soportan el pensamiento positivo


Una opinión diferente sobre la búsqueda de la felicidad.
En En Positivo, nos parece interesante el nuevo libro de Oliver Burkeman porque aporta una vía distinta de reflexión sobre el pensamiento positivo.
La creencia de que la verdadera felicidad no se logra con “pensamiento positivo” u optimismo incansable, sino al aprender a hacerse amigo del fracaso, inseguridad, pesimismo e incluso la muerte, y que el tratar tan fuertemente de ser positivos nos puede estar haciendo infelices.
Esta es la idea de Oliver Burkeman, autor de ‘The Antidote: Happiness for People Who Can’t Stand Positive Thinking‘  ( El antídoto: la felicidad para las personas que no pueden soportar el pensamiento positivo), es el resultado de un viaje de estudio y reflexión sobre la búsqueda -¿obsesiva?- de felicidad en el mundo contemporáneo. Para polemizar…

Basta de tanto optimismo, según Oliver Burkeman.
Existen muchas razones, propias y ajenas a cada individuo, para no ser feliz. Y esto no tiene que ser un problema. De hecho, una actitud serena en lo posible, realista, frente a los vasos medio vacíos, no medio llenos, puede convertirse en un recurso valioso para conseguir la felicidad real. Esta es la idea de Oliver Burkeman, autor de ‘The Antidote: Happiness for People Who Can’t Stand Positive Thinking‘ (Canongate, 2012), el resultado de un viaje de estudio y reflexión sobre la búsqueda -¿obsesiva?- de felicidad en el mundo contemporáneo. Una conversación con La Vanguardia sobre el antídoto para quienes no soportan las prescripciones edulcoradas del modelo ‘típico’ de autoayuda pero están preparados/as para abordar las cuestiones de la vida presente sin fórmulas mágicas ni cambios radicales en “solo 10 pasos”. Y en el proceso, redescubrir principios del pensamiento clásico occidental y oriental que equipan al ser humano con una buena caja de herramientas tanto en épocas de abundancia, como en las otras.

El sr Burkeman es periodista británico, radicado en Nueva York. Escribe regularmente para la revista Psychologies y para el Guardian, en una sección titulada ‘Esta columna le cambiará la vida‘. Lo suyo es explorar el ‘lado bueno’ de la negatividad, duda, fracaso e imperfección, indagar en la cultura de la productividad, deconstuir los discursos de los gurúes del éxito y también hacer experimentos como éste: ¿pagar solo en efectivo es una forma de ahorrar o simplemente de enfadar a dependientes de tiendas que no quieren contar billetes y dar cambio? A pesar de lo que puede sugerir su presentación y sus fotografías públicas que lo muestran como tomado por sorpresa, de indecisa sonrisa, el periodista tiene un muy buen sentido del humor, sale de su casa, viaja, no evade la socialización presencial ni virtual, comenta abiertamente en Twitter y Facebook, aunque la verdad no soporta la insistencia de LinkedIn para que se una a su red.

¿En qué consiste The Antidote?
El libro es un recuento de mis aventuras en lo que llamo el “camino negativo hacia la felicidad”, entre filósofos, psicólogos, maestros espirituales y otros que tienen muchas opiniones diversas, pero que comparten una cosa: la creencia de que la verdadera felicidad no se logra con “pensamiento positivo” u optimismo incansable, sino al aprender a hacerse amigo del fracaso, inseguridad, pesimismo e incluso la muerte, y que el tratar tan fuertemente de ser positivos nos puede estar haciendo infelices. ¡No es un libro de autoayuda pero espero que sea útil!

Ud. habla de su “viaje en el terreno de la psicología popular”, ¿qué representa este libro en ese viaje?
Me metí por primera vez en ese mundo para mi columna del Guardian […] Tuve un tiempo muy entretenido y revelador explorando las orillas más extrañas de la autoayuda, y probando yo mismo esos métodos. Lo que quería hacer para The Antidote era una visión tanto más amplia como estrecha: amplia en términos de ir más allá y adentrarme en la filosofía, la psicología académica y un todo un rango de disciplinas – conversé por ejemplo con un experto en terrorismo y con consultores de empresas; pero también quería enfocarme más puntualmente en una (ciertamente gran) pregunta: ¿y qué tal si todos nuestros esfuerzos para ser positivos todo el tiempo nos están haciendo desgraciados?

El título del libro implica que la felicidad es posible, o al menos alcanzable. ¿Lo es realmente, cuál es el factor Burkeman que diferencia su libro de otros que llevan títulos similares?
Buena pregunta. Depende, por supuesto, de lo que ud. quiera decir con felicidad, y parte de mi conclusión es que el optimismo inexorable es una pobre definición.

La felicidad que da cabida a las emociones negativas puede ser menos divertida pero, la mayor parte del tiempo, es más sostenible y auténtica. Y, pienso, alcanzable. Así que ¡podría decir que soy un optimista acerca de la posibilidad de conseguir mi versión de felicidad infundida de pesimismo!

¿Qué diferencia mi libro? En parte esa definición. También espero que el público esté de acuerdo en que enfrento un problema que usualmente no es enfrentado: el fenómeno mediante el cual demasiado esfuerzo para sentirse feliz parece generar el resultado opuesto. El problema con muchos libros sobre felicidad es que incluso si el contenido es sensato (y no es siempre el caso), autopresionarse para aplicar ese tipo de lecciones puede ser contraproductivo.

En este punto de su continua investigación, ¿cuáles son los cambios más relevantes que ha observado en las actitudes hacia el pensamiento positivo?
Pienso que el clima económico actual, combinado con inseguridad política y ambiental, están avivando un replanteamiento de la suposición bastante generalizada durante varias décadas de que todo “mejora más y más”. No es así. Para algunas personas, esto es una razón de desespero, yo estoy más interesado en si es posible ser feliz en ese contexto, pero de una forma sincera, encarando el mundo real como es, no escondiéndose de él.

Hay algo muy estadounidense en el ‘culto al optimismo’, el movimiento contemporáneo de pensamiento positivo tiene sus raíces en el cambio de siglo (para formarme una idea, asistí a un seminario motivacional multitudinario en Texas mientras investigaba para el libro. El invitado central era George W. Bush, hablando sobre cómo ser exitoso. ¡Los lectores/as juzgarán al respecto!) La gente británica es, por el contrario, un poco mejor para aceptar el fracaso, que es uno de los temas sobre los cuales escribo. A nosotros nos encanta recordar célebremente a nuestros exploradores que nunca llegaron al Polo Sur, los grandes proyectos nacionales que acaban siendo fiascos. Me pregunto qué pasará con los Olímpicos…

¿Es posible extrapolar sus hallazgos en el mundo anglosajón a otros grupos geográficos y culturales?
Mi estudio fue hecho primordialmente en el Reino Unido y América del Norte, visité México (en donde las actitudes hacia la muerte en el Día de los Muertos son fascinantes) y Kenia. Pero como se ha escrito antes, Europa continental tiene una buena trayectoria de aceptar el fracaso y de aprender a vivir en medio de la falta de certezas […] En el libro también exploro varias tradiciones orientales […] En la medida en que estas filosofías todavía influyen en las culturas orientales actuales, puede ser el caso de que éstas acepten más fácilmente algunas ideas sobre ‘abrazar’ lo negativo.

Mucha gente en Europa no está particularmente feliz estos días. ¿Que se debería tener en cuenta en términos de optimismo nacional?
Es muy difícil aconsejar a la gente que está pasando por circunstancias extraordinarias y soy cauteloso pero, por ejemplo, tomemos en cuenta los antiguos estoicos griegos y romanos, prominentes en mi libro. Pienso que ellos sugerirían la técnica que llamaban “la premeditación de los males”: cuando se tiene por delante inseguridad y ansiedad, es a menudo tremendamente útil no focalizarse en el mejor escenario (línea del pensamiento positivo) sino más bien en el peor escenario. Este ejercicio le permite a usted poner ciertos límites a lo que, de otra forma, se convierte en una angustia sin fin.

¿Qué tan mal pueden ir las cosas, realmente? La respuesta puede ser “muy mal”, pero no será “infinitamente mal”. Con esa comprensión, nos podemos mover hacia adelante, así sea tentativa y nerviosamente, y progresar algo para evitar el peor de los casos.

¿A cuáles autores acude?
Soy un fan de algunos escritores budistas estadounidenses que expresan la verdades del budismo de forma accesible, como Pema Chödrön o Charlotte Joko Beck. Y aunque he escrito muchas columnas burlándome de los libros de autoayuda, hay unos pocos que son valiosos realmente, como ‘The Road Less Traveled’ de M Scott Peck, que abre con una frase que a los estoicos les encantaría: “La vida es difícil”.

Finalmente, ¿qué hace cuando usted se siente realmente desdichado y ninguno de los métodos que ha investigado y ensayado le funciona?

Tengo dos respuestas.

La primera es que lo que he aprendido, por encima de todo, es a desconfiar de mi instinto de ‘zafarme’ de la infelicidad en cuanto aparece. Esto a menudo la hace peor. Así que parar y respirar y ‘estar al lado’ de ésta es más poderoso que cualquier herramienta de felicidad. Es una habilidad que puede ser desarrollada mediante la meditación consciente, aunque no éste el único medio.

La segunda es menos abstracta: me voy a nadar. No tiene que ser esto, pero sabemos que el ejercicio físico tiene un efecto poderoso. Cuando no puedo dar con una solución cognitiva a un problema, la mejor forma de abordarlo parece ser abandonar temporalmente mi vida cognitiva y concentrarme en la física. Me resulta muy difícil ser verdaderamente infeliz mientras estoy nadando.

Lina María Aguirre
Publicado en: Blogs-La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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